Este martes culminó la producción de prueba de la acusación en el juicio que se le sigue al transportista escolar Jorge Ulises Pereyra, acusado de abusar sexualmente de su sobrina durante ocho años. Una testigo sostuvo que un amigo en común que tenía con M., la denunciante, vio cómo el acusado agredía sexualmente a la joven.
La declaración se dio ante el tribunal conformado por los jueces Sergio Carraro (presidente), José Luis García Troiano y Martín Torres. El acusado es asistido por los abogados Diego Lorefice y Cintia Duarte, quienes sostienen la inocencia de Pereyra.
La acusación está a cargo de Roberto Olcese y Alejandra Del Río Ayala, de la Unidad Fiscal de Violencia de Género, Familiar y Sexual, y de las abogadas querellantes Carolina Walker Torres y Agustina Taboada en representación de M.
“Me violó las veces que quiso”
Una mujer allegada a la familia, a quien M. y su hermana refieren como tía, fue la primera a quien la joven le contó que su tío la violaba. Esta revelación se dio la misma tarde noche en que, en medio de una discusión con su mamá en octubre de 2009 porque no la dejaba salir, le dijo que el marido de su hermana la manoseaba.
La testigo explicó que ese día llegaron a la casa cuando el papá de M. quería ir a buscar a Pereyra luego de escuchar lo que su hija había contado. La mujer se dirigió al dormitorio donde aún estaban las hermanas junto a su madre; M. la abrazó fuerte y le dijo: “Me violó las veces que quiso”. La mujer recordó esta conversación ante los jueces y explicó que fueron hasta la casa junto a su marido porque la mamá de M. la llamó por teléfono y les relató lo que estaba ocurriendo.
En tanto, una joven oriunda de Rincón que ocasionalmente compartió viajes en transporte con M. recordó lo que le había contado un amigo en común años atrás, en 2009: el chico le contó que había escuchado gritos de una chica en un descampado al que refieren como “camping”, y que al acercarse advirtió que salían de una traffic blanca; cuando se acercó, vio en el interior a M. siendo agredida por su tío, a quien todos conocían por ser el transportista del barrio. El muchacho efectuó dos golpes en la ventanilla y salió corriendo a contarle a su amiga.
La testigo sostuvo que recién habló con M. sobre esto el año pasado, cuando la esposa de Pereyra la buscó para que salga de testigo en el juicio a favor de su marido. M. le dijo que recordaba los golpes en la traffic y que esa tarde la habían salvado.
Luego declaró una familiar de M.; la testigo recordó que conoció a la joven en 2006, cuando se puso de novia con un primo de su mamá y su tía, la esposa del acusado. Que en ese entonces era una nena retraída, sin amigos. La testigo recordó cómo conoció la situación de abuso padecida por M. y relató una conversación que M. mantuvo con su tía y uno de sus primos: “¿Vos sabías lo que me hacía tu papá cuando era chica? Me violaba”.
Finalmente, declararon profesionales de la salud mental que asistieron y entrevistaron a M. en diferentes oportunidades: la psicóloga con la que comenzó terapia en 2020, la psicóloga que le tomó la entrevista en el MPA tras realizar la denuncia y una perito que dio cuenta del daño psíquico que le generaron las agresiones sexuales padecidas durante tantos años.
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