Historias mínimas de Venezuela: ellas sólo quieren irse de Caracas

Mirka y Scarlet llevan nombres de actrices. Ambas nacieron en Caracas apenas unos años antes del ascenso al poder de Hugo Chávez. Dos chicas distintas, de dos ambientes distintos. Ambas concluyen, en el relato de sus penas, que se quieren ir de aquí.


Por Coni Cherep / Enviado Especial en Venezuela

 

No se puede generalizar, seguro. Pero hasta en una charla casual con tres oficiales de la Policia Nacional Bolivariana, escuché esa frase de boca de los uniformados.

 

Los jóvenes, y en ese término incluyo a todos aquellos que se ganan la vida trabajando entre 8 o 10 horas diarias a cambio de sueldos casi simbólicos, no discuten mucho sobre el futuro político de Venezuela.

Con la excepción de aquellas que vimos movilizadas en masivo juramento de voluntarios que hizo ayer el “gobierno encargado” en el distinguido Municipio de Sucre, en general la gente joven no expresa ninguna ilusión sobre el presente, ni sobre el futuro personal en estas tierras.

 

MIRKA

Mirka es una cajera de la popular tienda Traki. Una cadena venezolana en la que se vende ropa. Toda la ropa es importada  y mientras ella va sumando lo que elegí para llevar, su rostro se mantiene serio y su mirada parece perdida en alguna angustia que no quiere expresar.

Pero yo le pregunto su nombre. Y le pregunto por las camisas que llevo y especialmente por los precios. Que para mi resultan económicos. Y ella apenas sonríe.

Cuando nota que nadie la escucha, me dice: “es muy caro. Para mi es imposible comprar eso, en meses, en años” y la mirada se centra en la tela, y los ojos se le humedecen. En ese momento le pregunto si puedo filmarla y ella accede pero agrega: ” que no te vean”. Y el testimonio se graba, y las palabras, y la pena, y la desazón de Mirka se sintetiza en una sola frase: “yo me quiero ir, no me importa si esto mejora o no, yo sólo me quiero ir”.

 

SCARLETT

Apenas unas horas después, en plena Plaza Caracas- sede de la Asamblea Nacional y del Poder Judicial-  y mientras se realizaban las maniobras de las milicias civiles de sordomudos del Chavismo, Scarlett acepta hablar con nosotros.

Scarlett Venezuela

Tiene 26 años, dos hijos y una madre Chavista a quien acompaña en sus actividades y en el medio de un grupo de militares y militantes del oficialismo, acepta hablar sin ninguna reserva.

 

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“Yo no me quiero ir, aquí está mi familia, pero no tengo otra salida”. Dice sonriendo. Habla de las dificultades que ha tenido en el pasado con amigos y con su propia familia: ” ya no tiene sentido discutir sobre política, ya he perdido relaciones. Podemos convivir si no hablamos de política” agrega.

A Scarlett, como a Mirka, no les interesa ya “la política”. Han vivido toda su vida consciente bajo la tensión de oficialistas y opositores que se pelean desde las retóricas extremas, y las promesas de un futuro mejor que  nunca se cumplieron.

“He pasado toda mi vida aquí, y aunque sepa es muy difícil empezar de nuevo, no me queda otra salida que irme. Mi sueldo alcanza para comprar apenas un pedazo de queso”.

Seguramente habrá miles de historias similares, y otras tantas diferentes. Pero estas últimas, se limitan a aquellos que forman parte de la militancia, tanto del oficialismo como de la oposición.

Lo que relatamos no sale de la usina informativa constante que emiten los equipos de comunicación del Chavismo, ni de la prensa de Guaidó. Es lo que vemos en la calle. Es lo que se observa en la mirada triste- llamativo en un país caribeño- de la masa transeúnte. Lejos de las noticias sobre la eventual guerra, un golpe de estado o la resistencia de Maduro.

Las chicas sólo quieren irse de aquí. Y es una buena síntesis sobre el presente de Venezuela. Y sobre la decepción que generaron las políticas en las últimas dos décadas. Ojo: no sólo las del gobierno. Sino también de la oposición, que en estos veinte años nunca, jamás, supo organizar una alternativa seria. Otro reproche de los venezolanos. Pero esa , es otra historia. Y ya la contaremos.

 

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