La fiesta parece escondida. Detrás de un portón blanco -entrecerrado para que no se cuele el frío- hay un rostro con pestañas de carnaval. De todos los colores, con plumas y glitter. Una chica en una mano tiene un talonario de entradas y en la otra una lámina de plástico con brillos listos para ser pegados en la cara de las y los invitados. La fiesta de la casita de Patria Grande es una de las pocas alternativas de la noche santafesina que garantiza un espacio libre de violencia machista.
El Fiestón de la organización Barrio 88 es otra de las opciones en donde siempre suena alguna canción de Britney Spears. Dos fiestas autogestionadas, con precios amigables y con tolerancia cero frente al acoso. Las ciudad necesitaba desde hace tiempo nuevas formas de transitarla que garantice a las mujeres y disidencias sexuales de la ciudad espacios seguros de diversión y encuentros nocturnos.
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Las paredes de ambas fiestas están repletas de mensajes que pretenden abrir interrogantes a quienes asisten: “El primer no es no, el segundo es acoso”, “bye bye machirulo”, “libre de violencia machista”. Aire Digital dialogó con Florencia Zuzulich (integrante de Patria Grande) y Sofía Amherdt (que pertenece a Barrio 88) para contar cómo son estas fiestas.
“Comenzamos a politizar estos lugares y a repensar cómo nosotras las mujeres y disidencias vivimos la noche en Santa Fe. En ese tránsito, nos encontramos con la necesidad de plantear facilitadores desde la fiesta de la casita de Patria Grande para que podamos liberarnos de los obstáculos que hacen que tengamos que estar padeciendo violencias sexistas. Situaciones de manoseo, de avance sobre nuestros cuerpos o situaciones de acoso”, explica Zuzulich junto con Mala Junta.
“Con el Fiestón de barrio nos propusimos crear un espacio que sea amplio y convoque a distintos sectores. Entendíamos que para que sea un espacio amplio uno de los puntos necesarios era que tenga precios populares, tanto en la bebida como en la entrada”, cuenta Amherdt.
Bye bye machirulo, el protocolo contra la violencia de género
Distintos grupos políticos se sumaron a la despatriarcalizacion de las fiestas. “En Las Nietas -un grupo de militantes amigas y compañeras- surgió la idea de implementar un protocolo a raíz de lo que le había pasado a una chica en una fiesta. Pensamos la propuesta Bye bye machirulo y enseguida lo adoptamos. Una de las acciones fue poner carteles como “fiesta libre de violencia” para que genere la pregunta de cómo me tengo que comportar”, argumenta Zuzulich.
Los Puntos Violetas son también parte de esta experiencia. Se trata de lugares específicos bien señalizados en donde se puede recurrir para visibilizar o denunciar situaciones. Las personas encargadas de llevar a cabo este protocolo forman parte del Área de Género de las organizaciones. Desde una perspectiva integral, ponen a disposición las herramientas necesarias para resolver situaciones que puedan ir surgiendo.
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Amherdt lo define muy claro: “Si bien a través del tiempo fuimos conquistando derechos, creemos que la idea de que las mujeres podamos disfrutar de la noche se sigue viendo como una transgresión a los roles que nos imponen. Y seguimos estando expuestas a muchas violencias machistas. Esto lo veíamos mujeres blancas heterosexuales de clase media, pero si le sumábamos a esto compañeras de sectores populares o disidencias veíamos que estaban más expuestas a violencias y estigmatizaciones. Nos parecía fundamental resiginificar lo que se entiende por diversión nocturna”.
Lo mismo ocurre en las fiestas de Patria Grande. “Cualquier persona que se sienta incómoda en la fiesta puede acercarse para hablar, sentirse contenida y para que también podamos acciones. Incluso para despejarse dudas sobre qué implica el protocolo o para estar alerta sobre lo que le pasa a otras personas. Además muchas compañeras siempre están circulando por el lugar en esta clave de alerta, y son quienes están ahí en caso de que sea necesaria alguna intervención”, agrega Zuzulich.
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También recuerda un caso puntual en el cual fueron expulsados diez varones que estaban acosando a muchas mujeres de la fiesta tras el pedido de las compañeras. “Siempre intentamos dialogar de alguna manera con la persona que ejerce algún tipo de violencia, dependiendo el nivel que sea. Si la situación es dialogable le advertimos. Nos ha pasado de dialogar con alguien que comprende la situación y deciden retirarse. Eso también genera un proceso de reflexión, que colabora con la desestructuración de las violencias machistas. En el caso de la expulsión de los 10 varones, hubo una participación muy interesante de todo el evento: una sensación de cuidado entre las personas que habitan esa fiesta, de participación y responsabilidad”, detalla Zuzulich.
En el caso del Fiestón de barrio, Amherdt explica que “la diseñadora está haciendo unos videos animados para que ese día se puedan proyectar en las pantallas, y uno más largo que le de contexto al por qué del punto violeta para que pueda publicarse en redes sociales”.
Zuzulich insiste que la idea no es generar respuestas del orden punitivo o sancionatorio, sino dejar en claro que hay acciones y comportamientos que no serán tolerados, sostenidos o reproducidos. Y concluye con un mensaje muy simbólico: “si tuviese que definir estos eventos en una sola palabra sería cuidados. Nos lo han dicho muchas personas que han pasado por nuestras fiestas: resaltan el sentirse en un espacio de cuidado y goce, donde pueden divertirse y bajar las alertas ante situaciones de acoso”.






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