Este miércoles, desde las 8.30 en los Tribunales de Santa Fe, se realizarán los alegatos finales en el juicio del caso M, instancia previa a que se conozca la sentencia contra el acusado. La conclusión de los jueces podría conocerse entre el jueves y el viernes de esta semana. El imputado es Jorge Pereyra, transportista escolar, al incriminado se lo acusa de haber abusado sexualmente de su sobrina durante más de ocho años. Tras varias idas y venidas, el juicio se inició el pasado 13 de junio, cuando pudo declarar ante los jueces la supuesta víctima de abuso.
Los alegatos de apertura de las partes fueron breves y escuetos. La Fiscalía y la querella sostuvieron que Pereyra abusó de M. de manera reiterada, aproximadamente desde 1998 cuando la joven tenía 6 años de edad, hasta la adolescencia. Los abusos eran cometidos cuando el hombre la traía de la escuela en el transporte, en diferentes descampados de Rincón y Arroyo Leyes.
“Les pido una escucha respetuosa, M. viene con miedo, con mucha vergüenza y con una mochila que la acompañó durante su infancia y su adolescencia; una mochila que hoy se queda acá”, sostuvo Taboada.
El bloque acusador adelantó que lograran probar la responsabilidad de Pereyra en los hechos y adelantó que solicitará que el acusado sea condenado a 20 años de prisión como autor de abuso sexual con acceso carnal agravado por la guarda, en concurso ideal con promoción a la corrupción de menores agravado por la guarda.
Por su parte, los defensores adelantaron que reclamarán la absolución de Pereyra porque los hechos endilgados por la acusación “nunca ocurrieron”.
La primera en declarar como testigo fue la propia denunciante, M. La joven declaró durante dos horas a puertas cerradas, sin la presencia del imputado ni del público en la sala 1 de los tribunales santafesinos.
Luego, declaró su núcleo familiar cercano: la mamá, el papá y la hermana. Los tres recordaron cómo fue esa tarde- noche de octubre de 2009, cuando M. les contó someramente que su tío la había “manoseado”.
La revelación se dio en el marco de una discusión que las hermanas mantenían con su madre, porque ellas querían salir y la mujer no las dejaba: “ustedes son muy chicas, la calle es peligrosa, pueden pasar cosas malas”, les decía la mamá; entonces, M. comenzó a llorar y dijo: “esas cosas malas a mí ya me pasaron”.
Cuando la mujer le preguntó a qué se refería, la joven le dijo que “me las hizo el esposo de tu hermana”. Los testigos recordaron que, en aquella primera conversación, M. les dijo que su tío la había “manoseado” y que había sido sólo una vez.
La hermana recordó entonces por qué M. insistía en volver en colectivo de la escuela, y no en transporte con su tío. La joven también les dijo que no quería hacer la denuncia y después no volvió a hablar del tema hasta varios años después.
Esa segunda revelación fue con su hermana; la testigo recordó una conversación en 2016, luego de hablar con su tía, esposa del imputado, que le pedía fechas y precisiones. Cuando le refirió esta charla a M. también hablaron sobre la relación de noviazgo que la denunciante había iniciado con un joven; fue en ese contexto donde M. admitió que Pereyra no sólo la había tocado, sino que también la había violado.
Sin embargo, M. hizo la denuncia penal recién en 2021, y su familia se enteró el día después. El papá recordó que nunca la presionaron para que denuncie, y que siempre la apoyaron y la acompañaron: “ella se tomó su tiempo, nos dijo que iba a hacer la denuncia cuando falleciera su abuela”, recordó el papá.
Los testigos también recordaron que M. refirió tener vergüenza, miedo de que no le creyeran y de perder a su tía y a sus primos, además, dijo que estaba amenazada por Pereyra: el hombre le decía que si ella contaba lo que pasaba le iba a hacer lo mismo a sus primos y a su hermana.
Los testigos también recordaron cómo cambió M. durante su infancia y adolescencia, su tránsito escolar (repitió dos cursos en la primaria) y cómo llegaba a su casa cada vez que la traía Pereyra: de mal humor y azotaba las puertas.
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Cuando la cambiaron de escuela y dejó de viajar en transporte con Pereyra, mejoró su nivel y terminó siendo abanderada. “Después atando cabos me di cuenta de que no fue normal su infancia, me di cuenta tarde y no me lo voy a perdonar nunca”, se lamentó su papá ante el tribunal.
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