Nada parece ser una casualidad. La llamada boda narco que terminó en un triple crimen encierra una trama que excede la violencia que dejó la escena sangrienta. El lugar donde los sicarios mataron a Iván Giménez, a su pareja Erica Romero y a Elena, la beba de un año, encierra otras historias cruzadas que empiezan a ser analizadas. Una de ellas, los grandes cargamentos de cocaína que se “enfriaban” en Ibarlucea, sin que nadie lo detectara, abren sospechas de que esa zona en torno a la ruta 34 tenía una protección especial, garantizada por una combinación de grupos narcos y fuerzas de seguridad. Todo ese esquema parece haberse roto con la escena de un crimen de alto impacto y atroz.
Ibarlucea empieza a aparecer como un nodo logístico. Allí se presume que se acopiada la droga que provenía de Bolivia y que tenía como destino el norte de la provincia de Buenos Aires. La gerenta de ese negocio, en el último tiempo, era la llamada Reina Titi, cuyo nombre real es Adelaida Castillo, una mujer de 59 años oriunda de Salvador Mazza. Esta mujer pertenece al clan de los hermanos Loza, una de las organizaciones narco más grandes del país. Eran uno de los proveedores del mercado europeo de cocaína. Castillo apareció en escena cuando los Loza fueron detenidos hace cinco años en operaciones de inteligencia entre varios de los países donde operaban, como España, Italia, Perú y Argentina. Los tres hermanos Erwin, Gonzalo y Valdemar están siendo juzgados por lavar 800 millones de dólares en la Argentina. Sus aires de magnates con el dinero de la droga los llevaron a comprar la Ferrari que alguna vez usó Diego Maradona.
Reina Titi traía la droga desde Bolivia bajo distintas modalidades de transporte y acopiaba la cocaína en Ibarlucea, en un galpón que está a pocas cuadras de la ruta 34 y a unos metros de la casa de Giménez, una de las víctimas del triple crimen. A los investigadores no les parece que existan casualidades en este terreno. Una sospecha es el crecimiento vertiginoso a nivel económico de Giménez, que es nacido y criado en Villa Banana, uno de las zonas más pobres de Rosario.
¿Cómo lograba Reina Titi guardar los cargamentos de cocaína millonarios sin que nadie los tocara, ni los narcos de Rosario ni tampoco la policía lo detectara? Ibarlucea creció mucho durante los últimos años, cuando se transformó en una especie de ciudad dormitorio de Rosario, pero sigue siendo un pueblo, que figura con 4200 habitantes. La jurisdicción de Ibarlucea pesa sobre la Unidad Regional XVII, que estuvo intervenida durante más de un año, tras la llegada de Marcelo Saín al Ministerio de Seguridad. Las investigaciones que realizaron los fiscales Matias Edery y Luis Schiappa Pietra arribaron a la conclusión de las vinculaciones viciadas que había allí entre los policías que conducían la jefatura de policía con sectores del peronismo.
De Ibarlucea a provincia de Buenos Aires
La sospecha es que la droga que se “enfriaba” en Ibarlucea tenía como destino luego al mercado de la zona norte de la provincia de Buenos Aires.
Esa parece ser una de las claves de análisis en torno al triple crimen. Aún no hay una pista firme sobre quién pudo haber llevado adelante el ataque sicario, ni tampoco el móvil, pero lo que sí tienen claro tanto los investigadores provinciales como federales es que en esa zona ocurría algo extraño, que no sólo tenía a los narcos como protagonistas sino que se sospecha había una protección estatal, a través de la policía.
Con esa garantía es que se habría realizado la boda en el salón de Campo Ibarlucea, donde más que un casamiento parecía un congreso de narcos rosarinos, donde estaban representados varios sectores, que incluso se han disputado territorio a los tiros. Los fiscales repasaron una y otra vez el listado de 150 invitados.
Es difícil encontrar a una persona ajena al mundo narco entre los participantes. Estaban las dos hijas y la cuñada de Ariel Cantero. También su cuñada. Había gente del peruano Julio Rodríguez Granthon, proveedor de Guille Cantero que está preso en la cárcel de Marcos Paz. Está acusado de participar en el crimen del exconcejal Eduardo Trasante, y de lavar dinero en la cueva del expresidente de Terminal Puerto Rosario Gustavo Shanahan. También estaba un plantel de allegados a Daniel Delgado, conocido como Teletubi, condenado a 35 años de prisión, por el triple crimen de Villa Moreno y por participar en los atentados contra edificios judiciales y jueces. Los novios Esteban Rocha y Brisa Leguizamon, ambos enredados en la provisión de estupefacientes desde hace tiempo, cuando arrancaron en la zona norte con un punto de ventas.
¿Alguien va a animarse a hacer semejante fiesta y arriesgarse a que alguien sea detenido?, se preguntan los investigadores para sumar otro elemento a la posibilidad de que la fiesta contaba con protección. Eso, incluso, quedó en evidencia cuando llegó la policía después de que dos de las víctimas fueran llevadas al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria. No quedaba un solo invitado. Todos habían desaparecido.
El otro capítulo gira en torno al incendio del Audi TT, con el que había concurrido al casamiento Giménez. El vehículo de más de 50.000 dólares terminó quemado con el cuerpo de Erica Romero dentro. Esa trama no tiene aún una explicación racional. El fiscal Gastón Ávila explicó que se presentó al MPA uno de los invitados que tuvo un rol clave en ese desenlace. Dijo que cuando llevaron a Giménez y a la beba al hospital el auto quedó atascado en la banquina. No podían sacar el cuerpo de la mujer porque la puerta estaba bloqueada.
Entonces un joven ebrio se subió al auto para llevar a Erica al hospital. Se confundió y en vez de ir hacia el este por la ruta 34 S fue hacia el lado inverso, en dirección al pueblo. Estaba nervioso porque tenía manchas de sangre. Vio una sirena de la policía, que iba hacia el lugar del ataque, se puso nervioso y quemó el auto con la mujer dentro. No quedó detenido. Su casa fue allanada el viernes. Pero no tiene ningún sentido su relato.
Y surge otro interrogante: cómo el auto y el cuerpo terminaron carbonizados. Ningún efectivo policial llegó al lugar hasta después que quedaron casi cenizas. Según las fuentes de la causa, las cámaras de seguridad de la comuna no funcionaban. Persisten muchos cabos sueltos y misterios, pero aparece entre las sospechas que lo que ocurrió en Ibarlucea no fue sólo un triple crimen.
Desde una década en ese lugar hay un enclave identificado con gente vinculada a Los Monos. Los Peñalba, que viven en Ibarlucea, aparecen cada tanto en el radar de la justicia federal, pero se las ingenian para mantener su negocio de logística narco. Este clan familiar tiene base en esa zona pero aunque se mueven por todo el país, porque su especialidad en este negocio ilegal es el transporte y provisión de drogas desde Paraguay.
Uno de sus clientes principales en Rosario es la banda de Los Monos, puntualmente Guille Cantero, pero también bandas de otras provincias, como en San Francisco, Córdoba.
Lo detuvieron en diciembre
En diciembre pasado Leonardo Jesús Peñalba fue detenido en un control de la autopista Rosario-Santa Fe, a la altura de la localidad de La Ribera. Este hombre estaba siendo investigado desde hacía tiempo por el fiscal federal de Reconquista Roberto Salum y el juez Aldo Alurralde. Sobre Leonardo Peñalba pesaba un pedido de captura desde el 25 de octubre pasado, cuando por orden de la justicia federal de Reconquista se realizaron allanamientos en esa localidad del norte santafesino, donde quedó detenido uno de los miembros de varios engranajes de la organización.
La investigación arrancó el 22 de abril pasado, cuando efectivos de la Prefectura Naval revisaron un camión Scania modelo 109. 92 H, que iba cargado de leña, y estaba estacionado en la ruta 11, frente a una estación de servicio Shell, en la localidad de Vera, en el norte de Santa Fe.
Lo sospechoso era que el camión iba acompañado por una camioneta Kangoo con dos personas, lo que hacía sospechar que ese vehículo hacía de “puntero”, es decir, iba delante del camión con la tarea de chequear si había controles de fuerzas de seguridad que podrían revisar la carga y terminar con la incautación de la droga.
Julio Hoyos, uno de los choferes de la camioneta Kangoo, oriundo de Resistencia, les dijo a los prefectos que él era sólo dueño del camión pero no de la leña. El comentario les resultó más que sospechoso a los efectivos y cuando abrieron la puerta lateral del camión se encontraron con varias bolsas negras escondidas entre la madera de algarrobo. El camión fue trasladado a Reconquista, donde cuando hicieron la revisión completa descubrieron que entre la leña había 545 kilos de marihuana.
Un mes después el fiscal federal Roberto Salum le pidió al área de inteligencia de la Prefectura que avanzara con la investigación para lograr detectar quién era el dueño de esta carga. En los peritajes de los teléfonos secuestrados, los prefectos detectaron que Hoyos se había comunicado el 19 de abril –tres días antes del operativo- con un teléfono celular de Rosario. A Sebastián Peñalba, la persona que atendió, le dijo que quería hablar con “su hermano Leo”. El mensaje se completó con una frase sugerente que después del secuestro de la droga realizado por Prefectura tenía sentido: “Llevo un poco de leña y entre medio de leña, más o menos quinientos”.
En el análisis de los teléfonos se detectó que el proveedor de la droga era un contacto agendado como “Corriente Hh Mentira” y que el destinario era Leonardo Peñalba, que estaba en Ibarlucea, donde tiene un taller mecánico, que sería propiedad de Luis Peñalba, padre del detenido. A partir de los avances en la investigación, el fiscal federal de Reconquista pidió las detenciones de los miembros del clan Peñalba, pero no pudieron ser ubicados hasta ahora.
El nombre de Luis Peñalba ya había aparecido en otras causas judiciales, como la llamada Los Patrones, que tuvieron como protagonistas a la banda de Los Monos. En el expediente se menciona que Peñalba era uno de los proveedores de la organización criminal y que la droga provenía de Corrientes, donde actuaba otro personaje emblemático de esta trama Javier Elías Sánchez, conocido como El Patrón. Según la investigación de la justicia federal de Rosario, a Luis Peñalba lo apodaban “Muchacho”, y se movía con su hijo Leonardo.
El contacto de Muchacho era con Jorge Chamorro, lugarteniente de Guille Cantero, condenado a 17 años de prisión por narcotráfico en 2018, que usaba a su pareja Jesica Lloan para concretar las operaciones, ya que él se encontraba preso. Esa investigación terminó con el secuestro de 341 kilos de marihuana que provenían de Corrientes y tenían como destino a Rosario.
Una trama con epicentro en San Francisco, Córdoba
Los Peñalba también aparecen luego involucrados en otra trama narco, que tiene como epicentro la ciudad de San Francisco, en Córdoba, una zona que dominaba otro Patrón de nombre Héctor Gallardo, en la localidad de Frontera, del lado santafesino.
La caída de Gallardo en 2013 tiñó de sangre y violencia esa región hasta que apareció un grupo que se hizo hegemónico de la mano de Brian Requena, uno de los líderes de la barrabrava de Sportivo Belgrano, que en setiembre del año pasado logró escapar en un operativo de la Policía Federal, en el que quedaron detenidas nueve personas, entre ellas, Pablo Esser, el presidente de la entidad, que está sospechado de poner al servicio de la organización criminal el aparato económico de lavado con la financiera Dineral y la mutual Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos.
Requena escapó en un campo cerca de la ruta 10, a la altura de Santa Clara de Buena Vista, en el oeste santafesino, donde se concretó la entrega de 3,2 kilos de cocaína, que el barrabrava arrojó cuando lo comenzaron a perseguir. Dos hombres de Ibarlucea, localidad vecina a Rosario, fueron detenidos. Uno es Lucas Alfonso y un hombre de apellido Peñalba, ambos parientes, según aseguró el fiscal Luis María Viaut, y vinculados a la banda de Los Monos.
Alfonso -de acuerdo a los investigadores- sería sobrino de Luis Peñalba padre y primo de su homónimo. El primero resultó absuelto en el juicio por narcotráfico que se llevó adelante en 2018 bajo el rótulo Los Patrones, en el que Ariel “Guille” Cantero fue condenado a 15 años de prisión. Luis Peñalba hijo fue condenado a 10 años y seis meses de prisión, una sentencia que se unificó con una causa previa que tramitó en Cañada de Gómez.
Los Peñalba y Alfonso son oriundos de Ibarlucea. Allí se realizaron allanamientos en la causa que se originó después de dos años de investigación en San Francisco. Actualmente la actividad visible que tenían los Peñalba y Alfonso era el transporte de leña desde el norte de Santa Fe y Santiago del Estero hasta Rosario, según fuentes policiales.
Alfonso se dedica como también lo hacen los Peñalba al transporte de cargas, según consta en la AFIP, donde está inscripto como monotributista clase C. Hasta ahora en la investigación en San Francisco este hombre sería el nexo con la banda de Los Monos.
Lo que investigó el juez federal Marcelo Bailaque en la causa Los Patrones es que los Peñalba eran un eslabón logístico de la banda para trasladar marihuana desde Itatí, Corrientes, hasta Rosario, para distribuir luego en los búnkeres que controlaba la organización. Uno de los condenados en la causa Los Patrones es Elías Sánchez, uno de los engranajes correntinos de la banda.
Este hombre de 41 años, que estuvo prófugo tras abandonar su residencia donde cumplía la prisión domiciliaria, fue condenado también a seis años de prisión en Corrientes.
El abogado de Peñalba Leonardo Demichelis fue detenido por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) en agosto de 2019 y luego fue procesado por el juez federal Carlos Vera Barros, junto con el ex Jefe de la Brigada Operativa Antinarcóticos de Villa Constitución Cristian Acosta. En esta causa se detectó a través de escuchas telefónicas, según el procesamiento, que se pagaba dinero a cambio de no quedar involucrado en procedimientos policiales.
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