Otra vez recrudecieron los homicidios violentos en Rosario con un tendal de siete muertos en seis días de la semana que acaba de terminar. Detrás de cada hecho se condensan las historias, no necesariamente ligadas a lo que se presume como el sofisticado mundo crimen, sino que a veces se trata la reacción desmedida para resolver conflictos con raíz social que se plantean entre nuevas generaciones de jóvenes, desquiciados algunos, otros como parte de un engranaje que necesita de mano de obra barata dispuesta a gatillar a mansalva para marcar la cancha.
Mayo comenzó picante en el departamento Rosario, y el promedio de muertes violentas se disparó tanto como la curva de contagios que se llevó vidas por el Covid-19. Desde el día del trabajador hasta el viernes, hubo 16 homicidios, más de uno por día. Y esta semana que acaba de terminar no dio respiro. La cifra de asesinatos en lo que va del año llegó a 93. El año pasado en el mismo período se contabilizaron 72 bajo esa categoría, restricciones mediante y controles en la calle.
El pibe de quince años, y el vecino inocente
La secuencia comenzó el domingo 9 a la madrugada, cuando la sangre regó las calles de Nuevo Alberdi. A las 2.30 ejecutaron sin piedad a Eric Elían Luque, de apenas 15 años. El chico se trasladaba junto a un amigo en una moto por Polledo y Cullen. Como fantasmas aparecieron otras dos personas y les dispararon. Eric murió en el lugar; su amigo, de la misma edad, sufrió una herida en el hombro.
Los investigadores recogieron seis vainas servidas en la escena, esparcidas en la tierra. Los vecinos mostraron indignación porque el pibe que murió “no se metía con nadie”, y de acuerdo a esos relatos, tampoco su familia tenía conflictos visibles.
No muy lejos de allí, la escena de violencia clavó un punto rojo en una vereda del barrio Parque Casas, en un franja humilde conocida como El Churrasco. Se trata del noroeste rosarino ganado por los conflictos que sembraron cadáveres. De un lado, lugartenientes del asesinado Ema Pimpi Sandoval, y del otro, Los Romero de Nuevo Alberdi. El telón de fondo: el delivery de droga.
Gerónimo López, un vecino de 74 años, salió de su casa en Cavia y Larrechea el domingo a las 19.15 para visitar a una hija que vive a dos cuadras. A los pocos metros se detuvo para conversar con una vecina, Claudia, de 35 años. De golpe apareció un auto color gris (testigos dijeron que era un Volkswagen Gol) con al menos dos ocupantes que gatillaron discreción, al parecer sin un blanco fijo.
López recibió disparos de arma de fuego en el abdomen y se desvaneció. Su vecina en la pierna derecha y también en abdomen. El hombre fue asistido en el Hospital Alberdi, pero no resistió y murió el lunes a la tarde. No se sabe para quién eran las balas, pero la víctima fatal no tenía conflictos y todo indica que se trata de otra vida inocente que sucumbió en medio de la locura que reina en ese sector de la ciudad.
A partir del relato de vecinos, se cree que los tiradores utilizaron dos armas, una de ellas a repetición calibre 9 milímetros. Claudia fue internada en el Clemente Álvarez fuera de peligro.
Cuando la fiscal de la Unidad de Homicidios Dolosos Marisol Fabbro no terminaba de procesar la información por esos crímenes, el lunes tuvo que intervenir en otro sector de la ciudad zamarreada por la violencia. A las 20 de ese día el estampido de un par de balazos retumbaron en una casa de pasaje 1876 al 3500 (Provincia Unidas y Bulevar Seguí).
En el techo, y arrastrando un conflicto
El hecho fue confuso. A Matías Ezequiel Ibáñez, de 21 años, lo mataron en el techo de su casa de un balazo en el tórax luego de mantener un conflicto a diez cuadras de allí. El joven, según explicó su hermana luego del hecho, decidió ir con el hermano mellizo al asentamiento conocido como La Lagunita para comprar marihuana.
Aunque se cree que había una bronca de arrastre, allí mantuvo una discusión con un hombre con el que se habría tomado a golpes. Al sentirse amenazado de muerte, Ibañez decidió recular y escapó. Pero lo hizo en una moto que no era suya, y tomó de otra persona que estaba en el lugar. La puso en marcha y fugó hasta llegar a su casa.
Hasta allí lo persiguieron al menos dos personas, según dijeron testigos, a bordo de un taxi. Uno de los ocupantes del auto de alquiler se bajó y comenzó a dispararle mientras Ibañez intentaba escabullirse por los techos de la vivienda. No pudo, un certero disparo le impactó en el pecho y cayó gravemente herido. Lo llevaron al Policlínico San Martín pero no pudieron salvarle la vida.
La secuencia de crímenes en esas primeras 72 horas furiosas prosiguió el martes a la noche. Otra vez la zona norte como campo de batalla. Esta vez en Machain al 1400, esquina Blas Parera, también barrio Casiano Casas y a unas 15 cuadras de donde el domingo habían matado al vecino López.
Eran las 20.10 de una noche fría. Pero a Gastón Emanuel Quiroz, de 26 años, no le importaba y estaba en la calle, casi en la puerta de la casa. De golpe apareció un moto de alta cilindrada con dos hombres, uno de ellos desenfundó una pistola y gatillo. El joven se desmoronó al recibir un balazo en el pecho, y los agresores escaparon a toda velocidad.
Los vecinos y familiares esperaron escuchar el ruido de la moto para salir. Ibañez fue trasladado al Hospital Alberdi donde constataron que había fallecido en el camino. El personal de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) recogió al menos seis vainas servidas calibre 40, que causan tanto o más daño que una 9 milímetros.
Vía Honda dos ajusticiados en menos de 24 horas en 100 metros
El miércoles a las 19.30, en la barriada humilde conocida como la Vía Honda (Provincias Unidas y Patagones) donde los descampados se abren entre calles que serpentean y desembocan en caseríos empobrecidos, cuatro hombres jóvenes cada uno con arma de fuego entraron desaforados a un predio de una cooperativa de cartoneros que regentea una familia.
Cuando el grupo de personas que trabajaba en el lugar, entre los que había mujeres, niños y hombres los vio venir, se generó un desbande, corridas desesperadas para resguardarse de los tiros. Los agresores dispararon más de 20 veces. Pudo ser una masacre, pero el que recibió la descarga letal fue Maximiliano Guillermo Romero, de 26 años.
Según los primeros datos, a Romero lo tenían marcado. Mientras estaba con un amigo, los agresores bajaron de un auto Renault 9 gris, le preguntaron “¿vos sos Romero?” y comenzaron a disparar. Tres tiros le dieron en la cabeza. Los investigadores recogieron del lugar vainas de proyectiles calibre 40 y 9 milímetros. “Lo mataron a él, pero fue una ráfaga impresionante que pudo dejar más muertos”, indicó un vecino testigo de la secuencia.
No pasaron 24 horas, y a 100 metros del lugar, el jueves a las 18 otra vez el sonido inconfundible de los proyectiles percutados. ¿Un vuelto o réplica por el ataque a Romero? No se puede asegurar. Todo se confunde y un hecho supera a otro. Esta vez fue en Patagones y Presidente Quintana. Un dúo en moto ajustició a Lautaro Giangreco, de 26 años y vecino del barrio.
El joven quedó tirado en la calle, otro cuerpo inerte frente a los vecinos, que un día antes ya habían asistido a una escena de terror. Cuando los médicos policiales constataron el fallecimiento de Giangreco, quedó en evidencia que los asesinos se aseguraron que muriera: tenía cinco tiros: en el pecho, la cabeza, la oreja derecha, la espalda y el hombro izquierdo.
República de la Sexta, a pasos del complejo universitario
Al menos hasta la producción de esta nota, la secuencia de un homicidio promedio por día no se detuvo. El viernes, a las 21, un joven fue atacado a tiros en Berutti y Esmeralda, en el corazón del barrio República de la Sexta y a pasos del ingreso al Complejo Universitario Rosario (CUR), conocido como La Siberia.
La hermana del herido lo llevó en un auto particular Peugeot sin patente visible al Hospital Provincial, donde no pudieron hacer nada para salvarle la vida. La víctima fue identificada como Víctor Hugo Cardozo, un albañil de 24 años.
La mecánica y motivaciones del hecho no están claras, aunque la zona es punto de conflictos recurrentes por venta de droga al menudeo. Apenas se indicó que la familia estaba dentro de la casa cuando escuchó disparos. Al salir vieron a Cardozo tendido en la vereda muy mal herido en medio de un charco de sangre.
La hermana del fallecido se encargó de sumar incertidumbre, porque al declarar ante la policía aseguró que el joven no tenía conflictos con nadie y no sabía los motivos del ataque. Los peritos, una vez más, recogieron tres vainas servidas calibre 9 milímetros.
Aunque sin vinculación a una cuestión delictiva sino a conflictos interpersonales, el viernes murió apuñalado un hombre en condición de calle, que se peleó con otro en inmediaciones de la Terminal de Ómnibus Mariano Moreno. Aunque no tiene motivaciones delictivas, esa muerte se cuenta como un homicidio doloso. La víctima no fue identificada.
Rosario y Santa Fe, condensan el 90 por ciento de los crímenes
La preocupante escalada de homicidios de la última semana en Rosario tiene varias lecturas y múltiples causas. Pero la impresionante circulación de armas en poder de las bandas y sicarios baratos queda en evidencia en los allanamientos y secuestros casi cotidianos que hacen la fuerza de seguridad de la provincia.
Según un informe del Observatorio de Seguridad Pública de Santa Fe, se emplearon armas de fuego en tres de cada cuatro homicidios que tuvieron lugar en la provincia en este 2021. Ese mismo relevamiento indica que el departamento Rosario concentra el 61,4 por ciento de los homicidios, y Santa Fe 27,2 por ciento de crímenes.
En toda la provincia, indica el informe, cuatro de cada diez de los homicidios de este año obedecen a motivaciones asociadas con organizaciones criminales y economías ilegales, y una proporción muy similar se inscriben en situaciones interpersonales. Un porcentaje más bajo de muertes se da en contextos de robo.
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