Entre lágrimas y dolor, declaró la exdueña de la agencia Maros Turismo: "No hice nada fuera de la ley"
Marcela Arévalo prestó declaración en el marco del juicio por el que la Fiscalía pretende condenarla a ella y otras tres mujeres por supuestas estafas con la venta de viajes al exterior.
El debate se realiza en la sala 6 del primer piso de tribunales.
El juicio por la causa Maros Turismo, que investigó a una agencia de Santa Fe por la venta de viajes al exterior que nunca se concretaron, entró en su fase final este martes con la declaración de Marcela Arévalo, la titular de la firma y protagonista central de una historia marcada por su estadía en prisión, el desempleo y la resiliencia permanente.
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Su relato fue ante los jueces Celeste Minniti, Pablo Busaniche y Pablo Spekuljak, y tuvo como eje recordar cómo fue el inicio de un caso que jamás hubiera querido vivir. “Esto estuvo teñido de mucha crueldad”, dijo en torno al proceso judicial que afronta y el escarnio público de la prensa.
En torno a su historia, contó que en 1990 entró a trabajar a la Dirección General Impositiva (hoy ARCA), pero que luego renunció y pasó al rubro privado, donde se desempeñó por más de 15 años en una empresa de turismo para quinceañeras. Finalmente, en 2011, instaló con su entonces pareja la Agencia Maros Turismo, en un local ubicado en 1° de Mayo al 6300. Desde entonces, la firma funcionó bien, con altos y bajos, pero con un horizonte bien marcado: que sea la fuente de dinero para ella y su familia.
Arévalo recordó además que en 2015 tuvo una empleada infiel a la cual tuvo que desvincular de la agencia y que en ese tiempo conoció a Miguel Ángel Correa, condenado en esta causa, y al cual le reprochó haber sido el responsable de que la firma haya desbarrancado.
El fin de una agencia
Según la extitular de la agencia, Correa le ofreció trabajar juntos y ambos mantuvieron además una relación sentimental. Recordó además que en 2016, el hombre le aconsejó cambiar los movimientos que hacía con el dinero de la agencia por temor a la inseguridad, por lo que le propuso ponerlo en un lugar seguro.
Aclaró también que a mitad de ese año, al regresar de un viaje en Isla Margarita con un contingente, le solicitó el dinero a Correa para afrontar el pago de otros viajes que habían sido contratados por nuevos clientes. Pero dicho dinero nunca fue entregado, por lo que inició una permanente búsqueda para solucionar aquel problema.
Sin embargo, el tiempo pasaba y el efectivo para costear el viaje de un contingente no aparecía. Inclusive, recordó que llegó a recurrir a un prestamista, pero que el mismo le dijo que conseguía la suma requerida para días después de que saliera el vuelo programado.
Finalmente, el 2 de enero del 2017 se dio el quiebre de todo, cuando los clientes que habían contratado un paquete turístico en México se agolparon en la puerta de la agencia y exigieron respuestas. “Hice todo lo que humanamente se podía hacer para que esa gente viaje”, dijo la mujer que afronta un pedido de condena de nueve años de prisión por parte de la Fiscalía y las tres querellas.
Una historia que aún no cierra
Arévalo recordó que ese día fue golpeada por clientes que le exigían respuestas y que después fue trasladada hasta la sede de la Policía de Investigaciones (que para ese entonces funcionaba en 3 de Febrero y 9 de Julio) porque un policía le dijo que una fiscal quería hablar con ella.
Posteriormente, quedó detenida y fue trasladada hasta la Unidad de Tránsito de Mujeres, en donde recordó haber sufrido amenazas por parte de una detenida y convivir en un espacio en el que no tenía agua. Después de allí, fue trasladada hasta la Comisaría Novena y luego pasó a la Unidad 4, en donde vivió un motín que la dejó internada. Después de eso, quedó en libertad y debió reinventarse como pudo en el mercado laboral.
“Nunca en la vida hubiera querido pasar por este infierno”, relató al tribunal en medio de una declaración atravesada por el dolor. “No hice nada fuera de la ley”, remarcó en otro tramo y destacó: “Fue muy desesperante haber estado detenida y no haber podido hacer que la gente viajara”.
“Lo único que quiero es tener una vida en paz y normal”, dijo al final de su relato y concluyó: “Siempre mi intención fue solucionar la situación”.





