martes 7 de julio de 2020
Policiales | tráfico de armas | Argentina | Paraguay

Argentina empieza a aparecer como proveedor de armas a bandas brasileñas

En medio de la pandemia, en la triple frontera se activaron las alarmas con la detención de supuestos miembros de la organización criminal brasileña Primer Comando Capital (PCC). El armamento es clave en la relación con estas bandas.

Hasta ahora sólo habían aparecido vestigios de Primer Comando Capital (PCC) en la Argentina corporizados en lo que se denomina “lobos solitarios”. No se había detectado una presencia orgánica de esta organización criminal brasileña en Argentina, que está fuera del radio de suministros de estupefacientes, a diferencia de los países productores de droga, como Paraguay, Bolivia y Perú. Pero Argentina empezó a ser visible en el radar como un posible proveedor de armas y con condiciones favorables, como ocurrió hace una década con el desembarco de narcos colombianos, para lavar dinero.

En medio de los controles en las fronteras por la pandemia se encendieron alarmas en la Ruta Nacional 12, en la localidad de Candelaria (en Misiones). La Gendarmería detuvo a dos sospechosos que iban en un Nissan Sentra robado: un paraguayo que ingresó en el país ilegalmente con municiones y una pistola Glock 9 mm y un misionero que desde septiembre del año pasado es investigado por sus vínculos con el Comando Vermelho (CV) y el Primer Comando Capital.

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El Comando Vermelho es una de las bandas criminales más peligrosas de Brasil.

El Comando Vermelho es una de las bandas criminales más peligrosas de Brasil.

Las miradas de los organismos de inteligencia y de seguridad de los tres países siguen atentos este fenómeno de franquicia criminal de PCC y Comando Vermelho. En la provincia de Santa Fe el vestigio más nítido es el tráfico de armas.

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El 3 de marzo pasado, dos paraguayos que compraron parte del arsenal de armas de guerra, que salía desde Rosario hacia Asunción, fueron condenados en Paraguay por tráfico ilegal de material bélico. En esa trama aparece como destinatario final de los fusiles, pistolas y municiones el Primer Comando Capital, que domina parte de ese país, con epicentro en Pedro Juan Caballero.

Los “empresarios” paraguayos Carlos León Ocampo y Eduardo Ramírez Cantero, alias Matungo, fueron detenidos en Asunción a fines de julio pasado, por orden del juez en lo Penal Económico N° 2 argentino, Pablo Yadarola, quien está al frente en la Argentina de una de las causas más grandes de los últimos tiempos sobre tráfico de armas, luego de que la agencia norteamericana Homeland Security detectara el envío en encomiendas desde Florida a Buenos Aires de partes de fusiles de asalto AR-15.

El magistrado dilucidó en la investigación que los destinatarios del armamento que llegaba a la Argentina eran Ocampo y Ramírez Cantero, quienes eran los intermediarios, según detectó una causa anterior en Paraguay, de PCC.

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Uno de los secuestros de armas que se realizaron en Paraguay.

Uno de los secuestros de armas que se realizaron en Paraguay.

Los envíos de las armas que recibían León Ocampo y Ramírez Cantero en Paraguay se hacían desde Rosario, donde tras acopiarse en una residencia de San Martín 2076, departamento C, donde vive Luis Ragusa, hermano de Román, uno de los líderes de esta organización que está actualmente procesado y detenido. En cajas que iban en los colectivos de la empresa Nuestra Señora de Asunción se entregaban fusiles y armas de todo tipo, entre ellos FAL. En la última semana apareció ese tipo de fusil liviano en manos de un miembro de la banda de Los Monos, que descartó en una persecución policial en Rosario tras herir de gravedad a un policía.

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“Hay presencia de PCC en la triple frontera, especialmente por el tráfico de armas Bersa de Argentina”, señaló en diálogo con Aire de Santa Fe Allan Abreu, periodista de la revista Piauí, que publicó en noviembre pasado una investigación sobre el mercado negro de armas de Río de Janeiro, que se provee de armas provenientes de Argentina. Abreu reconstruyó la ruta de una pistola Bersa, fabricada en Argentina, que llegó ilegalmente a la favela Nova Holanda en Río de Janeiro y sirvió para que Flávio dos Santos Rodrigues matara a su padrastro, un pastor evangélico, casado con su madre, la diputada federal Flordelis dos Santos de Souza.

El principal proveedor del mercado negro de armas de Brasil era Paraguay, que importaba armamento de Estados Unidos. Según Abreu en 2017, “Paraguay fue el país de América Latina que más importó armas de Estados Unidos, con un total de 4,16 millones de dólares”. El autor del libro de investigación “Cocaína-A Rota Caipira” señala que “en mayo de 2018, Paraguay, bajo la presión del gobierno de Estados Unidos suspendió las importaciones de armas destinadas a la venta a civiles”.

El contrabando de las armas y el pago del "servicio" se hacían por intermedio de choferes de ómnibus de larga distancia que unían Asunción con Rosario y Buenos Aires.

En Paiuí, Abreu advierte que “como el crimen no deja un vacío (la demanda de armas ilegales en Brasil continúa a toda máquina), los traficantes en Paraguay han encontrado una salida en Argentina”. Ese es el punto que explica porqué de pronto Argentina empezó a importar armas de Estados Unidos que tenían como destino Paraguay, como detectó Homeland Security en 2019 que terminó en la investigación judicial a cargo del juez en lo Penal Económico Yadarola, que detectó una red de traficantes de armas que adquirían partes de fusiles y los armaban en Argentina, que después tenían como destino a Paraguay, donde los contactos con PCC eran León Ocampo y Eduardo Ramírez Cantero.

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La fiscal paraguaya Lilian Ledesma sostuvo que el juicio contra estos dos traficantes de armas fue muy complejo y casi naufraga porque "los abogados defensores presentaron varias recusaciones". León Ocampo es un empresario con fuertes influencias en el Poder Judicial y la política paraguaya. Es cuñado de Alberto Martínez Simón, ministro de la Corte Suprema paraguaya.

Este acusado, de 57 años, no solo proveía a organizaciones criminales, como se sospecha en la causa, sino también a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas de Paraguay. Para esa tarea -según surge del expediente en Asunción- creó la empresa Comtecpar, que entre 2011 y 2014 importó material por 569.885 dólares en "blanco".

El contacto con estos dos traficantes de armas paraguayos en Argentina era –según se desprende del expediente- Román Ragusa, que desde Rosario enviaba las armas a Asunción. El contrabando de las armas y el pago del "servicio" se hacían por intermedio de choferes de ómnibus de larga distancia que unían Asunción con Rosario y Buenos Aires.

En los mensajes de WhatsApp entre Ragusa y Cantero se mencionaba como "piloto" al chofer del ómnibus que llevaba las armas hacia Paraguay y que utilizaba los viajes a la Argentina para regresar con el pago. "El piloto viaja el domingo y lleva la plata para los seis pendientes. Luego me pasás el número del secretario", escribió en uno de los mensajes Ramírez Cantero. Ragusa le respondió: "Oki. Veo si consigo acá los cargadores".

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