La causa que investiga las muertes de los presos en la Cárcel de Las Flores, ocurridas entre el lunes por la noche y martes por la madrugada, reveló esta semana nuevos datos sobré cómo fue el desenlace fatal que se dio en medio de una revuelta marcada por las llamas, los tiros y la extrema violencia.
El motín, como hacía tiempo no sucedía en las cárceles santafesinas, dejó un saldo total de cuatro muertos identificados como Matías Gastón Crespo de 31 años; Andrés Ezequiel Behler de 23; Rolando Duarte de 60 y Jonatan Exequiel Coria de 29 años. Los tres primeros, vinculados a causas por abusos sexuales de índole intrafamiliar que estaban camino a juicio, mientras que sobre el restante pesaban investigaciones por robos violentos y hasta una privación ilegítima de la libertad.
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Los cuatro murieron en medio de una cárcel que durante horas estuvo prácticamente tomada por los internos. De hecho, tal fue la rebelión que se registró que los presos coparon la farmacia, sustrajeron todo el alcohol en gel y fármacos que había. Y hasta llegaron a comer un asado luego de tomar posesión de la cámara frigorífica.
Entre la sangre y las cenizas
La autopsia realizada a los cuerpos de los reclusos determinó que tres de los cuatro fallecidos murieron a causa de fuertes golpes que sufrieron como así también de chuzazos recibidos, mientras que el restante, según indicaron fuentes ligadas al caso a Aire Digital, murió por asfixia.
El examen forense también permitió a la fiscal del caso, Ana Laura Gioria, de la Unidad Especial de Homicidios del Ministerio Público de la Acusación, determinar además que ninguno murió por un balazo ya que los peritos no encontraron heridas de arma de fuego como así tampoco material balístico.
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Tanto Duarte como Behler fueron encontrados prácticamente calcinados. Entre cecinas y con signos de haber recibido una brutal golpiza. Duarte fue hallado en la salida del patio central. Su cuerpo estaba boca arriba, con la ropa puesta, descalzo y con múltiples traumatismos en el rostro.
Mientras que Behler fue encontrado en el interior del pabellón N°3 -en el cual también se alojaba Duarte-. El cadáver estaba en el centro del patio, completamente quemado y sin ningún signo de vida y devorado por el fuego.
En cuanto a Coria y Crespo, su fallecimiento no fue tan tétrico. Ambos alcanzaron a ser trasladados al hospital José María Cullen donde horas después se constató su muerte. En el caso de Coria, su muerte fue cerca de las 22 y se dio a causa de un shock reflactario y una falla multiorgánica. Mientras que Crespo ingresó a las 2.30 de la madrugada al efector y a pesar de ser intervenido, cerca de las 8 del martes murió.
Tres disparos y muchas dudas
La ola de violencia no solo caló en Las Flores. En la cárcel de Coronda, donde comenzó la revuelta carcelaria el lunes por la tarde, murió Alén Montenegro, quien recibió dos disparos de un arma de fuego cuando se encontraba en los techos del Pabellón N°9 en momentos en que exigía que el Servicio Penitenciario cumpla el protocolo de prevención del coronavirus y así la pandemia no cruce los muros.
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El joven de 27 años que era oriundo de Alto Verde, se encontraba preso por una causa de homicidio. En total, recibió dos disparos de un arma de fuego que según autoridades del Servicio Penitenciario, con Héctor Acuña como promotor de la hipótesis, fue empleada por otro interno alojado en el penal. Sin embargo, el caso no fue cerrado e inició una pesquisa judicial que encabeza el fiscal del departamento San Jerónimo, Marcelo Nessier.
En tanto, desde el entorno familiar de Montenegro, desmintieron que se haya sido un posible “ajuste de cuentas” por lo que destacaron que la “verdad pronto se sabrá”.
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