En los medios el caso no se lo conoció como “el triple crimen de Ibarlucea”, en el que fueron ejecutados de manera cruenta hace dos años, el 29 de enero de 2022, Iván Giménez, su pareja Érica Romero y la bebé Elena Giménez de un año y medio, sino como la “boda narco”.
La masacre de esta familia a la salida del casamiento de Esteban "Pinky" Rocha y Brisa Leguizamón, ambos detenidos en Paraguay tras estar un año prófugos, exhibió cómo una nueva generación de jóvenes que se dedicaban al narcotráfico habían acumulado en muy poco tiempo el dinero necesario para hacer una fastuosa fiesta en Ibarlucea, a 15 kilómetros de Rosario.
Rocha y Leguizamón no eran engranajes claves de las principales bandas criminales. Pretendían ascender en ese engranaje que en Rosario se mueve con sangre y dinero, pero sus roles eran secundarios, por lo que investigó la justicia federal.
Desde hace más de un año, esta pareja está detenida en Asunción, Paraguay, a la espera de la extradición, un trámite lento y engorroso. El fiscal federal Federico Reynares Solari, a cargo de la causa, confirmó a AIRE que “la justicia federal argentina se encuentra abocada a la extradición”.
En un principio se pensó que Paraguay podría expulsar del país a esta pareja para que se evitara el extenso proceso judicial.
Nadie logró dilucidar en la justicia de dónde obtenían el dinero para llevar esa vida de lujo y luego, cuando se fugaron tras la boda sangrienta, cómo pudieron permanecer prófugos un año en Paraguay, donde vivían en un edificio lujoso que se llama Miami, cuyo alquiler tiene un costo de entre 1500 y 2000 dólares por mes, dependiendo de la cantidad de ambientes.
El complejo donde estaban “escondidos” cuenta con un helipuerto y una pileta de 25 metros al aire libre y otra cubierta. Esa vida de magnate no es gratis. Un abogado penalista de larga experiencia señaló que para estar prófugo tanto tiempo no sólo hay que poseer mucho dinero, sino tenerlo disponible y a mano.
En la terraza el edificio Miami tiene un quincho de grandes dimensiones que fue también clave para identificar dónde habían escapado Rocha y Leguizamón. Porque en ese lugar una noche Rocha hizo una bondiola a la parrilla que motivó a que el hermano de Brisa, un adepto como todos a las redes, mencionara en un vivo de Instagram lo bien que cocinaba su cuñado.
Como los investigadores, al mando de Maximiliano Bertolotti, de la Unidad Especial de Investigación de Crimen Organizado, venían siguiendo los pasos en las redes del trapero sospecharon que Rocha estaba en Paraguay. Llegaron a esa conclusión por algunas referencias que se veían en la foto que lograron confirmar.
En otro posteo en IG identificaron que una de las dos jóvenes que aparecían detrás tenía un tatuaje como el que llevaba en una pantorrilla Leguizamón. Llegaron a la conclusión de que se trataba de Brisa y su hermana Nahir.
La historia sobre cómo atraparon a la pareja de prófugos también muestra nuevos perfiles de estos jóvenes narcos, que los carcome el afán por mostrar en las redes sociales un lujo pasajero. Pero no sólo las redes son un imán para esta generación que gana dinero con la venta de drogas. A nivel estético buscan mostrar la contracara de esa marginalidad en la que muchos nacieron y se criaron, con ropa cara y extravagante, joyas y autos.
Una antítesis a estas biografías la configura la vida de Celestina Contreras, la madre de Pájaro y Guille, líderes de Los Monos, que durante las tardes toma mates en la vereda, con las vecinas del barrio Las Flores.
Lo volvió a hacer desde que le otorgaron la prisión domiciliaria el año pasado. Ella nunca se fue del barrio, donde se sospecha que maneja más de cien propiedades. El barrio y la lealtad que tejió a lo largo de los años con “su gente” son su principal protección y la construcción de un poder territorial que va más allá de las balas.
En cambio, su nieto Luciano, hijo de Pájaro, que está preso en el penal de Marcos Paz, empezó a trascender en el mundo narcocriminal al mostrar en las redes sociales 24 pistolas nuevas, valuadas en 20.000 dólares. Su barbería, decorada con los afiches de Tony Montana, un ícono de esta generación, se usó como escenografía para grabar un video con el trapero Zaramay en el que se exhibía armamento sofisticado, como cargadores circulares para pistolas Glock.
Brenda, conocida como La Diabla en el ambiente trapero, hermana de Brisa Leguizamón, fue detenida tres meses después que ella. Luego de que la pareja se fugara a Paraguay, tras la masacre en la llamada “boda narco”, La Diabla, que aquella noche del 29 de enero de 2022 usó un vestido amarillo, mudó el negocio de la venta de drogas a San Nicolás, porque en Rosario había quedado en el foco de todas las miradas.
Brenda Leguizamón acarreó a la provincia de Buenos Aires también a sus hermanos, como Ignacio y Nadin Albornoz.
La joven trapera alquiló un local en el centro de San Nicolás, donde vendía ropa. El negocio se llamaba “Bichota Girl Femenina”, pero el principal ingreso no eran las prendas de vestir, sino la cocaína.
En sus ratos libres grababa videoclips. En uno de ellos, La Diabla se presenta y aclara que “conmigo no se juega; yo te doy batalla”, y se escucha una ráfaga de ametralladora. La letra de la canción no contiene muchas metáforas, como es parte de este estilo del trap. “Al que tira le esquivo todas las balas”, cantaba La Diabla, que en el tema advierte que “más de uno tiene miedo cuando dice mi nombre”. “Sigan hablando, mientras más hablan más facturamos. Quiero más money”.
Nunca se terminó de dilucidar porqué fueron ejecutados en el Audi TT a la salida del casamiento Giménez, Érica Romero y la bebé. Ninguno de los autores de la emboscada que terminó en el triple asesinato fue detenido. Lo que sí ocurrió es que hubo más crímenes y detenidos en torno al caso.
En una causa que investigó el fiscal federal Reynares Solari se detectó que Giménez era proveedor, entre otros, de Gisela Bibiana Rodríguez, conocida como Yiya, que fue condenada en septiembre pasado a 8 años de prisión como la referente de una banda narcocriminal de la zona sudoeste de Rosario.
Entre los sentenciados figura Marcos Jeremías Pato Mac Caddon, quien recibió una pena a 7 años como proveedor del grupo. Este exproductor musical que operaba en San Lorenzo fue quien reemplazó a Giménez, tras su asesinato a la salida del casamiento, como proveedor de esta banda narco.
Mac Caddon era puntero político en San Lorenzo, barrabrava, pequeño empresario textil –titular de Juan Indumentaria- y productor musical. Pero sus principales ingresos tampoco no provenían de estas actividades, sino de la venta de drogas, un rol que ejercía en nombre de Guille Cantero, a quien seducía que iba a serle ganar mucho más dinero.
Mac Caddon está preso desde marzo de 2021, cuando fue atrapado después de que en la zona norte de Rosario y en el cordón industrial se produjeran una serie de crímenes que tenían como objetivo que Los Monos coparan ese mercado. El gerenciador de esa franquicia criminal era Mac Caddon, quien sumó luego otras causas en el fuero federal por tráfico de drogas.
Minutos después de que ocurriera el triple crimen, gente ligada a Los Monos, entre los que se encontraba una extestigo que hoy está presa, empezaron a hacer correr la versión de que la zona en la que se había producido el triple crimen y la boda narco era territorio de Fabián Pelozo, un hombre de 35 años, que se encaminaba –según altas fuentes de la justicia federal de Buenos Aires- a convertirse en uno de los principales referentes de un cartel internacional.
Este hombre que fue cercano de Esteban Alvarado usaba la zona del Gran Rosario como un nodo logístico para el acopio de grandes cargamentos de cocaína, que provenían de Bolivia y Paraguay. Esos embarques servían para proveer al mercado rosarino y bonaerense; también –sospechan los investigadores- como plataforma de salida hacia el exterior, a través de los puertos de la región.
El socio de Pelozo era el boliviano Jorge Adalid Granier Ruíz, que tenía documentos de identidad argentino y paraguayo. Este hombre alojó en su departamento en el barrio de Recoleta, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ubicado en Rodríguez Peña 1057, a uno de los líderes más poderosos de la organización brasileña Primer Comando Capital Gilberto Aparecido Dos Santos, alias Fuminho, que fue detenido por la DEA y la Policía Federal de Brasil en Mozambique al inicio de la pandemia. Granier fue apresado en Brasil el año pasado.
Resulta llamativo que por lo menos desde 2019 esta organización estaba bajo la lupa de la Unidad Especial de Lucha Contra el Narcotráfico y Crimen Organizado del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, que abrió una investigación porque parte de la droga iba hacia Escobar y Pilar.
Pero en octubre de 2020 la causa se archivó en la provincia de Buenos Aires. La pesquisa se intensificó en Salta y Rosario, donde aparecían contactos y movimientos de grandes cantidades de droga.
Pelozo quedó preso en marzo de 2022, luego de que una investigación federal y de la fiscalía de Criminalidad Organizada de Rosario lo vinculara al triple crimen de Ibarlucea. Pelozo apareció también mencionado por el testigo Carlos Argüelles, que fue asesinado en septiembre de 2021, tras declarar como arrepentido en la causa contra el narco rosarino Esteban Alvarado, condenado a prisión perpetua. El mecánico advirtió que Pelozo era parte del clan Alvarado y que ambos habían asesinado a Nahuel Fernández, que está desaparecido desde agosto de 2018.
El testigo dijo que Calavera, como apodan a Pelozzo, había colocado el cadáver del joven en un recipiente con cal y luego lo enterraron. Uno de los miembros de la banda de Pelozo, Oscar Godoy, fue asesinado el 19 de octubre de 2022.
Cuando los fiscales de la Unidad de Criminalidad Organizada Matías Edery y Luis Schiappa Pietra revisaron el lugar se toparon dos tanques de 200 litros con cal que estaban enterrados y coincidían con el testimonio del testigo ejecutado. Nunca se pudo probar lo que dijo Argüelles, pero las sospechas permanecen intactas.
Calavera fue detenido en una lujosa mansión en el country Lomas de Carolina, en las afueras de la ciudad Córdoba. Pero su radio de acción y el lugar donde se acopiaban los cargamentos de cocaína era en un campo en Ibarlucea, a pocos kilómetros de donde se celebró hace dos años la trágica boda.
Giménez era parte del círculo de negocios de Pelozo, que se dedicaba con el boliviano Granier a trasladar grandes cargamentos de cocaína desde Bolivia y Paraguay a esa zona del Gran Rosario, cercana a los puertos.
De acuerdo a la investigación, los cargamentos de cocaína eran trasladados en avionetas desde Bolivia a Paraguay y desde allí, de la misma manera, hasta Rosario, donde se arrojaban desde el aire en campos de la zona. Por cada viaje, Pelozo y Granier cobraban, cuando la droga –que oscilaba entre los 300 y 400 kilos- se entregaba a los compradores, unos 300.000 dólares en total. El adelanto que recibían era de 50.000.
Uno de los cargamentos de cocaína que se encargaba de trasladar Pelozo fue el que sirvió como evidencia para detener el 24 de setiembre de 2020 a Adelaida Castillo, alias la Reina Titi, una expeluquera de Salvador Mazza, en la frontera con Bolivia, que se trasformó en una de las gerentes del poderoso clan Loza, cuyos miembros habían caído en 2018 y dos años después varios de sus integrantes fueron condenados a diez años de prisión. “Madrecita”, como la llamaban los miembros del clan en las comunicaciones telefónicas, usaba una red de mensajería encriptada llamada Surespot en la que no se utiliza número telefónica.
Había adquirido 369 kilos de cocaína, que luego le secuestraron en 2020 en la ruta, a la altura de Ramallo.
Hay otro cargamento secuestrado de 1.166 kilos de cocaína que era trasladado desde Salta hacia la provincia de Buenos Aires, donde aparecen las sombras de Pelozo y Granier.
“El principal responsable de esta operatoria fue Valdemar Loza, quien días antes de ser detenido se reunió con Jorge Granier”, señala el documento judicial al que tuvo acceso AIRE. Los sospechados figuraban en las agendas del teléfono de Loza. Dejaron de usar esos números telefónicos días después de la detención del narco, que ocurrió el 17 de diciembre de 2017. Loza fue condenado a 15 años de prisión.
El triple crimen de Ibarlucea y la boda narco mostraron no sólo la violencia extrema con la que actúa el crimen organizado, sino también la gigantesca cantidad de dinero que mueven engranajes que están un escalón más arriba de los distribuidores de cocaína barriales.
Todos los actores que se trenzaron en esta historia que generó conmoción a nivel nacional hacen sospechar a los investigadores que esa zona es una plataforma de acopio destinada al contrabando internacional de droga, en la que se juega en otra categoría.
Ese eslabón de la cadena criminal sigue siendo un fantasma, salvo cuando aparece la poderosa DEA.
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