Ya sin fuegos activos, pero bajo alerta máxima por temperaturas que irán en aumento hasta principios de la semana próxima, la zona central de la provincia de Córdoba respira. En los últimos días, una serie de focos de incendios que se propagaron con rapidez en diferentes partes del Valle de Punilla, Traslasierra y las Sierras Chicas y cercaron ciudades importantes como Carlos Paz provocaron evacuaciones de emergencias, daños importantes en el ecosistema y mucho temor en pobladores y visitantes.
Con valores térmicos que rozaron los 35 grados en primavera, ráfagas de viento que llegaron a los 70 kilómetros por hora y una situación casi estructural de sequía, la crisis del fuego azota de nuevo amplias zonas de esa provincia, donde las postales de llamas y columnas de humo comienzan a ser habituales.
Desde el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, a través del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), se enviaron tres aviones hidrantes, un observador y un helicóptero con helibalde, así como brigadistas de ese Servicio equipados con tres camionetas 4x4 para el desplazamiento en el terreno, explicaron desde esa cartera.
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Cambio climático: más incendios
Las escenas como las de Carlos Paz pueden llegar a ser cada vez más frecuentes por el avance del cambio climático, que va a incrementar en todo el mundo el riesgo de incendios forestales en las próximas décadas, según un estudio divulgado este año por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y GRID-Arendal, una organización ambiental sin fines de lucro con sede en Noruega.
La publicación califica al fenómeno como una crisis mundial de incendios forestales y proyecta que esos desastres aumentarán un 30% para 2050 y más de un 50% para fin de siglo.
Los más de 50 científicos de todo el mundo que elaboraron el informe citan el calentamiento global, las sequías y los cambios de uso de la tierra (como la deforestación para hacer agricultura o ganadería) como causantes de esta amenaza de desastre generada por la actividad humana.
De acuerdo con las previsiones del análisis, ningún rincón del planeta estará a salvo de los incendios forestales, que podrían afectar incluso al Ártico y otras regiones que no corrían ese riesgo.
Primavera caliente
A más calor, mayor riesgo de incendios. La actual primavera argentina comenzó con altas temperaturas, y según un estudio de World Weather Attribution publicado la semana pasada el cambio climático provocado por actividades humanas (sobre todo, la quema de combustibles fósiles como petróleo, carbón y gas) hizo que el calor reciente en América del Sur fuera al menos 100 veces más probable que hace algunas décadas.
Este análisis encontró que, si bien el fenómeno de El Niño puede haber tenido alguna influencia en las altas temperaturas, el cambio climático fue el principal impulsor del calor que varios países de la región como Brasil, Paraguay y el norte de Argentina sufrieron durante septiembre, que fue alrededor de 1,4/4.3ºC más cálido que los promedios históricos.
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En agosto y septiembre, grandes regiones de América del Sur se vieron afectadas por un calor inusualmente extremo. A pesar de ser los primeros días de la temporada de primavera, las temperaturas superaron los 40 °C en Brasil, Bolivia, Argentina y Paraguay, lo que afectó a millones de personas. Se reportaron cuatro muertes relacionadas con el calor en São Paulo, Brasil, aunque actualmente se desconoce el número total de muertes. El calor prolongado se produjo después de que muchos países de América del Sur experimentaran su invierno más caluroso desde que hay registros.
Un grave problema de salud
Además de los daños muchas veces irreparables que el fuego genera al ecosistema y a la infraestructura humana, el humo de los incendios forestales afecta directamente la salud de las personas, causando impactos respiratorios y cardiovasculares que muchas veces ni siquiera son debidamente registrados por los sistemas de salud.
En cuanto a la naturaleza, los incendios forestales arrasan con la vida silvestre y los hábitats naturales, y han colocado a algunas especies de animales y plantas más cerca de la extinción. Se estima, por ejemplo, que los incendios forestales de 2020 en Australia acabaron con miles de millones de animales domésticos y salvajes.
Los científicos subrayan que los incendios forestales y el cambio climático se exacerban mutuamente y explican que los incendios forestales empeoran con el cambio climático a través del aumento de la sequía, las altas temperaturas del aire, la baja humedad relativa, los rayos y los fuertes vientos, lo que da como resultado temporadas de incendios más cálidas, secas y prolongadas.
Por su parte, los incendios forestales empeoran el cambio climático al devastar ecosistemas sensibles y ricos en carbono como las turberas y las selvas tropicales, lo que convierte los paisajes en polvorines y dificulta detener el aumento de las temperaturas.





