El río Salado no tiene agua en Logroño, una localidad del departamento 9 de Julio que se ubica a 32 kilómetros de Tostado y cuya zona rural está rodeada por diferentes tipo de cultivos que van desde soja a girasol y donde también hay ganado. Un tramo de varios kilómetros del lecho del río está seco.
En Tostado el río está cortado por un azud nivelador (habilitado en 2013), una especie de represa que embalsa agua y conforma un reservorio que permite disponer de ese recurso para consumo de la ciudad y también provisiona a otras localidades al norte (Pozo Borrado, Villa Minetti), donde no llega el líquido por un canal a cielo abierto porque el sistema de bombeo no funciona. Pero aguas abajo comenzó a secarse.
Esto ocurre a la altura de la localidad de Logroño. Donde hasta hace pocos meses se podía observar el caudal de agua, hoy se pueden ver con claridad los esqueletos de diferentes peces, cangrejos y tierra seca.
Pero en un tramo hay algo de agua estancada. Y allí el paisaje se completa con la presencia de un potrillo que cayó a la orilla del río y que es custodiado por un yacaré celoso de su soledad.
En la estancia la Vizcacha, Domingo Bustos nunca había evidenciado una escena como la que se replica hoy en sus 66 años de vida: un lecho seco. "Es la primera vez que veo así el río desde que estamos acá, en los últimos 50 años. Nunca vi algo así", asegura el productor a AIRE.
"El río supo estar cortado en algún momento, pero no como se lo ve ahora", agrega Bustos quien para darle agua a sus animales tiene que trasladar agua desde el pueblo de Logroño a la zona rural.
Cada dos días, el camión que la comuna de Logroño puso a disposición de los productores llega a sus tierras para distribuir el líquido que hasta hace poco se encontraba a pocos metros de sus tierras.
Los animales se desparramaron por la falta de agua. A pesar de los reiterados reclamos y los pedidos para que las represas de Santiago del Estero se abran para así llevar alivio, el agua no se ve.
"El agua tendría que llegar el lunes, si no pasa eso, no sé. La gente está desesperada. Se murieron muchos animales", relata sobre el estado de la hacienda.
"No sé en qué vamos a termina si no llueve ni el río trae agua. Esperaremos que llueva, que suceda un milagro", recalca Bustos que cuenta con variedad de especies en sus tierras, de las cuales muchas se fueron buscando el agua.
En la Vizcacha, la diaria transcurre entre el acarreo de la hacienda a los diferentes terrenos y la búsqueda del agua para los animales. "Vamos a seguir luchando hasta lo último", asegura el productor.
El Solitario se ubica en el camino al río Salado, allí Miguel Font abrió seis perforaciones de las diez que posee para que los dos molinos que se ubican en el predio a una distancia de 900 metros lo abastezcan de agua para sus 100 animales.
"No es complicada la situación porque tengo pocos animales", asegura Miguel Font, que está al frente de El Solitario. Las ovejas, vacas y ovejas que tiene hoy consumen el agua que los molinos extraen.
"Es agua apta y se las ve tranquilas a las vacas", agrega Font que abrió perforaciones de cuatro metros. La preocupación central pasa por mantener las aguadas con agua y el productor no descarta habilitar un molino más, en caso de que fuera necesario.
El molino que se ubica al sur del terreno tiene más de 150 años y cuenta con una larga historia familiar, sin embargo sigue funcionando; el segundo se instala al oeste del campo y es el escenario de la entrevista que se desarrolla durante la tarde, a plena luz del sol.
"El tema es aguantar enero y febrero, después sabemos que por experiencia en marzo y abril, y en Semana Santa, algún aguacero fuerte cae. Hay dos opciones, o la provincia de Santiago del Estero larga más agua o que caiga alguna lluvia intensa", sintetiza Font.
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