Ivana Garcilazo, de 32 años, regresaba el sábado al atardecer del estadio de Rosario Central, donde había festejado la victoria agónica de su equipo en el clásico, cuando supuestos hinchas de Newell’s le arrojaron un piedrazo que impactó en su cabeza y cayó desplomada de la moto en la que se trasladaba. Murió en el acto.
El lunes al mediodía un centenar de cadetes, compañeros de la víctima, realizaron junto a familiares de la fallecida una marcha al Centro de Justicia Penal para reclamar justicia.
En las primeras horas, la policía detuvo a tres personas como sospechosas, aunque luego fueron liberados porque se identificó que estaban en un lugar distinto a donde se concretó el homicidio. Para el fiscal Gastón Ávila, que investiga el homicidio, podrían haber sido vecinos de la zona los que arrojaron el piedrazo.
En una ciudad donde el fútbol se vive como una batalla permanente, que muchas veces pierde los rasgos humanos, era parte del sentido común que un gol agónico que le diera una victoria a uno de los dos rivales podía generar incidentes. La bronca por la derrota inesperada podría recargar de ese sin sentido de recubre la violencia. Era cantado.
Frente al Monumento a la Bandera, un lugar típico donde se realizan los festejos, se dispuso una guardia preventiva. Había efectivos en moto. También cerca del Coloso Marcelo Bielsa. Pero no había ni un solo policía ni patrulla en calle Ovidio Lagos, que es el camino típico que hacen los hinchas de Rosario Central para ir hacia el sur de la ciudad. Según los testigos, hinchas identificados con camisetas de Newell’s tiraban piedras en Avenida Pellegrini y en Ovidio Lagos. Era una especie de custodia del estadio leproso, para que los fanáticos canallas no pasaran ni gritaran cerca de la cancha.
La tecnología puede servir en estos casos para observar dónde se pueden producir posibles incidentes. Pero nada funcionó como se esperaba. Al menos, por los resultados: una muerte. En medio de la campaña electoral, el gobierno provincial anunció una inversión millonaria en la infraestructura de un centro de monitoreo.
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En el Centro de Comando y Control de Rosario se invirtieron 35 millones de dólares para adecuar infraestructura del 911. Esta herramienta es clave para observar a través de las imágenes los puntos más complicados en este tipo de situaciones, donde los incidentes se pueden producir en cualquier punto de la ciudad, aunque hay zonas más predilectas.
El municipio de Rosario también presentó en la campaña electoral la puesta en marcha de un centro de monitoreo con más de 600 cámaras. Hace un mes el intendente Pablo Javkin se jactó de que a través de este sistema pudieron prevenir las picadas que se hacían en la zona oeste.
Estas nuevas herramientas tecnológicas no sirvieron para prevenir el ataque que terminó con la vida de Ivana. Ahora se verá si pueden ser útiles para dilucidar el crimen. Según el fiscal Ávila, después del clásico entre Rosario Central y Newell’s, hinchas leprosos se instalaron en las inmediaciones del estado del Parque Independencia, sobre todo en avenida Pellegrini y en las adyacencias para arrojar piedras a los simpatizantes canallas que festejaban el triunfo. El fiscal señaló que, a través del aporte de tres testigos, están en proceso de dilucidar quiénes fueron los autores del piedrazo. Una hipótesis es que serían vecinos que viven a pocas cuadras de donde se produjo el ataque.
Tras los cuestionamientos que surgieron por las fallas en el operativo de seguridad, el subsecretario de Seguridad Preventiva, Gustavo Pucheta, admitió que "evidentemente no llegaron a cubrir todos los puntos con la prevención". El funcionario admitió que no alcanzó el patrullaje que se dispuso tras el partido en los puntos clave, como avenida Pellegrini y el Monumento a la Bandera, entre otros sitios, donde generalmente se producen festejos y también incidentes.
El caso de Ivana fue el más trágico porque terminó con su vida, pero hubo otras víctimas con heridas por las piedras. Alejandro, un hombre que también volvía en su moto, se salvó porque llevaba casco. Un piedrazo le pegó en la cara. “Me quebró la nariz y recibí otro piedrazo en el pecho. Logré soportar los golpes y no me caí. Porque se me caía no la contaba”, contó Alejandro, que admitió que lo salvó el casco.
Garcilazo iba en una moto por calle Ovidio Lagos hacia el sur, cuando fue atacada. Regresaba del Gigante de Arroyito, donde había festejado el triunfo. Vestía una camiseta de Rosario Central e iba acompañada por su novio, que viajaba en otra moto. Cerca de las 19.30, en las inmediaciones del estadio de Newell’s se habían autoconvocado hinchas para evitar que sus rivales festejaran allí. Había grupos de jóvenes que arrojaban piedras a los automovilistas y motociclistas que tocaban bocina. Se produjeron muchos destrozos a vehículos.
Ivana recibió un piedrazo en el costado derecho de su cráneo. Se desplomó y murió por el impacto según el fiscal Ávila, que encuadró el caso como un homicidio. El funcionario explicó que “seguramente va a ser una cuestión de discusión, pero entiendo que si se arrojó un elemento contundente contra una persona que venía en una moto es como utilizar un arma de fuego. Creo que la calificación legal es la de homicidio”, apuntó el funcionario.
Los familiares expresaron su dolor y angustia en el Centro de Justicia Penal, donde al mediodía se realizó una manifestación de compañeros de Ivana que también fueron a expresar su bronca. “No tenemos palabras para describir este dolor. Esperamos simplemente que esto sirva de experiencia para que no vuelva a ocurrir. No vamos a parar porque el dolor no se va a detener”, señaló Silvina Garcilazo, hermana de la víctima.
Laura Garcilazo, la otra hermana de Ivana, contó que la joven asesinada hacía dos meses que había entrado a trabajar en un supermercado y que para aumentar sus ingresos se había incorporado al sistema de cadetería “Pedidos Ya”. Como muchos fans del fútbol, hacía todos los esfuerzos para combinar sin interferencias las obligaciones con la pasión por el fútbol. “Ella tenía dos trabajos para poder alquilar una casa en la zona sur de Rosario”, agregó.
“Ivana amaba la cancha. Iba al Gigante cada vez que Central jugaba de local. Era socia y concurría al Caribe Canalla, porque le encantaba el club. Al novio también. A veces Ivana trabajaba y se encontraba con el novio directamente en la cancha. El sábado, salió del trabajo y se fue al estadio en su moto. Hacía dos meses había entrado al supermercado y también trabajaba en Pedidos Ya. Era feliz”, contó Laura.
Aunque fue asesinada una joven que iba en una moto de regreso a su casa, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Claudio Brilloni, dijo que el operativo de prevención que se realizó en torno al clásico rosarino “fue muy bueno”. Aclaró que todo quedó empañado por el asesinato de Ivana Garcilazo.
“Lo más triste o el hecho más luctuoso fue la muerte de esta mujer producto de la estupidez humana en su máxima expresión en los tiempos tan complejos en lo social que nos toca vivir. Que la rivalidad de dos equipos de fútbol termine con una persona muerta por un ladrillazo en la cabeza, no le encuentro ningún sentido”, afirmó el funcionario.
Fredi, un compañero de Ivana que participó de la marcha en el Centro de Justicia Penal, denunció que la zona en la que circulaba la joven “estaba liberada”. "El ministro de Seguridad aseguró que el operativo de seguridad fue un éxito. Había una chica muerta tirada ¿De qué éxito hablan? Lo único que pido es que la justicia se ponga los pantalones largos", reclamó el joven.
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