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Opinión | Argentina |

La Argentina desconfiada

Una reciente encuesta a nivel nacional revela qué piensan los argentinos de sí mismos y cómo ven el futuro. En esta nota, los principales datos que surgen de este relevamiento.

¿Qué sentís con respecto al futuro de los argentinos?, ¿en quién confiás?, ¿ los políticos pueden resolver tus problemas y proporcionarte una mejor calidad de vida?, ¿creés que los jueces imparten justicia para todos los ciudadanos por igual?, ¿confiás en los empresarios de tu país?, ¿qué opinás de los sindicalistas?, ¿pensás que los habitantes de este país, en general, actúan en función del bien común?

No importa la edad, ni la condición social. Con un puñado de preguntas no sólo alcanza para develar qué piensa la mayoría de los argentinos de su país, sino que es posible saber qué sienten los argentinos sobre el presente, sobre el futuro, sobre sus dirigentes y sobre ellos mismos.

Entre el 16 y el 24 de noviembre, la Consultora Taquion realizó una serie de encuestas de alcance nacional entre 2.024 casos, mayores de 16 años con acceso a internet y redes sociales como Facebook y Twitter.

La mayor sorpresa es la falta de sorpresas: hace dos años -con otro gobierno y sin pandemia de coronavirus- se había realizado una investigación similar y las respuestas habían sido llamativamente parecidas.

Es cierto que la Argentina no es el único país en crisis, que la pandemia de coronavirus golpea al planeta, que líderes de todo el mundo tambalean y que el pesimismo se apoderó de muchos. Sin embargo, el problema de los argentinos es que la desconfianza mutua y la preocupación permanente parecen haberse convertido en sensaciones endémicas y constantes.

¿Qué comparten los argentinos de la Generación Z (25 años o menos), de la Generación Y (o millennials de 26 a 38 años), de la Generación X (de 39 a 55 años) y los Baby Boomers (mayores de 60 años?: la preocupación por el futuro de su país.

En la encuesta realizada por Taquion, se observa cómo la mitad de los argentinos está preocupado y cómo el 74% de los habitantes de este país siente miedo y desconfianza, además de preocupación.

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Un país de desconfiados

El presente puede ser problemático. Sin embargo, sin confianza difícilmente se puede pensar en un futuro distinto. A poco de terminar la segunda década del siglo XXI, la sospecha y el descrédito generalizado atraviesan a la sociedad argentina.

El ranking de los poco confiables aparece encabezado por los jueces y el sistema judicial en general.

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Les siguen los sindicalistas.

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Luego aparecen los empresarios que, en estos momentos y según esta encuesta, surgen como menos confiables que, incluso, los políticos.

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El ranking de los menos confiables para los argentinos continúa con los políticos.

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Y finalmente el dato más preocupante: los argentinos no confían en los argentinos.

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Hace dos años, en junio de 2018, las consultoras Taquion y Trespuntozero realizaron una encuesta similar entre 2.275 personas. Y los resultados también fueron angustiantes:

– 7 de diez argentinos manifestaban ser desconfiados cuando recién conocían a una persona.

– 6 de cada diez consideraban que el argentino en general era desconfiado.

– 7 de cada diez afirmaban que el país en general no era confiable.

– Ni siquiera figuras populares como el Papa Francisco (52,7%), Lionel Messi (52,6%), Mirtha Legrand (35,3%) o Marcelo Tinelli (23,5%) lograban un nivel de confianza elevado.

¿Por qué creer?, ¿en quién creer?, ¿en qué creer?

Sin confianza en las reglas y en los encargados de hacerlas cumplir, no existe desarrollo social posible. Cuando este pacto se rompe, cualquier sociedad está condenada a caminar en círculo. No hay proyecto. Sólo el día a día. Apenas la supervivencia.

Esta imposibilidad coloca a la Argentina frente a un problema profundo. En un país en el que todos se miran de reojo, en el que el otro es casi siempre un potencial enemigo y en el que el descreimiento corroe los pliegues más profundos de las instituciones que deberían ser pilares de la convivencia, los acuerdos y los objetivos comunes son apenas una fantasía irrealizable.

La mochila de cada argentino pesa demasiado. Y mientras los argentinos ni siquiera confíen en los argentinos, cualquier análisis sobra.

Es verdad que el futuro jamás está escrito. Sin embargo, frente a estas circunstancias, soñar con un mejor futuro se parece demasiado a una utopía.

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