El juez Pablo Busaniche impuso este mediodía la prisión preventiva para Mauro “Oreja” D., el joven de 20 años imputado de haber asesinado a tres personas e intentar matara otras dos el domingo por la tarde en el barrio Scarafia de la capital provincial.
Matías “Toto” Fernández, Omar Amarilla y María Soledad Ingui fallecieron a raíz de múltiples disparos de arma de fuego, mientras que Miguel “Pocho” Ravelli y Celeste Villarraza resultaron con heridas y debieron ser trasladados al hospital donde permanecen internados.
La fiscal de homicidios Ana Laura Gioria expuso la evidencia que vincula al imputado con el ataque a las cinco víctimas y remarcó la necesidad que el joven continúe el proceso privado de su libertad. En la audiencia imputativa Gioria le atribuyó a Mauro D. la autoría de los delitos de homicidio calificado por el empleo de arma de fuego en tres oportunidades y tentativa de homicidio calificado por el empleo de arma de fuego reiterado en dos oportunidades.
El joven declaró y dio una versión alternativa de los hechos, por lo que el defensor público Lisandro Aguirre intentó mejorar la situación de “Oreja” y aludió un caso de legítima defensa.
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“Empezó a disparar como un loquito”
Gioria comenzó enumerando la evidencia colectada en la causa a menos de una semana de ocurrida la masacre. La fiscal precisó que los primeros policías en arribar a la vivienda de calle Arzeno al 7300 fue el personal de la Guardia de Infantería.
Uno de los oficiales de esa fuerza fue quien primero escuchó el nombre del imputado, de boca de uno de los heridos. El uniformado divisó a un hombre herido y le preguntó: “¿quién fue el autor de todo esto?”. “El dueño de casa, Mauro D”., fue la respuesta que obtuvo de la víctima ‘Pocho’ Ravelli. Fue lo único que pudo manifestar el herido, quien se encuentra hospitalizado en grave estado, con lesión hepática y pulmonar.
La fiscal repasó los testimonios prestados por la otra joven sobreviviente, Celeste Villarraza. La joven logró huir del lugar y pedir asistencia en una casa vecina. Según Villarraza, la tarde del hecho el grupo estaba reunido en el lugar, compartiendo unas cervezas, hasta que en un determinado momento Mauro D. se puso de pie, sacó un arma, les dijo que los iba a matar “y empezó a disparar como un loquito”.
En la versión brindada por Villarraza no surge ninguna pelea o disputa que haya motivado tal ataque. La mujer expresó que cuando el agresor se quedó sin balas aprovechó el momento para irse, y que el imputado la interceptó y la golpeó con un arma. “Después entró a la casa a buscar más balas, yo no vi donde le pegó al resto pero me imaginé que alguno podía estar muerto porque no se levantó nadie” replicó las palabras de la testigo la fiscal Gioria.
Corriendo, ensangrentado y con un arma en la mano
Otro de los testimonios expuestos por la fiscal en la audiencia para mantener la imputación sobre Mauro D. es el de una vecina que tras escuchar los disparos vio salir corriendo al joven de la casa, ensangrentado y con un arma en la mano. La mujer le preguntó que había hecho, a lo que el imputado sólo respondió “el Toto, el Toto”.
El Toto era Matías Fernández, de 16 años, una de las víctimas fatales de la masacre. Toto vivía en frente de la casa de Maruo D., y se habían criado juntos. La vecina que declaró es la abuela del fallecido, y expresó que tras ver huir al imputado entró a la casa donde estaba su hijo sosteniendo en brazos a su nieto ya sin vida.
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¿Legítima defensa?
Finalmente la fiscal aludió al testimonio de la tía del imputado, donde se tiene el primer contacto con la versión del joven. La testigo expresó que su sobrino llegó a su casa a la madrugada y le pidió quedarse un ratito porque “ayer maté a dos en mi casa, me quisieron disparar y me defendí”. La mujer expresó que lo hizo ingresar, le dio ropa para que se cambie y que más tarde salió a hacer unos trámites, se cruzó con un patrullero y decidió contarles a los policías que el joven buscado por la masacre estaba en su casa.
El defensor Lisandro Aguirre cuestionó el testimonio de Villarraza, y dijo que las únicas dos personas que estuvieron en el lugar y el momento del hecho son la joven y su defendido, y que hasta el momento hay dos versiones contrapuestas. Aguirre expresó que en este momento no se puede sostener que los hechos hayan ocurrido como declaró Villarraza, ni colocar en cabeza del imputado la autoría del ataque a las cinco personas.
Amenazas y custodia de armas
Oreja pidió declarar y puso en contexto lo ocurrido en su casa. “Yo estaba viviendo en la casa de la hermana de Amarilla porque me tenían amenazado para que me haga cargo de sus armas. Cuando me fui me preguntó por qué, y le dije que quería ver a mi familia. Entonces me preguntó si me iba a seguir haciendo cargo de sus armas, le dije que no; me quiso disparar pero no le salieron las balas. Me vino a pegar en la boca; Celeste tenía un arma también, yo se la saqué y me defendí”.
El imputado expresó que en el lugar había dos armas 9 mm. Una la tenía Amarilla y la otra la tenía Villarraza. Además, manifestó que él sólo hirió a Amarilla y que cuando se fue corriendo del lugar escuchó como seis disparos más. Por último el joven detalló que tiró el arma en la vía pública, en calle Rizzo, y que desconoce qué pasó con la otra arma.
La fiscal Gioria repasó los resultados del rastrillaje realizado por los peritos balísticos que precisaron la existencia en el lugar de diez vainas servidas, tres proyectiles, tres impactos en una pared y dos en una cama que había en el lugar, además de cuatro orificios en las sillas plásticas donde estaban sentadas las víctimas.
Al finalizar la audiencia Gioria explicó que hasta el momento se pudo confirmar que todo el material balístico se corresponde con el calibre 9 mm., y que se podrá precisar si fueron disparados por una o más armas de fuego.
Audio ► La palabra de la fiscal Ana Laura Gioria al finalizar la audiencia
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