Desde que Montevideo está en emergencia hídrica por una grave crisis de suministro de agua potable, cada día la presidencia uruguaya emite un comunicado en sus redes para actualizar el estado del recurso, así como su calidad y aptitud para el consumo humano.
El último parte (martes 11 de julio), después de detallar los niveles de sodio y cloro (cuyos umbrales máximos fueron aumentados por el gobierno de ese país hace varias semanas) recordaba que lo mejor es no agregar sal a la comida de los niños y que personas hipertensas y diuréticas no tomen más de un litro de agua de OSE (la que sale de la canilla gestionada por Obras Sanitarias del Estado).
Las restricciones y las recomendaciones tienen que ver con la gravísima crisis hídrica que atraviesa ese país por una sequía pocas veces vista y con las decisiones oficiales para paliar la falta del recurso, que llevaron a que el agua del río Santa Lucía (dulce) fuera mezclada con la del río de la Plata (salada en esa zona por la cercanía con el océano) generando un líquido al que las autoridades califican como “bebible”, a pesar del deterioro en su calidad y de los problemas de salud que puede causar.
Algo de alivio
Con Montevideo al borde del colapso, las lluvias de los últimos días aliviaron un poco el bajo nivel de reservas de la represa de Paso Severino, que aumentaron su nivel durante los últimos días, siempre de acuerdo al informe diario de Presidencia tras la declaración de la emergencia hídrica.
A pesar del creciente malestar y de los cruces políticos entre oficialismo y oposición, las precipitaciones ayudaron a calmar los ánimos y, sobre todo, a que los diques muestren una cara un poco menos desoladora.
Según la información oficial, en la principal fuente de agua dulce de la zona metropolitana de Uruguay hay 2.097.036 metros cúbicos, lo cual equivale a un 3,33% del total de la represa. Durante la última semana el nivel se incrementó en 979.554 metros cúbicos, alejando la posibilidad inmediata de que la capital uruguaya se quede sin agua de la canilla.
Mientras dure la emergencia, los valores máximos de cloruros y sodios permitidos por las autoridades siguen en topes de 720 miligramos/litro para el cloruro y 440 mg/l para el sodio, muy por encima de los máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sequía y mala gestión
Uruguay atraviesa -como pasó en la región central argentina- una sequía pocas veces vista que encadenó tres años seguidos, algo que no ocurría desde hacía décadas. Además de los efectos sobre la economía de la falta de agua al afectar las plantaciones forestales y la agroindustria, las escasísimas precipitaciones secaron la cuenca del río Santa Lucía, cuyos embalses se vaciaron generando el problema de abastecimiento que sufre Montevideo.
Según informó esta semana la Dirección Nacional de Aguas, las cuencas van a empezar el proceso de normalización a partir de la primavera. Hasta que eso ocurra, es muy probable que Obras Sanitarias del Estado -el órgano estatal encargado de suministrar agua- siga recurriendo al menos en parte al agua del río de la Plata, que es lo que obliga a subir los niveles de cloruro y sodio.
Además de los problemas sanitarios, muchos ciudadanos se quejan de que el agua de menor calidad comenzó a dañar aparatos como termotanques y calefones, y también canillas y hasta cubiertos de metal.
Un tema de salud pública
Pero el mayor problema, sin duda, son las consecuencias sobre la salud que trae el consumo de un agua de menor calidad, con mayores dosis de sal y de cloro.
Tanto así, que el propio ministerio de Salud Pública de Uruguay emitió una serie de recomendaciones para el consumo del agua de la canilla que, en el caso de la población en general (sin hipertensión diagnosticada) incluyen mantener el consumo habitual de agua diario “que puede ser en su totalidad agua de OSE”, con la salvedad de evitar agregar sal a los alimentos en los niños que están iniciando la alimentación semisólida/sólida (lactantes hasta 2 años) y usar “de ser posible” para la preparación de fórmulas de lactantes, agua mineral.
Para la población con mayor riesgo de ser hipertenso no conocido (mayores de 60 años) se recomiendan los controles de presión arterial periódicos. Para las personas que toman antihipertensivos y diuréticos, la recomendación es “disminuir al máximo el consumo de alimentos con exceso de sodio” y seguir consumiendo el agua de OSE “hasta un litro por día y completar la ingesta habitual con agua mineral”.
En tanto que aquellas personas con enfermedades renales crónicas, insuficiencia cardíaca, cirrosis o embarazadas hay que “evitar en lo posible el consumo de agua de OSE, asesorado por su médico tratante”. “En caso de tener que tomar el agua de OSE, se recomienda no exceder el litro de agua por día y aumentar la frecuencia de los controles de presión arterial y completar la ingesta del volumen diario de agua recomendado por su médico”.
Temas





