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No tiene familia, vive aislado y nunca fue al médico: la historia del peruano de 121 años que fue vacunado contra el covid

Marcelino vive solo en medio de la selva. El personal de salud tuvo que caminar más de tres horas para llegar hasta él.

Tres horas de caminata por un camino irregular en medio de la selva de la región de Huánuco (Perú) llevan hasta la humilde casa de Marcelino Abad. Este extenuante recorrido debieron desandar los médicos de la brigada sanitaria para llevarle al hombre de los 121 años la vacuna contra el coronavirus.

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Esta semana su nombre y su historia se volvieron conocidos en todo el continente

Huánuco: Marcelino Abad, de 121 años, el hombre más longevo del país recibió vacuna

Es que se trata del hombre más longevo en recibir la primera dosis de la vacuna AstraZeneca, y ahora todos quieren saber un poco más este llamativo personaje.

Prácticamente pasó toda su vida apartado del sistema. Nació el 5 de abril de 1900, pero en su centenaria trayectoria nunca tuvo un documento de identidad, tampoco fue a votar ni tuvo atención médica. Recién en 2019, cuando un miembro de una ONG llegó hasta su apartada vivienda en una ex hacienda cafetalera, pudo ser tenido en cuenta.

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Mashico elige esa vida apartada de la civilización. Foto: Captura TV

Mashico elige esa vida apartada de la civilización. Foto: Captura TV

Fue así que obtuvo sus primeros papeles, que le permitieron acceder a un plan de ayuda del gobierno que le aporta un ingreso mínimo. Y dos años más tarde fue integrado al plan de vacunación, que se puso en marcha hace algunas semanas, con la llegada de los primeros lotes del laboratorio británico a Perú.

Antes de esto, el hombre se las había rebuscado para sobrevivir sin la ayuda de nadie, sin familia, ni trabajo. Siempre vivió solo en el campo hasta que encontró aquel edificio abandonado y lo convirtió en su humilde hogar.

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Los médicos debieron caminar 3 horas para llegar hasta el lugar. Foto: Captura TV

Los médicos debieron caminar 3 horas para llegar hasta el lugar. Foto: Captura TV

Su edad fue calculada a partir del relato de otros habitantes de la región, que aseguraron que ya era joven cuando ellos recién eran niños.

De todos modos poco se llegó a conocer de su vida íntima porque casi no puede hablar y tampoco sabe leer ni escribir. Con un esforzado balbuceo logra hacerse entender, pero a pesar de las dificultades y carencias nunca perdió la sonrisa.

Para muchos sería una tortura vivir en esas condiciones, pero Mashico elige esa vida apartada de la civilización.

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Se alimenta con lo que él mismo siembra. Foto: Captura TV

Se alimenta con lo que él mismo siembra. Foto: Captura TV

"Acá vivo tranquilo, no tengo frío", le dice a los vecinos de la región cada vez que lo veían. Tiene 2 perros, algunas gallinas y nada de lujos: un hacha con la que corta la leña para cocinar y calentarse, alguna olla y un plato.

Se alimenta con lo que él mismo siembra y el río que pasa cerca del lugar le aporta el agua para beber, cocinar y bañarse. Cuando le preguntaron qué era lo que él deseaba simplemente pidió arroz, papas y unas pilas.

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En una vieja hacienda cafetalera abandonada armó su casa. Foto: Captura TV

En una vieja hacienda cafetalera abandonada armó su casa. Foto: Captura TV

Claro, no tiene electricidad y allí ni siquiera llega la señal de celular. No está acostumbrado a los fuertes ruidos y en la selva afirma tener todo lo que necesita.

"De acá a 30 días vamos a estar regresando para aplicarle su segunda dosis", informaron los médicos que lo inocularon y así este pequeño hombre de 1 metro 30 de altura, sigue siendo fuerte como el roble con una salud envidiable a pesar de todas sus carencias.

Tal vez ahí, en esta vida despojada de todo lujo, alejada de las presiones citadinas y basada en una alimentación natural sin productos procesados se esconda el gran secreto de su extensa vida.

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No tiene electricidad ni lujos en su vivienda. Foto: Captura TV

No tiene electricidad ni lujos en su vivienda. Foto: Captura TV

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