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Policiales balacera | Rosario | Los Monos

Cuando las balas tienen nombre: la sombra de Matías Herrera, un testaferro al que le reclaman que pague sus deudas a los tiros

El club Unión Americana de Fisherton de Rosario fue atacado a balazos esta semana. Es la tercera balacera contra la entidad donde nació futbolísticamente César Luis Menotti. Los atentados estarían vinculados a este hombre que maneja el dinero de varios organizaciones narco

La sombra del nombre de Matías Herrera aparece desde hace tiempo asociado a las balas. Los mensajes que aparecen después de que los balazos se incrustan en las fachadas de casas, locales y clubes revelan en papeles escritos a las apuradas y con birome: “Pagá lo que debés”.

El miércoles a la madrugada ocho tiros atravesaron el gimnasio del club Unión Americana de Fisherton, una entidad histórica de ese barrio residencial, que nació en 1941 y lo tuvo como una de sus joyas en su semillero a César Luis Menotti. Es el tercer ataque que se produce en el último año contra esta institución, ubicada en un barrio repleto de mansiones de la zona oeste de Rosario, cuya trama tiene que ver con el narcotráfico.

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Los responsables actuales del club Unión Americana de Fisherton, Rosario, aseguran que los anteriores administradores hicieron negocios con la gente equivocada.

Los responsables actuales del club Unión Americana de Fisherton, Rosario, aseguran que los anteriores administradores hicieron negocios con la gente equivocada.

El motivo de los recurrentes ataques respondería, según coincidieron fuentes del club y de la Fiscalía de Rosario a AIRE, a una serie de vínculos que tenía el anterior concesionario del gimnasio con personajes pesados, ligados al narcotráfico. El gimnasio cambió de concesionario el 31 de octubre por este motivo.

“Hicieron negocios con gente que no debían”, advirtieron en el club. Esa gente sería Matías Herrera, según los investigadores judiciales, un joven que es parte del engranaje narco de Rosario, que ejercía un rol de testaferro en negocios del crimen organizado, entre ellos, bares en la zona de Pichincha, en el centro de Rosario.

La relación con la banda de Los Monos

Herrera fue condenado en diciembre de 2019 a ocho años y seis meses de prisión, por ser uno de los proveedores de la banda de Los Monos. Herrera usaba como pantalla no sólo el bar Alabama, de la zona de Pichincha, que fue baleado en abril de ese año, sino también una cancha de fútbol cinco en Sorrento al 1400, donde acopiaban la droga.

Su nombre también apareció pegado a un ataque a tiros en una vinería Matienzo y Mendoza, en barrio Azcúenaga. El mensaje con errores de sintaxis y ortografía decía: “Mónica: decile a Matías que pague por esto es ederitario (por hereditario)”. Ese mensaje lo recibió el locatario del local, pero la deducción que hicieron en la justicia era que estaba dirigido para el propietario, que sería Matías Herrera, quien invierte en distintos rubros, a pesar de que la justicia federal después de condenarlo por narcotráfico en 2019 lo investiga por lavado de dinero.

Herrera tenía vinculaciones como supuesto testaferro de varios pesos pesado del narcotráfico rosarino, explicaron fuentes judiciales, como Mario Segovia, el llamado Rey de la Efedrina –que también tiene su mansión en Fisherton-, Esteban Alvarado y René Ungaro.

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Matías Herrera también mantenía relaciones como posible testaferro de varios pesos pesados del narcotráfico rosarino, como Mario Segovia, el llamado Rey de la Efedrina, que tiene su mansión en Fisherton-,

Matías Herrera también mantenía relaciones como posible testaferro de varios pesos pesados del narcotráfico rosarino, como Mario Segovia, el llamado Rey de la Efedrina, que tiene su mansión en Fisherton-,

La hipótesis está bastante clara para la gente que maneja el club que nació en 1941 de la mano de un grupo de adolescentes de ese barrio que jugaban al fútbol. Hoy es una entidad histórica del barrio que tiene una fuerte participación social.

La fiscal Valeria Haurigot, que integra la unidad de balaceras del Ministerio Público de la Acusación, confirmó que es el tercer ataque al gimnasio del club. “Los dos ataques anteriores tenían que ver con una trama vinculada al crimen organizado de Rosario con otra persona de la ciudad de Buenos Aires”, apuntó la funcionaria.

La trama violenta en torno al club comenzó el julio pasado, según relató el presidente de Unión Americana Miguel Aguilar. En pleno invierno un domingo dispararon ocho tiros contra el gimnasio. Un día después se produjo otro ataque en el mismo lugar, con seis balazos. En esa oportunidad los atacantes habían dejado un cartel que decía: “Matías Herrera pagá lo que debés”.

El mensaje estaba dirigido, de acuerdo a las autoridades del club, al concesionario del gimnasio del club, que serían personas vinculadas a Matías Herrera. La comisión directiva de la entidad le retiró la concesión la persona que manejaba el gimnasio y en noviembre tomó esa actividad otra persona. “Los sicarios no lo deben saber”, planteó con naturalidad el presidente del club.

La gente tiene miedo a las balaceras

El temor de la gente del barrio, que concurre a la pileta del club, es que las llamadas “balaceras” se produzcan cuando Unión Americana esté abierto, con actividades a pleno. Hasta ahora los tres ataques se produjeron durante la madrugada y sólo tuvieron como blanco los ventanales del gimnasio.

“Es una locura lo que está pasando en este barrio, que es muy tradicional y vive gente de trabajo. Esto genera temor en la gente. Uno ve que a pesar de que es verano las calles de esta zona, que es hermosa, están desiertas, porque la gente tiene miedo por la inseguridad”, advirtió Aguilar.

Los investigadores no descartan que esta saga de ataques esté vinculada a los atentados contra las estaciones de servicio –balearon a seis en una semana- y a los restaurantes, con un eslabón que une los casos: la banda de Los Monos.

El sábado pasado otro club de barrio fue blanco de un ataque a tiros. Pero allí también hay una trama ligada a cuestiones oscuras. Se trata del club Echesortu, ubicado en el barrio que lleva ese nombre, donde funcionaba una mesa de dinero. Se presume, según las investigaciones judiciales, que allí se lavaba dinero del narcotráfico.

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Las balaceras vienen azotando a Rosario desde hace meses: escuelas, estaciones de servicio, restaurantes y, ahora, clubes.

Las balaceras vienen azotando a Rosario desde hace meses: escuelas, estaciones de servicio, restaurantes y, ahora, clubes.

En septiembre del año pasado, el club Echesortu fue allanado por efectivos de Gendarmería en un operativo que incluyó doce allanamientos por lavado de activos en Rosario vinculados a la banda de Yalil Azum, quien supuestamente manejaba la financiera en el club.

De acuerdo a los investigadores, en la causa se investigan maniobras ilegales en operaciones inmobiliarias, compra y venta de vehículos, juego ilegal online, otorgar préstamos a tasas usurarias y explotar una flota de taxis, entre otros. Todo esto con dinero proveniente del tráfico de drogas.

En la investigación que realizaron los fiscales Viviana O´Connell y su par Alejandro Ferlazzo se detectó el crecimiento exorbitante a nivel económico de Yalil Azum y su entorno a través de vinculaciones con miembros de organizaciones criminales, como Los Monos, entre ellos, Rubén Segovia, ex jefe de la barra de Newell´s, asesinado en la cárcel de Coronda, y Alejandro González, exsicario de los Cantero.

Los ataques a balazos se transformaron en un método en Rosario para amedrentar o para obtener dinero en forma de extorsión. Desde la Fiscalía de Rosario señalaron en noviembre pasado que se producía un promedio de más de diez ataques por día.

Este tipo de atentados provoca muchas veces heridos por la cantidad de proyectiles que se disparan para amedrentar. Esto llevó que, según cifras del Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe, hasta el 31 de noviembre se produjeran 784 heridos de bala en el departamento Rosario, donde durante 2021 hubo 241 homicidios, la cifra más alta desde 2015.

De acuerdo a este informe oficial, “si se considera la distancia entre el lugar del hecho y el domicilio de la víctima, en los casos en los que se cuenta con ambos datos (97% del total), poco más de la mitad de los/as HAF fueron lesionados/as a menos de 500 metros de sus residencias”.

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