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Coni Cherep | Guaidó | Maduro

La Ciencia venezolana, un símbolo del abandono

Por Coni Cherep | Enviado especial

Aire de Santa Fe tuvo acceso a las instalaciones de uno de los principales laboratorios científicos de la Universidad de Venezuela. Hace 31 días que no tienen agua. No tienen internet ni transporte para los empleados. La verdadera cara de un sistema universitario que no tiene actualización presupuestaria desde 2007 y que no puede investigar. Más de 10 mil científicos abandonaron el país en los últimos dos años.

Ernesto Gonzalez es Doctor en Ecología. Ocupa desde hace más de una década el cargo de Director del IBE, el Instituto Biológico Experimental de la Facultad de Ciencias.

Es uno de los más prestigiosos investigadores del país. Recorrió buena parte del mundo dando clases y recibiendolas. Es amigo de unos santafesinos que nos acercaron a él para poder conversar.

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“Tengo un hijo en Argentina, desde hace dos años. Es ingeniero pero con lo que ganaba aquí no podía planificar su vida. Así que se fue con su mujer, y ahora me han dado un nieto, que todavía no conozco. Viven en Buenos Aires. Con mi mujer estamos haciendo el esfuerzo de sumar algunas millas, y un ahorro para poder ir a verlos. Al menos que vaya ella”, cuenta sin que se le note la tristeza. Como su lumbalgia, que lo lleva a maltraer.

Nos atiende en la puerta con algo de vergüenza. “Es que quiero evitarles el olor nauseabundo que sale de los baños”, dice, mientras nos introduce a su principal preocupación de estas horas que es recuperar el servicio de agua para la Institución, interrumpido hace exactamente 31 días, a causa de un derrumbe en los alrededores del lugar.

Las obras están avanzando lentamente. El problema fue la rotura de un caño que inundó todas las instalaciones en diciembre pasado. Desde entonces, intentan con esfuerzo repararlo. La ausencia del caño, les impide tener servicio de agua.

Aún así, González habla con pasión de su trabajo y el de sus compañeros, que hace meses no pueden desarrollar casi ninguna actividad en el Instituto. De los 90 trabajadores de planta del lugar, apenas 12 están trabajando. Y son los que alcanzan a ser traídos y llevados con una camioneta desvencijada que tiene una capacidad de 6 pasajeros y un logo casi borrado de la UCV.

Desde hace meses, dice, no llega el Transporte público al lugar. Los colectivos se van rompiendo y no hay forma de repararlos por el precio de los repuestos. Tampoco reciben gas. El estado les niega la renovación de la “Bombona” , que alcanzan a recargar, con suerte, en la reventa. La Universidad, los laboratorios de la UCV, no tienen lo elemental.

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El Instituto es el más prestigioso de la Universidad, y así lo explican los números de investigaciones y premios alcanzados a lo largo de los años. En el lugar- una edificación de los años 50 que originariamente iba a ser la residencia de un dictador- se nota el abandono casi absoluto. El personal de limpieza hace al menos un mes que no llega al lugar. Internet no funciona, y la mayoría de los trabajadores y los estudiantes no pueden desarrollar nada sin conectividad.

El director cuenta que con más de 30 años de carrera universitaria, y habiendo alcanzado la máxima categoría a la que se puede aspirar en la carrera académica y científica, su sueldo no alcanza los 90.000 Bolívares. Algo cercano a los 30 dólares norteamericanos, la moneda que a pesar del gobierno de Maduro es la que rige los precios de toda la economía venezolana.

En el IBE necesitan reparar un caño de agua. Lo insólito es que nadie, con excepción de algunos trabajadores de la Universidad, puede solucionarles el problema de manera definitiva. Ahora están esperando un tramo de seis metros del caño, y luego esperarán por 30 metros más, qué es lo que les faltará para reconectarse al sistema. El costo total de la obra ronda los 800 mil bolívares. Es un dinero que con el presupuesto actual, demandaría la misma cantidad de años por bolívares disponibles.

“Hace muchos años que la ciencia y la educación vienen en decadencia desde hace mucho tiempo”. Aunque fija la fecha en el 2007, que es el año en el que congelaron el presupuesto de gastos corrientes, que no incluye a los salarios. Entonces era un presupuesto que les permitía hacer frente a los gastos. Hoy no alcanza a 2 bolívares anuales: 1,08 Bs. Nada, si se compara con que un pan cuesta 700.

“Yo cobro casi 80 mil bolívares, pero mis algunos de mis compañeros no alcanzan a 25 mil o 30 mil , y el personal de maestranza apenas los 18.000”, cuenta.

El director deja al pasar un dato que nos asombra: “La peor pérdida es la humana. Se nos han ido muchos investigadores. Hasta 2017 teníamos un 25% de deserción de profesores y casi un 30 % de estudiantes. Hoy la migración es masiva, no se puede calcular, pero hemos perdido una enorme cantidad de personas en el sistema, que no puedo estimar con exactitud, pero que seguramente son más de 10 mil o 15 mil científicos, que encontraron oportunidades en otros países”

El doctor Gonzalez es especialista en Agua. Su principal actividad aplicada estuvo relacionada con las fuentes del agua dulce que llega desde el sur. Tuvo intervención en los cuidados ecológicos de las represas de todo el país y asistió al cierre de varias de ellas, por la contaminación.

“Hoy el 82 % de los venezolanos no reciben agua en sus canillas. No es que no tienen servicio, sino que no tienen agua, no les llega. De hecho aquí en Caracas nos reducen el servicio dos días por semana. En mi barrio toca estar sin agua los jueves y los viernes. En el que vive mi hermano, los sábados y los domingos”.

El problema del agua es uno de los más graves que viven los venezolanos. No se hicieron inversiones en las últimas tres décadas, y todo el sistema está colapsado. “No es que no tengamos agua. No tenemos infraestructura para llevarla a las ciudades con la presión adecuada. En los hechos, es como no tenerla”.

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