Un quintero de Coronda identificado como José Luis Bordón fue condenado a prisión perpetua por el femicidio de su expareja y madre de su hija, Elena Luna, ocurrido en septiembre de 2016. El tribunal que presidió el juicio dio a conocer los fundamentos de la sentencia arribada en el marco de un debate oral y público desarrollado en los tribunales santafesinos.
La acusación fue sostenida por los fiscales de la Unidad de Violencia de Género, Familiar y Sexual, Matías Broggi y Alejandra Del Río Ayala; los acusadores sostuvieron que Bordón asfixió a la víctima y luego ocultó el cadáver debajo de la cama. En tanto, el abogado defensor Guillermo Corestein intentó desvincular al acusado del ataque.
Los jueces Leandro Lazzarini, Jorge Patrizi y José Luis García Troiano consideraron acreditado que fue Bordón quién asesinó a Elena Luna, que ocultó el cuerpo debajo de la cama y que intentó desviar la investigación al manifestar que la mujer se había ido con otro hombre.
Las claves del juicio
Los jueces repasaron en los fundamentos de la sentencia, a los que tuvo acceso Aire Digital, la multiplicidad de testimonios ventilados durante, que permitieron reconstruir la historia familiar de la víctima y el agresor. Elena y José fueron pareja durante casi 14 años, y tuvieron una hija en común; a inicios de 2016, se separaron. Al principio, la relación era buena, sin discusiones... en el último tiempo y tras la separación, los testigos relataron situaciones de sometimiento y vulnerabilidad, “sobre todo desde lo económico y emocional”: “se ponía muy nervioso por lo económico, discutían por lo económico, tal es así que Elena le tenía miedo (...) ella me contaba que tenía miedo que se fueran a las manos, me dijo que se ponía muy nervioso”, sostuvo una testigo.
El 11 de marzo de 2016 Bordón se presentó en la comisaría y expuso que decidió abandonar el domicilio que compartían en Francia al 1700 para irse al domicilio de sus padres Las Colonias. Meses después, el 19 de mayo, nuevamente se presentó en la comisaría para notificar un convenio extrajudicial de régimen de tenencia y visita de la menor, donde se acordó iba a residir junto a su mamá los días de semana y él la iba a retirar los fines de semana.
El 29 de septiembre Bordón pasó a buscar a la niña para llevarla a la escuela, y desde entonces no se supo más nada de Luna. Ese día, en la vivienda del sur de la ciudad, fue la última vez que la niña vio con vida a su mamá. Bordón pasó a buscar a la niña por la escuela cerca de las 17:30 y la llevó a la casa para que “busque sus cosas”; Luna ya no estaba. Esto fue relatado por la niña en Cámara Gesell que además sostuvo lo extraño que le pareció que su papá la fuera a buscar.
La hipótesis fiscal, que según el tribunal fue corroborada en el juicio con la prueba producida, Bordón asesinó a Luna ese mismo día, el 29 de septiembre, en el domicilio de Francia al 1700, asfixiándola a través de la compresión de su cuello con una cuerda o soga. Luego, ocultó el cuerpo debajo de la cama; allí es donde fue encontrado el cuerpo sin vida de la víctima en el mes de marzo de 2017, por dos primas de la víctima que acompañaron al personal policial: “cuando nos estábamos por ir había un líquido como pegado en el piso. Mi prima prende la linterna del celular y siguiendo el líquido hasta abajo de la cama, vemos un bulto debajo de la cama".
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Durante meses Bordón se encargó de decirle a familiares, amigos y vecinos que Luna se había ido de Santa Fe con un hombre, y que no atendía el celular por la vergüenza de haber abandonado a su hija. Ante la insistencia de los allegados por conocer el paradero de Elena, Bordón insistía que la mujer se había mudado a Rincón, a Santo Tomé, a Córdoba… se lo dijo hasta a su propia madre y a una vecina con quien solo mantenía una relación de saludo al pasar.
Esta versión que intentó sostener Bordón no encontró ningún tipo de asidero: “ningún testigo avizoró ni la más remota posibilidad de que la víctima haya formado una nueva pareja, y mucho menos que se aleje de su hija que era, a las claras, su centro de vida y su vínculo más significativo”, remarcó el tribunal.
Cuando finalmente encontraron el cadáver de la mujer, presentaba tal estado de descomposición que debió realizarse un análisis de ADN con la niña para cotejar la identidad. El cuerpo presentaba una soga alrededor del cuello que fue cotejada con una soga secuestrada del vehículo que utilizaba el acusado: “la bioquímica fue sumamente contundente en las claras similitudes de color, grosor y trensado de las hebras con la única diferencia en cuanto a su estado de conservación; la primera en buen estado y la segunda impregnada de material orgánico en descomposición, lo cual resulta lógico por haber estado unida a un cuerpo humano en descomposición por tanto tiempo”, repasaron los fundamentos.
Bordón manifestó durante el debate que dicha soga era utilizada para tareas rurales o cuando tenían problemas con el auto, sin embargo, para los jueces, “tales menciones no cambian en lo más mínimo el hecho de que en su poder se encontraba una cuerda idéntica a la utilizada para producir la muerte de la víctima”.
Cómo se encontraba la vivienda donde se cometió el crimen también fue fundamental para esclarecer lo ocurrido: allí estaban los elementos personales de Elena, sus documentos, su ropa. Además, también presentaba diferencias notables al relato de la niña, el ultimo día que estuvo allí: dijo que su padre cerró la puerta y puso un candado de moto en la reja y dejó la llave arriba de una "paresita". A su vez, destacó que el celular de su madre quedó arriba de la cocina.
Sin embargo, cuando encontraron el cadáver de Luna, meses después, la puerta de rejas estaba cerrada con dos candados o lingas; asimismo, no fue registrado el hallazgo de ninguna llave arriba de una pared así como tampoco se halló el celular de la víctima. Además, la puerta de ingreso tenía un trapo del lado de afuera y una ventana tenía cinta en los costados de la abertura: “yo creo que es para atenuar el olor a descomposición, que no salgan los olores fuera de la vivienda", sostuvo un testigo; todo esto no fue presenciado por la niña al retirarse del domicilio.
La explicación es que Bordón volvió a Santa Fe el 3 de octubre de 2016,; si bien el acusado sostuvo que fue para pedir el pase de escuela de la niña, eso no fue lo único que hizo: ese día se registraron impactos de antena en cercanías al inmueble de calle Francia, y hay un dato concreto que permite acreditar la presencia del imputado en la vivienda: allí encontraron a una factura de una ferretería por la compra de un candado, una linga y cinta.
Violencia de género
Al evaluar la calificación legal y el contexto de violencia de género, el tribunal valoró los testimonios que dieron cuenta sobre el vínculo entre Luna y el acusado, y cómo fue cambiando con el paso del tiempo: “el último año se la notaba un poco más triste, más caída, pasando una situación económica diferente, cambiada de lo que era ella anteriormente. Supongo por la cuestión económica", relató un testigo.
Un aporte fundamental fue realizado por una amiga de la víctima, que falleció tiempo atrás por lo que se incorporó la declaración brindada durante la investigación: "Luna le había dicho que José la maltrataba, la violaba, que tenía miedo, José le cortaba las uñas bien cortitas para que no lo rasguñe. Cuando se mudaron a la casa de Francia comenzaron los inconvenientes económicos". Otro testigo explicó que “Elena le sacó la llave del domicilio que usaba Bordón porque él llegaba loco"; durante el debate se acreditó la difícil situación económica y emocional que estaba atravesando Elena luego del distanciamiento con Bordón, ya que él era el único sustento familiar.
Es así que para el tribunal, Bordón tenía una “visión cosificada” de Elena, y que le puso fin a una vida ya que, “a ojos del femicida, se aparta de lo que esperaba de ella: la víctima ya era una persona mayor, con dificultades en una mano y con un estado emocional y psíquico deteriorado, todo lo cual la convertía en una carga”, repasaron los jueces en los fundamentos.
Esto se expone en la actitud de Bordón, no sólo cómo cometió el hecho sino todo lo que realizó después; escondió el cuerpo debajo de la cama y se encargó de realizar todo lo que estaba a su alcance para que nadie lo pueda encontrar: “cerró la casa con medidas adicionales como una linga extra, encintó la ventana y cubrió la hendija de la puerta principal para que no saliera olor y se encargó de decirle a cuanta persona pudo que la víctima se había ido a vivir con una nueva pareja abandonando a su hija. Todo ello, expresa a las claras la visión cosificada que tenía Bordón de la vida de quien fuera su pareja y la madre de su hija”, sostuvo el tribunal.
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