Repleta de ilusiones como cualquier adolescente, Mili esperó ansiosa el momento de celebrar sus 15 años. Un vestido, una torta, una reunión muy austera en el comedor de su casa humilde del barrio Ludueña con sus padres, abuelos, tíos, no más de 25 personas, unos amigos convocados “para después de las 12”, y algunos vecinos curiosos y otros más atrevidos que se arremolinaron en la vereda.
El sábado 12 de diciembre estaba todo listo para que ella fuera la protagonista. Una mesa con algo de comida, unas gaseosas, unas copas con cerveza, una guirnalda con luces de colores y música. Eran las 21.30 y la agasajada recién llegaba del Parque Independencia donde la llevó su abuelo para que se sacara las clásicas fotos en el Rosedal, en los arcos del lago, y en el calendario ornamentado con flores.
Transcurrieron las horas con alegría, se sacó el vestido y se puso ropa cómoda. Comió y tomó una copa de fresita, porque no bebía alcohol, pero sus padres la autorizaron. Iba y venía del comedor a la vereda, saludaba a vecinos y compañeros de la escuela República de Bolivia que no entraron en la mesa por una cuestión de costos, y a conocidos que se acercaban para darle un beso.
En ese contexto ameno, sobre las dos de la madrugada todo se volvió un infierno, una secuencia atroz de pocos minutos. Un muchachito que la nena conocía hacía poco tiempo se acercó al lugar, la charló en la vereda aprovechando su inocencia, y en medio del movimiento la arrancó sigilosamente de la vereda. “Ella se tambaleó porque tal vez estaba algo mareada, él le sacó las sandalias y la llevó casi en andas”, indicó una testigo que la vio pasar por la esquina.
El joven la llevó en esas condiciones unas dos cuadras hasta su casa, donde la incorporó a una reunión de la que participaban otras personas. Se especula que le dio de tomar más alcohol, lo cual puso a la adolescente en extrema estado de vulnerabilidad. Luego, y cuando ya no razonaba, la llevó a una habitación, la arrojó sobre una cama y la sometió sexualmente junto a dos hermanos y otros dos amigos, todos pasados de copas.
Tirada a la calle
La madre de los agresores, Sandra S., advirtió la situación cuando ingresó a la habitación. ¿“Qué hacés”? recriminó. “Los van a denunciar”, afirmó al comprender la gravedad de la conducta desplegada por el grupo. La mujer sacó a la víctima de la cama tambaleando y la llevó hasta la esquina de Solís y Eistein, a la vuelta, frente a un templo evangelista.
En ese momento una tía de la adolescente que había comenzado una búsqueda desesperada por todo el barrio junto a la familia, se topó con la mujer. “Estaba perdida”, trató de cubrirse Sandra. Le soltó el brazo, se fue, y la nena se desmoronó en la calle. En la comisaría 12ª ya se había formalizado la denuncia, por no sospechaban de semejante desenlace.
La víctima fue trasladada inconsciente por su abuelo hasta el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria con una hemorragia severa. Los médicos debieron realizarle dos transfusiones de sangre y una intervención quirúrgica de urgencia para salvarle la vida. Esa sola mención sirve para comprender la entidad de las lesiones físicas que sufrió. Después, el caos. Enterados de semejante atrocidad, la ira de la familia y allegados a la víctima hizo lo suyo: prendieron fuego la casa de los agresores y atacaron la comisaría.
El primer acusado
El hecho quedó en manos del fiscal de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual Ramiro González Raggio. Tras una serie de medidas, se pudo identificar y detener al principal sospechoso del brutal abuso, un joven de 18 años identificado como Daniel G. a quien vieron llevar en andas a Milli desde la casa.
El martes quedó imputado como autor del delito de abuso sexual con acceso carnal, agravado por resultar un grave daño a la salud de la víctima, un delito que contempla hasta 20 años de cárcel. El fiscal lo hizo responsable de la violación en su casa de calle Ghandi al 5900 entre las 2 y las 4 de la mañana del domingo pasado. La jueza Silvia Castell le impuso dos años de prisión preventiva efectiva mientras transita el proceso rumbo a un casi seguro juicio oral y público.
Hasta ese momento no se tenían indicios ni evidencias para investigar un abuso sexual “en manada”, como se lo asigna vulgarmente a este tipo de hechos. Pero con el correr de las horas, testimonios, evidencias y otros datos que se sumaron a la pesquisa, se fue consolidando ese oscuro e irracional escenario.
El martes a la noche cayó un segundo sospechoso, amigo del primer imputado. Se trata de un joven de 26 años, Paulo Isaías L., apresado tras una paciente vigilancia de los integrantes de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) cuando estaba a punto de escapar de su casa en Tupac Amaru y Liniers, también en barrio Ludueña. Le había pedido refugio a una prima en San Lorenzo, pero la joven sospechó, avisó a su padre y este a la Fiscalía, que lo rastreó y llegó a detenerlo.
Sospecha confirmada, cinco autores
El viernes el fiscal lo llevó a la audiencia imputativa como coautor de la demencial agresión sexual. La jueza Catelli también ordenó que quede en prisión preventiva por el plazo de ley. En esa instancia se expusieron nuevos elementos para sostener la participación de otras personas, lo cual agravaría la calificación del hecho.
Cuando en conferencia el titular de la investigación notificó que se había librado la orden de captura también para la madre del primer imputado por el delito de encubrimiento, confirmó lo que la familia de la víctima denunció desde un primer momento, que la nena fue sometida por un grupo de personas.
“A raíz de la profundización de la investigación y constancias fehacientes podemos afirmar que hubo una participación de cinco personas”, describió González Raggio. Por estas horas hay orden de captura activa para los otros tres sospechosos, dos de ellos hermanos del joven de 18 años, y el restante es un amigo. Hasta el momento están prófugos.
El viernes a la noche se entregó a la Fiscalía la madre del joven imputado en primera instancia. Sandra Isabel S., de 46 años, explicó que se presentó al enterarse que era requerida en la causa. El martes a las 8.30 el fiscal le va a imputar el delito de encubrimiento agravado del abuso.
Marcha, dolor y daños inconmensurables
Mientras se sigue tras los pasos de otros dos hijos de la mujer y un quinto implicado aún prófugos, la redes sociales se colmaron de reclamos de justicia y escraches públicos a los presuntos partícipes del aberrante hecho. En el perfil Justicia x Mili, en la red social Facebook, familiares, amigos y allegados de la nena convocaron a una marcha el lunes a las 16, en Moreno y Santa Fe frente a la sede de gobierno provincial para que se detenga al resto de los implicados.
Aire Digital trató de charlar con Jésica, la madre de la nena. Pero a su teléfono lo atendió una hermana de la mujer. “Mi hermana no puede hablar, está destruida”, se disculpó Paola, que gentilmente se prestó al diálogo. Es que ella fue una de las personas invitadas al cumpleaños.
“Se hablan muchas cosas malas sobre el estado de Mili y la responsabilidad de los padres. Jamás tomó alcohol, pero ese día la autorizaron para que probara fresita, como cualquier adolescente en un momento especial. Esperó meses ese momento, estaba feliz, contenta con su vestido, la torta, las fotos en el Parque Independencia. Iba y venía del comedor a la vereda porque los vecinos y amigos se acercaban a saludarla”, recordó Paola.
Al reflexionar sobre el momento en el que la perdieron de vista, la mujer describió que en ese contexto “fue un instante, cuando decidimos cortar la torta, decidimos poner música para bailar, y advertimos que no estaba. Salimos desesperados a buscarla, hicimos la denuncia en la comisaría. Una de mis sobrinas se encontró con la señora Sandra S. cuando la iba a dejar tirada en la calle. Mili alcanzó a decir que la había violado y se desmayó. Si no se da esa situación moría desangrada. Los médicos nos dijeron que si pasaba más tiempo se moría”, graficó.
“Es una nena inocente, le arruinaron la vida. Queremos que encuentren a los prófugos, ya publicamos las fotos en el facebook y convocamos a la marcha para que esto no vuelva a ocurrir. Es desesperante. Mi cuñado, mi hermana, toda la familia está destrozada”.
Mili sigue internada en el Hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. Está fuera de peligro pero ella y su familia atraviesan horas de incalculable angustia y dolor. Un equipo interdisciplinario de psicólogos y terapeutas del centro de salud y del Ministerio Público de la Acusación contienen un cuadro cuyas secuelas son incalculables.
Te puede interesar






