sábado 14 de mayo de 2022
La bitácora | pandemia |

Que nos volvamos a ver

En enero ya todos están pensando en las clases. ¿Volverán o no?. ¿Qué pasará? Todo con los antecedentes del año pasado donde estuvimos mes a mes esperando algo que ya sabíamos no iba a ocurrir. Haciendo malabares cada uno, docentes y alumnos, con lo que podían para seguir con una escuela marcada por la distancia y las pantallas como mediadores. Los desafíos de este año, sabiendo de nuestra nueva normalidad.

Ya que vamos a hablar de los chicos, hay una canción que les gusta a los adolescentes amantes de Netflix que cantaban unos ahora grandecitos "Cris Morena boys and girls" en una de sus series de estudiantes fantásticos y escuelas divinas que celebraban la posibilidad de reencontrarse con un "yo te deseo lo mejor por si, no vuelvo a verte más", claro que a la multifacética mujer creadora de mundos sub 20 jamás se le hubiera ocurrido crear una serie donde un virus llega para separar a los niños y jóvenes de ese espacio común que compartían, cerrando instituciones educativas por un año entero. Y eso que escribió cosas locas eh.

Enero históricamente fue el mes de las vacaciones, las medidas económicas catástrofe que te tomaban por sorpresa mientras vos metías las patitas en algún arroyito cordobés, en el mar o en el viejo y querido piletín. El mes del descanso, los replanteos del año, pero jamás fue el momento de pensar en las clases, las escuelas, y las ya no tanto "blancas palomitas".

Nuestros pichones con las alas cortadas este año batallaron contra un sistema educativo totalmente distinto al que conocían, las barreras de la virtualidad y el distanciamiento, la soledad de ver el mundo escolar a través de una pantalla y los desafíos de aprender sin la famosa presencialidad que, hasta el año pasado, era lo único que conocían.

Y esa escuela que muchas veces se convirtió en un refugio para los chicos, el lugar del aprendizaje y donde compartir, pero también el sitio que igualaba o intentaba hacerlo entre tanta disparidad, terminó, por el contrario, acentuando aún más las diferencias y mostrando que existieron tantas realidades como hogares. El Covid se llevó por delante cualquier tipo de planificación que podamos pensar, en nuestra vida, y en la escuela quedó demostrado cómo cada docente se las ingenió o no para intentar hacer llegar de la mejor forma los contenidos, a veces con nada, a veces con mucho, pero con una brújula que no marcaba bien el Norte, en medio de los amagues si se volvía o no al dictado presencial. Todavía me acuerdo el primer discurso del presidente Alberto Fernández, todos alrededor del televisor sin que volara una mosca, y mi hijo más chico preguntando "- ¿no vamos a tener clases hasta fin de año? - " y yo, visionaria, "- ¡Pero no!, sólo hasta que vean que pasa con el bicho éste nomas! -" (si claro, estamos por cumplir un año en Pandemia y todavía no sabemos bien qué onda el contagiador)".

Y así fue que las remeras, guardapolvos o uniformes quedaron casi sin usar, con los colores y texturas intactos; los zapatos, chicos, con olor a nuevo y pagando la cuota 11 de la tarjeta, ni hablar de los útiles, mochilas, cartucheras y carpetas que no tendrán renovación (perdón comerciantes del rubro, pero otra vez no nos agarran con ese gasto). Hasta el 31 de diciembre tenía un buen descuento si compraba la ropa de la escuela de mi hijo y le pregunté a las otras madres si alguien había adquirido algo con esta "promo pandemia". La respuesta fue unánime "entre lo que crecen los chicos y que no sabemos qué va a pasar, no". Por otro lado, me llegó la noticia que había "Ferias de utiles y ropa escolar usada", donde uno podía adquirir indumentaria, mochilas y demás cosas en perfecto estado, y de segunda mano.

El ingenio en medio de una crisis es todo.

Y los que pueden, a diferencia de los que no, ya están preguntando por maestras particulares de matématica o lengua para juntarse entre varios y que les den contenidos para la edad, y hasta escuché de maestras jardineras que rotan de casa en casa con un grupo de 5 o seis chicos. Mientras yo, sigo tratando de convencerme que si no aprendieron contenidos puntuales aprendieron otras cosas que los hicieron crecer y adaptarse a toda esta realidad compleja que nos sigue afectando. Y obvio como toda madre culposa, pensando "¿será suficiente?".

Y así estamos, arrancando el año y pensando qué va a suceder con la escuela, si será presencial o no, si habrá algún tipo de decisión más organizada que la del año pasado donde nos la pasamos intentando volver a un lugar donde sabíamos no se podía, en lugar de ver cómo podíamos mejorar la única realidad que íbamos a poder vivir. Casi como un amor imposible. Y quizá la cuestión pase por ahi, por empezar a definir protocolos y acciones para cada uno de los escenarios posibles frente a la pandemia, y dejar lo menos, al azar y los números de contagio. Mejorar las condiciones de trabajo y las herramientas para que los docentes puedan, cara a cara o la distancia cumplir con su tarea lo mejor posible, y los chicos, recibir la educación que merecen por derecho propio, cerquita o lejos, llevándole la contra al virus y ya sabiendo que esto llegó para quedarse, y convivirá con nosotros largo tiempo. Ojalá no suene imposible o impracticable y pueda hacerse. Acá no hay grietas, sólo un camino por recorrer, juntos. Y ojalá, mientras se pueda, nos volvamos a ver personalmente y si no se puede, que vengan pantallas mejores que nos permitan seguir creciendo en medio de la emergencia.

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