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Opinión | pandemia |

La foto del escándalo: el mayor de los problemas no es Alberto

La imagen de una reunión prohibida en la Quinta de Olivos y en plena pandemia genera un daño que excede al Presidente, a su familia, a su gobierno o a su partido.

El mayor de los problemas no es Alberto Fernández.

Mucho menos Fabiola Yáñez.

El problema no es que el Presidente intente cubrir un error con otro,

y responsabilice a su "querida" esposa por el escándalo de una reunión en Olivos que nunca debió existir.

El problema no es el coronavirus,

el ruin aprovechamiento político que intentan algunos opositores,

el tiempo de encierro de millones de personas en cuarentena,

la desesperación por no poder llevar un peso a casa,

ni el hecho de que muchos ni siquiera pudieran despedir a sus muertos.

El mayor problema no es la foto de Olivos, ni el descuido del que registró la imagen prohibida.

El problema no es la grieta,

ni el peronismo, ni el kichnerismo, ni el cristinismo.

El mayor de los problemas no es Macri y sus viajes por el mundo futbolero en plena pandemia.

Tampoco si los argentinos bajaron de los barcos o salieron de una selva.

El problema no es la pobreza, la inflación, ni el agobio colectivo.

El problema no es el periodismo,

el campo, ni la oposición que en lo peor del covid convocaba a marchas multitudinarias -y presenciales, claro-.

El problema no es el virus, sus nuevas variantes, ni las vacunas que demoraron más de lo anunciado.

El mayor de los problemas no son los rusos, ni los chinos, ni Trump, ni el oscuro negocio de los laboratorios farmacéuticos.

Tampoco el hecho de que Alberto cantara victoria antes de tiempo, comparando a la Argentina con otros países cuando la pandemia asomaba.

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La polémica foto del cumpleaños de la primera dama en julio de 2020, durante la plena restricción de la cuarentena.

La polémica foto del cumpleaños de la primera dama en julio de 2020, durante la plena restricción de la cuarentena.

El mayor de los problemas es que se pulverizó el valor de la palabra del Presidente de los argentinos.

De todos los argentinos.

De los peronistas, de los kirchneristas, de los macristas, larretistas, de los radicales, socialistas, de izquierda, de derecha y de los apolíticos.

De los escépticos y de los crédulos. De los más ricos y de los que pelean contra el hambre.

De los que esperan la Sputnik y de los que no quieren vacunarse.

Si la pandemia volviera a recrudecer en la Argentina,

¿quién pedirá nuevos esfuerzos a la gente?

Si la tan temida -y anunciada- tercera ola finalmente llegara al país,

¿quién anunciará nuevos decretos restrictivos para enfrentar al virus?

Los presidentes son apenas circunstanciales.

Por eso deberían preservar su palabra como un valor sagrado.

Alberto Fernández es el Presidente de todos y cada uno de los que habitan este suelo.

Y el valor de su palabra se encuentra vapuleado en tiempos de crisis,

cuando la confianza se convierte en la mayor de las fortalezas,

y la desconfianza en el peor de los escenarios.

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