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Jorgelina Hiba | Río Paraná |

Tras la bajante histórica, se redefine la hidrografía del nuevo río Paraná

La llegada del agua a la cuenca tras casi cuatro años de aguas bajas y sequía vuelve a dibujar los límites de un ecosistema en cambio perpetuo, ahora tensionado por el cambio climático.

“La isla de enfrente, formación aluvional, es una buena prueba del cambio continuo de las cosas: el mismo movimiento constante que la formó la va erosionando, haciéndola cambiar de tamaño, de forma, de lugar, y el ir y venir de la materia y de los mundos que hace y deshace, no es más que el fluir sin dirección ni objetivo, ni explicación conocida, del tiempo invisible que, silencioso, la atraviesa”.

Juan José Saer, el escritor nacido en Serodino que retrató como pocos el alma del paisaje litoraleño, describe así (en boca de su personaje Nula, en su novela La Grande) el cambio perpetuo de la tierra y el agua que hacen y deshacen las islas del Paraná.

Tras una bajante prolongadísima que se extendió durante casi cuatro años, esta primavera encuentra a la cuenca de uno de los ríos más importantes del mundo llenándose de agua nuevamente de la mano de las lluvias que al fin comenzaron a caer en el sur de Brasil, en Paraguay y en el norte argentino.

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El escenario global marcado por el cambio climático preguntas con final abierto y pocas certezas.

El escenario global marcado por el cambio climático preguntas con final abierto y pocas certezas.

¿Será igual el nuevo Paraná, tras una bajante extrema que cambió la forma de riachos, lagunas y hasta del tramo principal y abrió ventanas para que crezca la vegetación en partes antes inundadas y se formaran nuevas islas?

La propia dinámica natural de un sistema que no para nunca de moverse, más las altas dosis de incertidumbre y variabilidad que agrega un escenario global marcado por el cambio climático, deja esta pregunta con final abierto y pocas certezas.

Un mundo lleno de incertidumbre

La certeza científica de que el planeta atraviesa un período de calentamiento global de origen antrópico (generado por el ser humano) inédito, abre la puerta a interrogantes sobre la capacidad de resiliencia de los ecosistemas, así como sobre los umbrales a partir de los cuáles estos cambios de origen humano se pueden volver, al menos en parte, irreversibles.

Sobre eso reflexionó Juan Borus, experto del Instituto Nacional del Agua, quien siguió muy de cerca los vaivenes de la bajante histórica del Paraná y estudia el río desde hace décadas: “Claramente, la famosa pregunta que se repite desde 2020 es ¿a qué nos tenemos que acostumbrar? Nos tenemos que habituar a los grandes cambios en poco tiempo, la palabra normal ya casi no tiene sentido”.

Esto significa tener en claro que la variabilidad climática que siempre existió, y que se acentúa en períodos de fenómenos como el Niño (más lluvias, como ahora) o de Niña (más sequía, como los últimos tres años), es ahora más acentuada e imprevisible, como consecuencia del cambio climático global.

Crecida río Paraná San Javier
Así se ve el río Paraná a la altura de la ciudad de San Javier.

Así se ve el río Paraná a la altura de la ciudad de San Javier.

“Lo vemos en el caso de este Niño que está en curso: todos se volvieron locos anunciando su llegada desde abril, pero había que esperar. Finalmente se resolvió, pero a fines de agosto”.

Un traje a medida

Los altos niveles de incertidumbre con los que el cambio climático obliga a convivir a los expertos que siguen de cerca el pulso del Paraná, como Borus, son el nuevo marco de análisis.

En relación a la actual creciente, el experto explicó que la traza que va desde Corrientes hacia el sur “es un tramo de contenido fluvial muy marcado por estos 3 o 4 años de aguas bajas”, donde no se notará tanto un pico de creciente, sino más bien un aumento persistente del volumen de agua.

Dicho esto, Borus aclaró una vez más que todo se monitorea día a día, y que es cada vez más difícil -o imposible- establecer escenarios a mediano o largo plazo que tengan un grado alto de certeza.

“Todo esto es un fenómeno que estamos siguiendo. Cuando afrontamos la bajante hicimos una especie de trabajo con un ‘traje a medida’, porque nunca habíamos tenido una semejante situación. Había que remitirse al año 1944, pero entonces la cuenca era completamente distinta. Hoy somos mucho más Paraná dependientes que antes”.

Para la crecida que empieza a verse en esta primavera 2023, desde el INA también están trabajando con la idea de un “traje a medida”, ya que es imposible o muy difícil pronosticar la forma en la cual el agua volverá a rediseñar el paisaje tras los cambios profundos que dejó la bajante extrema.

“Estamos siguiendo de cerca la forma en la cual el agua se propaga por el valle de inundación, lo seguimos día a día. “Ha cambiado lo que llamábamos el horizonte de previsibilidad. La palabra normal ya no tiene el sentido que tuvo”.

Otro río

Carlos Ramonell, experto en geomorfología e investigador en la UNL, explicó que en el corto plazo hay tres situaciones hidrológicas a las que hay que prestar atención: la onda de crecida en particular que se percibe en estos días; la crecida “verdadera” del río que, de forma estacional, llega a la zona hacia finales del verano; y en tercer lugar lo que pueda dejar el Niño, que en principio no sería de larga duración.

Crecida río Paraná San Javier
 Hoy hay una proliferación  de la vegetación en áreas que estuvieron emergidas durante la bajante.

Hoy hay una proliferación de la vegetación en áreas que estuvieron emergidas durante la bajante.

“Hoy hay un empuntamiento grande en Corrientes, que en nuestra zona se va a atenuar mucho, en parte por la proliferación en general de la vegetación en áreas que estuvieron emergidas durante la bajante y que hacen que los trasvases de agua hacia el resto de la planicie no sean captados igual que antes”, dijo.

Y agregó: "El cauce principal del Paraná también se ha achicado durante la bajante, así como muchos cauces secundarios con conexión directa, que se fueron haciendo más pequeños”.

¿Qué puede pasar en el mediano plazo, que para un río como el Paraná se mide en décadas por venir? Ramonell explicó que, desde su disciplina -la geología-, notaron (tras analizar la cartografía de los últimos 120 años) que los cambios hidrográficos del sistema del río eran notables al cabo de unos 50 años.

“En ese lapso se notaban cambios tan importantes, que ameritaban hacer toda la cartografía de nuevo”.

Una nueva hidrografía

Pero algo nuevo pasó en estos últimos años, cuando la condición extraordinaria de la bajante 2019/2023 “profundizó los cambios que ya veíamos”. “Si consideramos los últimos 40 años, desde la década de los ‘80 hasta ahora, advertimos que cauces secundarios importantes como el Colastiné, el Correntoso o la Invernada disminuyeron su anchura media más aceleradamente tras la bajante”.

“La condición de la bajante prolongada aceleró notablemente ese proceso, incrementó esta reducción progresiva de anchuras y capacidad de conducción. Fue sensiblemente más importante el proceso”, dijo el geólogo, para agregar que el propio cauce principal disminuyó su anchura promedio por la transformación en islas de los bancos de arena y vegetación acumulada que empezaron a quedar emergidos durante la bajante.

“Esta vegetación, cuando aumentan los niveles de desborde, ralentiza el flujo del agua, y la acción combinada del retardo del flujo y de estos cauces disminuidos en tamaño, favorecen los desbordes hacia las partes alejadas de la planicie”, puntualizó. “Se está conformando una nueva hidrografía del río que irá progresando año a año”, concluyó el experto.

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