La Justicia santafesina dará a conocer este viernes la sentencia del juicio contra el transportista Jorge Pereyra, acusado de haber abusado sexualmente de su sobrina durante años. La Fiscalía y la querella piden 20 años de prisión. La defensa reclamó la absolución de culpa y cargo.
El fallo de los jueces Sergio Carraro, Martín Torres y José Luis García Troiano se leerá a partir de las 12:30 horas en la sala 1 de los tribunales santafesinos donde se realizó el debate oral y público.
La acusación estuvo a cargo de los fiscales Roberto Olcese y Alejandra Del Río Ayala, de la Unidad Especial de Violencia de Género, Familiar y Sexual, y por las abogadas querellantes Carolina Walker Torres y Agustina Taboada en representación de M., la denunciante.
Jorge Ulises Pereyra fue asistido durante el juicio por los abogados defensores particulares Diego Lorefice y Cintia Duarte. La sentencia será dada a conocer por el tribunal el viernes en horario a determinar por la Oficina de Gestión Judicial.
Las últimas palabras de M.
M. fue la última persona en expresarse ante el tribunal al finalizar la exposición de los alegatos de las partes. La joven, que se dirigió al tribunal en una sala de audiencia desalojada para la ocasión, agradeció a los jueces por la escucha respetuosa y a la Fiscalía y a sus abogadas por el trabajo realizado. M. manifestó haberse sentido muy contenida por el equipo de profesionales y reclamó “que todo esto termine” para “poder tener una vida digna”.
"El delito más aberrante"
Antes de su declaración se realizaron los alegatos de clausura de las partes. La Fiscalía comenzó realizando un punteo de los hechos no controvertidos: el vínculo entre M. y Pereyra, la actividad laboral del acusado, los lugares de residencia y las escuelas a las que asistió la joven, entre otros detalles.
Luego, Del Río Ayala se enfocó en el relato de M., que fue la primera en declarar en el juicio. La fiscal remarcó la reiteración en su relato: en el juicio, durante la investigación, a su familia, a su pareja, a la psicóloga… Además, se trató de un relato sostenido en el tiempo: lo contó por primera vez a los 17 años, en octubre 2009, y lo mantuvo hasta el día de su declaración en el juicio.
Este relato sobre los abusos padecidos es coherente y detallado: interacciones, referencia de sensaciones, vinculación entre lugares y tiempos, episodios puntuales de abuso… La fiscal remarcó también el revelamiento progresivo que realizó M.: primero, a sus padres les contó lo que pudo, les refirió tocamientos. Luego pudo ir contando más detalles.
Del Río Ayala remarcó además que durante el juicio pudo corroborar el relato de M. con las declaraciones de los testigos que hicieron referencia a cómo era la dinámica familiar y escolar, y cómo M. contó por primera vez lo que padecía: una noche, en medio de una discusión con su hermana y su mamá. Toda esta información que fue aportada de manera “armónica” por los diferentes testigos.
Luego la fiscal se refirió al daño psíquico “inconmensurable” que presenta M. según la información aportada por la pareja de M., por la psicóloga que la asistió durante años, y por la perito que analizó el daño. Del Río Ayala remarcó además que la falta de motivación de M. para sostener durante años hechos que no hubieran ocurrido; en este sentido, la fiscal recordó que durante años se negó a radicar la denuncia y que recién lo hace cuando fallece su abuela, quien le había pedido que no hiciera nada hasta que no fallezca.
Finalmente, la Fiscalía cuestionó los “dos, o tres o cuatro móviles, según cómo se vea” que expuso la defensa: una supuesta relación paralela de la mamá de M., que nada tiene que ver con los abusos, la intervención de una amiga de la mujer, a la que tildaron de conflictiva, y finalmente, conflictos con una faltante de dólares y de un televisor color: “es ridículo pensar que una persona puede denunciar un padecimiento sexual de 11 años por un televisor”, cuestionó la fiscal.
Por último, Del Río Ayala se refirió a los testigos de la defensa: marcó contradicciones manifiestas entre la mayoría de los testigos, en especial entre aquellos que aseveraban que sus hijos eran los últimos en bajar del transporte conducido por Pereyra, incluso en periodos de tiempo coincidentes. La fiscal recordó también que uno de los choferes confirmó que M. viajaba en el transporte con Pereyra: “de los 14 testigos de la defensa, nueve no aportaron nada y de los cinco restantes uno fue de cargo y los demás se contradijeron”, manifestó la fiscal.
A continuación, las abogadas querellantes adhirieron a lo manifestado por la Fiscalía y remarcaron que “ha quedado absolutamente acreditado que Pereyra se aprovechó de la inmadurez de M. para someterla a los tratos más denigrantes”. En este sentido, recordaron la declaración de M., de la que surgió “un pormenorizado relato de abusos sistemáticos ocurridos durante años”.
En relación a la primera circunstancia de violación relatada por M., las profesionales recordaron que lo que hace verosímil el relato son los detalles de “reviviscencias perceptivas”: la referencia a las luces, a las sensaciones que le generaba, al dolor… Las querellantes refirieron también a cómo operaron las amenazas de Pereyra en M.; cómo le decía que iba a matar a sus padres y que ella iba a quedar a su cuidado: “se sentía indefensa, que se paralizaba, que Pereyra tenía un poder sobre ella, que le temía”.
Walker Torres recuerda también la intervención de “Chocho”: un día en el que estaba siendo abusada en el Camping de Rincón, aparece este joven, hoy fallecido, golpeó el vidrio y salió corriendo a contarle a una amiga lo que había visto. La testigo declaró en el juicio y corroboró su relato.
"Los abusos no existieron"
Finalmente, los defensores intentaron poner en crisis el testimonio de M., a la que clasificaron de tener “memoria selectiva” por recordar circunstancias puntuales de abusos y no el año de nacimiento de su hijo. También cuestionaron la intervención de Chocho: “supuestamente existió un testigo ocular que casualmente está fallecido, que en paz descanse. Como Chocho está fallecido pusieron sus palabras en boca de otra testigo”, cuestionó Lorefice.
El defensor también cuestionó que M. manifestó ir divirtiéndose en el transporte, aun cuando sabía que la iban a abusar, e hizo una cuenta de la cantidad de cancanes y ropa interior que M. descartó durante su infancia por verse dañados por los abusos. Lorefice también puso en duda que M. hubiera sido una joven retraída y que no salía, cuando algunos testigos aseguraban que salían e iban a la cancha.
En cuanto al pedido de la abuela de M. que no denuncie hasta su fallecimiento, el defensor cuestionó “menos mal que la señora no vivió 100 años porque si no el delito iba a prescribir por el capricho de una señora mayor”. Lorefice insistió que los abusos no fueron acreditados porque “no existieron”, y que Pereyra hace dos años que vive un infierno por estar detenido siendo inocente.
Por último, el defensor le pidió al tribunal que haga “gala de su valentía” y absuelva a Pereyra de culpa y cargo.
La Fiscalía respondió todos los puntos de los alegatos de la defensa, y remarcó que estuvo cargado de estereotipos de género: "¿a las víctimas de abuso sexual no se les permite una distracción? ¿tienen que estar llorando todos los días? ¿no pueden tener goce y disfrute en nada porque si no no son unas buenas víctimas?", increpó Del Río Ayala.
Al finalizar los alegatos se dispuso un cuarto intermedio; la sala fue desalojada y M. realizó sus últimas manifestaciones ante el tribunal. Al culminar, los jueces dispusieron que la fecha para dar a conocer la sentencia será el viernes en horario a determinar por la Oficina de Gestión Judicial.
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