El Cartel de Jalisco probó la ruta argentina: una camioneta belga un año olvidada en Zárate y un millón de pastillas que nunca llegaron a la calle
La captura en Bolivia de un venezolano prófugo reabre la trama del mayor secuestro de drogas sintéticas del país. Un jefe de Zapopan, un salteño que vivió en la Riviera Maya, pagos por hawala y un agente encubierto.
La Opel Combo en la que fueron ocultados 52 kilos de MDMA llegó al puerto de Zárate desde Amberes, Bélgica, y permaneció casi un año en la zona aduanera.
El venezolano llegó esposado a la frontera de Salvador Mazza, entregado por la policía boliviana. Alex David Coronil Polanco fue detenido por Interpol en Santa Cruz de la Sierra y, como había entrado ilegalmente a Bolivia, las autoridades de ese país ordenaron su expulsión y lo trasladaron hasta el paso Salvador Mazza–Yacuiba.
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Es la cuarta detención en una causa que el gobierno argentino presentó como histórica y que deja ver algo más que un cargamento: la forma en que una estructura vinculada al Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) intentó usar la Argentina como puerta de entrada para drogas sintéticas.
Según la investigación, Coronil Polanco habría formado parte del grupo encargado de recibir el vehículo que transportaba la droga y de extraer el cargamento escondido, y habría estado en la zona del puerto de Zárate durante la operación. Fuentes de la Policía Federal señalaron que su tarea habría sido conseguir el acceso a un taller de la calle Iberá al 5900, en Villa Urquiza, donde se iba a desarmar el Opel Combo.
La droga salió de la terminal de Amberes, en Bélgica, y llegó al puerto de Zárate en octubre del año pasado, un mes después de su despacho. Según el sitio Encripdata, viajó a bordo del buque Grande Hamburgo, escondida en el utilitario. La camioneta había sido importada como vehículo usado.
El método de ocultamiento era artesanal y meticuloso. Al pasar la furgoneta por un escáner móvil aparecieron anomalías: en el tanque de combustible había 38 botellas plásticas con una sustancia cristalina, y detrás de los paneles laterales y las puertas, otros 49 paquetes envueltos en nylon y cinta negra, que sumaban 32 kilos más. En total, 52 kilos de MDMA de máxima pureza.
Con esa cantidad podrían haberse fabricado alrededor de un millón de pastillas de éxtasis. Fuentes judiciales calcularon su valor en el mercado ilegal en 2.340.000 dólares, mientras que el Gobierno estimó que la venta al menudeo habría dejado más de 16 millones.
La carga quedó casi un año inmóvil en la zona aduanera. Un detective admitió que no saben por qué tardaron tanto en retirarla y que la sospecha es que la banda "había perdido el contacto para retirarla". Algunas fuentes vinculan esa demora con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, líder histórico del CJNG, en febrero de este año. Es una hipótesis periodística, no una conclusión judicial, pero encaja con un dato: la estructura local dependía de un eslabón que se cortó.
La organización que desplegó el cártel en la Argentina no era un ejército, sino una célula mínima de logística con roles definidos. En la cima aparece un mexicano apodado Buen Rostro, todavía prófugo.
La Policía Federal informó que es de Zapopan, Jalisco, zona que hoy funciona como centro financiero, operativo y de lavado del CJNG. Este hombre se ocupó de los primeros contactos y de la coordinación, y después dejó el país.
Los investigadores confirmaron que viajó de México a los Países Bajos el 26 de agosto, y desde allí escribió al infiltrado para pedirle ayuda con la furgoneta. Un matiz importante: la Procunar, al menos en los primeros días, no podía confirmar que fuera miembro de un cartel.
Luis Enrique Corona Ortiz, mexicano, sería integrante del CJNG. Fue detenido en un departamento de Palermo y la PFA lo describió como representante de un cártel mexicano. Estuvo en la zona de resguardo de ARCA en Zárate para comprobar que la camioneta seguía allí.
El nexo argentino es Ángel Reynaldo Guerra, salteño, que trabajó durante años como sushiman en un restaurante de Playa del Carmen, donde habría conocido a los narcos. Está acusado de haberle alquilado el alojamiento en Buenos Aires al enviado mexicano. En la primera reunión con el infiltrado su papel fue tan pasivo que los investigadores pensaron que era el custodio de Buen Rostro.
En el último escalón, aparece la mano de obra tercerizada: venezolanos. Edwin Wladimir Ríos Soto manejaba la camioneta en la que se movía el traficante; habría sido contratado como chofer por 2000 dólares. Coronil Polanco, el recién capturado, completaba ese nivel operativo.
El dinero circulaba por canales difíciles de rastrear. Un emisario venezolano pagó un adelanto en efectivo a través del sistema informal hawala, que mueve fondos por intermediarios sin transferencias internacionales. Fuentes del caso señalaron que el enviado quiso pagar los costos portuarios con criptoactivos y no en efectivo.
El aviso de la DEA llegó a mediados de febrero y advertía que una organización mexicana planeaba ingresar por mar 300 kilos de metanfetamina. La cifra y la sustancia no coinciden con lo que finalmente apareció, una diferencia que el expediente todavía debe explicar. El agente revelador se comunicó con la banda por Signal y logró reunirse con Buen Rostro y con Guerra. En ese encuentro, el mexicano habló de traer metanfetamina escondida en un contenedor de insumos médicos quirúrgicos, una pista de que Zárate no era un envío aislado sino una prueba de ruta.
Por orden del juez Gustavo Meirovich y con intervención de la Procunar, la droga fue reemplazada por una sustancia inocua. Le colocaron un GPS a la camioneta, que tras salir del puerto fue interceptada en Palermo.
Los investigadores determinaron que Zárate era apenas el punto de ingreso. "Posiblemente la droga estaba destinada al mercado interno y países aledaños", señaló una fuente. El MDMA es insumo clave del tusi, la droga de moda en la Argentina. Si se confirma, el país ya no sería solo plataforma de salida de cocaína, sino mercado de consumo atractivo para un cártel mexicano.
En enero, el juez Pablo Yadarola acusó a 16 personas, caribeños y argentinos, tras el hallazgo de 13 kilos de MDMA en Ezeiza. Y una semana después de Zárate, la policía de Entre Ríos secuestró 40 kilos de cristal y 10.000 pastillas de éxtasis y detuvo a seis brasileños que viajaban en tres autos con patente de Brasil.
El Juzgado Federal de Concordia investiga el origen y el destino de esa droga; hasta ahora no hay elementos que la vinculen con la red mexicana, pero confirma que las sustancias sintéticas circulan en volúmenes que hace pocos años eran impensables.








