La segunda jornada del juicio oral y público por el homicidio del comerciante Julio Cabal (29), ocurrido en una fiambrería de Urquiza al 2200 tras un asalto, tuvo como protagonista a una testigo central del caso: la empleada del local Marianela M., que estuvo en el momento del robo, y quien revivió este martes cómo fue el fatídico 17 de septiembre del 2019 en el que un delincuente le puso fin a la vida del Cabal tras matarlo con un balazo en el pecho.
Su testimonio fue requerido por los fiscales Ana Laura Gioria y Gonzalo Iglesias, como así también por las abogadas querellantes, Lucrecia Fernández y Vivían Galeano, que asisten durante el debate a Ines Masino, la mamá de la víctima fatal.
Si bien la empleada de la firma no reconoció la cara del delincuente que mató a su jefe, su relato permitió a la Fiscalía y querella poder confirmar ante el tribunal que el autor del robo, ante la resistencia de Julio Cabal, mató al comerciante porque no logró cometer el asalto, situación que encuadra en un homicidio criminis causa.
“Ese día era un día normal de trabajo. Estaba yo y Juli”, contó la testigo ante los jueces Jorge Patrizi, Susana Luna y José Luis García Troiano. “Un rato antes fue el papá, como casi todos los días, ya que siempre nos traía productos del otro negocio o pasaba por pasar”, agregó.
La mujer narró que a pocos minutos de cerrar el comercio se puso a limpiar con el objetivo de dejar todo ordenado para la tarde. “Estaba limpiando una de las máquinas y con Juli nos pusimos a charlar algo que no recuerdo y en un momento vimos una persona y se nos puso al costado”, recordó.
“A esta persona no la vimos entrar por la puerta porque en ese momento teníamos una columna que obstruía la visual de donde estábamos nosotros por lo que lo vimos a la mitad del negocio”, destacó y rememoró que el delincuente les empezó a exigir que se tiraran al piso. “Juli le decía que no”, sostuvo.
“En un momento Juli se encuentra con un espacio y se cae, pero no alcanza a caerse. En ese instante yo me escondí y después escuché los tiros”, dijo Marianela M. “Después de ahí, cuando ya no escuché más nada, lo escuché a él puteando (por Cabal) y se levantaba la remera y entonces le pregunté si le había pasado algo y me dijo que llame al 911”, recordó.
En shock por lo sucedido, la mujer llamó a la mamá de la víctima y luego al padre de este para que enviaran una ambulancia. “No sé en qué momento perdí la noción del tiempo. No podía llamar al 911 ni a la ambulancia. La llamé a la mamá y después al papá y le comenté lo que había pasado”, explicó. Quebrada en su voz, la empleada recordó que una vez realizados los llamados volvió hacia donde estaba Julio. Sin embargo, ya era tarde, estaba desvanecido y con sus ojos cerrados. “Fue un día normal que se convirtió en un horror”, remarcó al borde de las lágrimas.
Julio Cabal fue luego cargado por su papá y un vecino del lugar a la camioneta del comercio y seguidamente escoltado por un móvil policial hasta el hospital José María Cullen en donde se constató su fallecimiento un rato después.
Durante el interrogatorio la testigo indicó además que la persona que cometió el crimen era robusta. “No era una persona alta ni flaca. Recuerdo que todo el tiempo miraba su arma y la movía para todos lados”, se refirió.
Finalmente, la mujer fue consultada por la querellante Vivian Galeano (del Centro de Asistencia Judicial) sobre las consecuencias que dejó haber presenciado el triste y lamentable suceso. “¿Qué pensó en ese momento?”, preguntó la abogada a lo que la testigo fue contundente: “Que me iba a matar”.
— ¿Cómo repercutió en su vida?
— Fue un antes y después. No pude dormir y tuve que tomar pastillas e ir a psicólogos, psiquiatras. No pude manejar más por los ataques de pánico.
La mujer rememoró por último lo buena persona que fue Julio Cabal al cual calificó como "joven supersolidario" y que nunca tenía "malas reacciones". De hecho, recordó cuando en una oportunidad un chico de la calle ingresó al local y pidió algo de comer por lo que Julio le dio un sándwich. Sin embargo, como hacía mucho frío y el joven estaba desabrigado, el comerciante se sacó su campera y se la regaló. “Tenía un corazón enorme”, concluyó la entonces empleada del almacén.
La boina y un peritaje clave
El segundo día del juicio ventiló también el peritaje que fue realizado a la boina que el asaltante dejó tirada en el local tras matar a la víctima. Se trata de un accesorio de color negro y blanco y en el cual los especialistas detectaron tres pelos “blancos, cortos, lisos y con bulbo”.
Esos restos biológicos fueron cotejados por especialistas y comparados con el ADN del imputado que tiene la causa, Juan Cruz “Colita” Gambini, pero el resultado fue que no eran del acusado. Sin embargo, el estudio biológico avanzó sobre otros patrones genéticos y determinó que correspondían a Gambini (padre) o un hijo del imputado.
Tal prueba permitió a la Fiscalía vincular al acusado con el local donde mataron a Cabal y así unirlo con la concatenación de hechos previos y posteriores que ocurrieron en el lapso de tiempo en que ocurrió el homicidio.
Es que, según la hipótesis de la Fiscalía, aquel 17 de septiembre del 2019 el hecho fue cometido por un motociclista que fue captado inicialmente por una cámara de Mendoza y San José, cerca de las 13.15. Dicho registro, grabó a un hombre que iba en una motocicleta blanca, con un pantalón oscuro con una línea blanca y un buzo, tipo canguro, gris y que llevaba en su cabeza una boina color claro.
Minutos después, a las 13.26, un hombre con similares características fue captado en avenida Freyre y Salta, pero sin ninguna gorra en su cabeza. ¿Era el mismo? Es la pregunta que se hicieron las partes durante las dos jornadas de juicio. La respuesta por el momento es la gorra encontrada en el local de Julio Cabal que justamente contiene ADN correspondiente a un familiar de Gambini, el hoy imputado y el cual afronta un pedido de prisión perpetua por el bloque acusador.
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