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Santa Fe se adelantó al desafío central de la era digital: que nadie quede afuera
OPINIÓN | La encíclica del Papa León XIV sobre inteligencia artificial resignifica hoy políticas públicas como “Santa Fe + conectada” que entendieron tempranamente que no hay transformación digital posible sin acceso universal a internet.
Imagen ilustrativa.
María Candelaria González del Pino (*)
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Mientras el mundo debate sobre inteligencia artificial, automatización y el poder de las grandes plataformas digitales, todavía hay millones de personas para quienes algo mucho más básico sigue siendo un problema cotidiano: conectarse a internet.
Esa contradicción —hablar de futuro mientras amplios sectores aún no acceden plenamente al presente digital— es uno de los puntos más potentes de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV; cómo el progreso técnico puede ampliar desigualdades si no está orientado por la dignidad humana y el bien común.
Ese planteo nos indica que la discusión ya no es solo tecnológica, sino que es profundamente política y humana, porque la gran pregunta de esta nueva era es ¿Quiénes van a poder participar realmente del futuro digital y bajo que condiciones? Y el camino para responderla sin dudas interpela directamente a las políticas públicas y obliga a revisar experiencias que lograron anticiparse a uno de los desafíos estructurales de esta nueva era: garantizar las condiciones materiales mínimas para que nadie quede afuera de la revolución digital.
Y allí aparece resignificado el programa “Santa Fe + conectada” que fue y es una política estratégica que entendió antes que muchos que no puede existir transformación digital inclusiva sin acceso universal a internet de calidad.
En el año 2020 cuando Omar Perotti impulsó el programa, buena parte del debate todavía estaba puesto en cerrar la brecha digital que se había vuelto brutalmente visible durante la pandemia. Pero detrás de esa urgencia coyuntural había algo más importante: comprender que la conectividad ya no era solamente un servicio, sino una condición básica para ejercer ciudadanía, acceder a derechos, estudiar, trabajar y así participar de la vida económica y social del siglo XXI.
La provincia enfrentaba entonces un escenario crítico: el 72% de las escuelas públicas no tenía conectividad para uso pedagógico; apenas el 18% de los hogares contaba con una buena conexión; y miles de santafesinos directamente no tenían acceso fijo a internet. La exclusión digital ya no significaba solamente no poder conectarse: implicaba quedar afuera de la educación, del trabajo, de los trámites públicos, de la información y de las oportunidades, esto quiere decir, sin vueltas, quedar afuera del presente.
Sin embargo, vistos desde hoy, aquellos datos también permiten entender algo más profundo: sin resolver previamente el acceso y la calidad de la conectividad, resulta imposible siquiera pensar en políticas vinculadas a inteligencia artificial, economía del conocimiento o innovación tecnológica verdaderamente inclusiva.
La IA necesita infraestructura. Necesita redes. Necesita acceso de calidad. Necesita capacidades digitales. Allí donde internet no llega o llega mal, tampoco llegan las oportunidades de la nueva economía digital. Y ese es precisamente uno de los puntos centrales que hoy plantea León XIV cuando advierte sobre el riesgo de construir una nueva “Babel tecnológica”, un mundo donde el poder digital se concentra cada vez más en pocos actores mientras las desigualdades existentes se profundizan.
Frente a ello, el Papa propone otra lógica: una tecnología pensada desde la cooperación, la inclusión y el bien común. Y es allí donde “Santa Fe + conectada” adquiere una dimensión mucho más profunda que la de una obra de infraestructura. Porque el programa no solamente buscó ampliar la conectividad, sino democratizarla territorialmente, llegar a las 365 localidades de la provincia y reducir brechas históricas entre grandes centros urbanos y pequeñas comunidades.
La verdadera innovación pública muchas veces consiste precisamente en eso: anticiparse a las condiciones que harán posible el futuro. Antes de discutir inteligencia artificial, Santa Fe entendió que primero debía garantizarse algo mucho más elemental pero decisivo: que todos pudieran estar conectados.
Mientras muchos recién comienzan a debatir la inteligencia artificial como una promesa fascinante o como una amenaza inevitable, Santa Fe ya había comprendido algo previo y fundamental: sin conectividad no hay transformación digital inclusiva posible
Porque hablar de inteligencia artificial sin garantizar el acceso a internet de calidad es construir modernización sobre desigualdad. Y ninguna política tecnológica será verdaderamente democrática si se desarrolla sobre sociedades profundamente desconectadas.
La encíclica de León XIV recuerda que el desafío no es detener la tecnología, sino gobernarla con sentido humano. Y esa tarea empieza mucho antes de los algoritmos: comienza garantizando que cada persona, viva donde viva, tenga la posibilidad real de conectarse, aprender, producir y participar.
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Porque el verdadero riesgo no es solamente que la inteligencia artificial avance demasiado rápido. El verdadero riesgo es que avance sobre sociedades donde millones todavía siguen mirando el presente y el futuro desde afuera.
Y allí Santa Fe tuvo una virtud: entender antes de tiempo que el futuro digital solo podía construirse si primero se garantizaba que nadie quedara afuera.
(*) Ex Secretaria de Gestión Federal de la provincia de Santa Fe (2019-2023)





