Por Ignacio Mendoza
Una gorra y una moto. Dos testigos. Un pantalón azul con linea blanca. Un rostro con o sin barba. Un cuero cabelludo recién rasurado junto a una serie de registros fílmicos de cámaras de seguridad públicas y privadas son hasta el momento los elementos centrales con los que cuenta la causa que investiga el asesinato de Julio Cabal, el joven de 29 años que un mes atrás, tras resistirse a un asalto en su almacén de Urquiza al 2200, terminó con un balazo en su pecho que provocó la muerte en el hospital José María Cullen.
Por el caso, la Justicia provincial tiene como principal sospechoso a Juan Cruz Gambini, acusado de haber sido quien aquel fatídico 17 de septiembre arribó en moto al local “Almacén del Norte” y mediante el empleo de un arma de fuego, un revolver 32 largo, asaltó a Cabal y su empleada para que ambos le entreguen la recaudación del día. El mismo, se encuentra detenido en la actualidad con prisión preventiva en el pabellón 5 Norte de la cárcel de Coronda y a la espera de que la Oficina de Gestión Judicial de Segunda Instancia defina el día y hora para que se lleve a cabo la apelación que será ante el juez Sebastian Creus y que fue requerida por la defensora pública, Magalí Mazza.

Gambini fue detenido tres días después del fatal desenlace por agentes de la División Homicidios de la Policía de Investigaciones (PDI). El mismo terminó aprehendido en la esquina de Gaboto y Crespo cuando estaba por subirse a una motocicleta color blanca, la pieza central de un rompecabezas judicial que se reconstruyó paso por paso.
Sospechado
La principal hipótesis del caso apunta a que Gambini aquel día, cerca de las 13.15, pasó en moto por Mendoza y San José en dirección hacia el este. Minutos después, a las 13.26, un motociclista, con similares características, fue registrado en la esquina de Salta y avenida Freyre cuando circulaba a toda velocidad y de manera imprudente en dirección al oeste.
La vinculación de tal motociclista con el homicidio de Cabal, fue establecida luego de tres elementos claves que fueron recopilados durante tres días de investigación: el hallazgo de una boina color negra y blanca -tipo cuadrillé- que quedó tirada en el almacén tras el robo; el testimonio de la empleada; y la declaración de un testigo de identidad reservada, que un día después del hecho, se acercó a la Fiscalía de Homicidios y aportó datos puntuales sobre quien pudo haber cometido el crimen. A esos tres elementos, se suma además que los agentes de investigación elaboraron un informe de inteligencia donde se sindicó a Gambini como quien no habría estado “ajeno a la situación”.
Con tales evidencias recolectadas, los investigadores pudieron determinar que el conductor de la moto blanca, que primero fue visto en la esquina de Mendoza y San José llevaba una gorra de similares características a la que fue encontrada en el interior de la fiembrería donde fue asesinado Cabal. Ese mismo conductor, cuando cruzó Salta y avenida Freyre, no tenía ningún accesorio puesto en su cabeza.

La construcción hipótesis tuvo su cimiento cuando el testigo de identidad reservada dijo que en el lapso de tiempo investigado vio salir a un hombre del almacén que vestía un pantalón azul, un buzo tipo canguro, de rulos, barba y con “pocitos” en el rostro. El mismo, según indicó dicho testigo, subió a una motocicleta tipo 110 y huyó a toda velocidad por calle Salta en dirección al oeste. Una motocicleta muy similar, fue la que tenía en su poder Gambini al momento de su detención. Y no solo ello, sino que también llevaba puesto un pantalón azul, el mismo que dijo ver el testigo central de la causa.
La Fiscalía también sembró sospechas sobre el imputado ya que cuando fue aprehendido por agentes de la Policía de Investigaciones tenía parte de su pelo recién rasurado como así también su rostro. Tal circunstancia, generó suspicacia sobre si el joven de 23 años horas después del crimen de Cabal se cortó parte de su cabello y barbilla.
El pantalón, ahora es clave
Si bien la hipótesis de la Fiscalía a punta de lleno a Gambini como el autor del asesinato, los investigadores no se resignan a que el caso vaya a juicio con los indicios que fueron establecidos a un mes del cruento asesinato y que apuntan principalmente al momento previo y el posterior al crimen de Cabal.

Es que a pesar de que en el local se haya encontrado una boina -cuyo peritaje fue solicitado por la Fiscalía para determinar si existen rastros genéticos- , los pesquisas pusieron la lupa en el pantalón que tenía puesto el hombre que manejaba la motocicleta y que fue registrado por distintas cámaras de seguridad. Esa prenda de vestir, según indicaron fuentes del caso a Aire Digital, es clave desde que ocurrió el hecho. Primero porque al momento de ser detenido, Gambini tenía un pantalón similar al que registraron las cámaras. Y segundo porque el testigo de identidad reservada dijo que al hombre que vio salir del local llevaba puesto un “pantalón azul”.
Por esa razón, la estrategia de la Fiscalía busca mejorar la calidad de las imágenes capturadas por las cámaras seguridad públicas y privadas que fueron relevadas desde que ocurrió el fatal desenlace. No obstante ello, continúan con la búsqueda de nuevos registros fílmicos que hayan captado al propio Gambini.
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