Como tantos otros directores, Pedro Almodóvar se animó a explorar su intimidad y llevarla al cine en la piel de Salvador Mallo, el protagonista de la historia, interpretado por Antonio Banderas.
“Dolor y gloria” llegó a los cines argentinos, donde también se celebra la participación de los actores Leonardo Sbaraglia (Federico) y Cecilia Roth (Zulema).
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Las memorias del director español se remontarán a los años 60, sus inicios e infancia, en los que se destacará la presencia de la ganadora del Oscar, Penélope Cruz -una de las actrices predilectas de Almodóvar– por interpretar a su madre.
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El desempeño de Banderas es uno de los aspectos más favorables y que resaltó la crítica, por su prolijidad y tino en la interpretación. No casualmente, fue galardonado recientemente como Mejor Actor en el Festival de Cannes.

El film se mete escarva en la intimidad, en lo profundo de los recuerdos y la sensibilidad de un reconocido director de cine que transita su ocaso profesional: su infancia cuando emigró con sus padres a Paterna (Valencia) en busca de prosperidad, sus deseos, su primer amor adulto -que vivió ya instalado en Madrid- y su posterior separación, cuando aún sus emociones ardían.

La película explora en su dolor, sus comienzos en el cine, profesión que lo rodeó de galardones y reconocimientos. La escritura como elemento sanador, terapéutico, que pone el sentir en palabras, que trata de olvidar lo latente.
Según filo.news “Dolor y gloria” cosecha reconocimientos y críticas favorables, que la elogiancomo una de las mejores obras de Almodóvar. Este film se suma a un año de grandes estrenos mundiales, que todavía aguardan la llegada de muchos como “Érase una vez en Hollywood” (Quentin Tarantino), y más.






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