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Jorgelina Hiba | Ambiente | Provincia de Santa Fe | Camino rural

Caminos rurales sustentables: una nueva forma de mantener las rutas productivas

Un grupo de ingenieros propone abandonar la forma de mantenimiento de los caminos rurales para pasar a otro paradigma más sustentable. Tras 60 años de manejo convencional, los caminos perdieron en promedio un metro de perfil.

Inundables, hundidos y en mal estado. Así están muchos de los caminos rurales de la Argentina, una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros repartidos, sobre todo, en las provincias agropecuarias como Santa Fe.

Mejorar su transitabilidad y reducir el costo de mantenimiento es un deseo que comparten muchos jefes comunales y asociaciones de productores agropecuarios: para poder avanzar con eso, un grupo de ingenieros agrónomos y viales proponen abandonar la forma convencional de mantenerlos que se usó durante los últimos 60 años para ir hacia otro paradigma más sustentable donde el verde hace buena parte del trabajo.

“El nivel de rasante de los caminos está más bajo que el de los campos, por lo que no los estamos manteniendo, los estamos hundiendo, perdiendo capital y activo suelo”, explicaron desde la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables (AACRUS), una organización sin fines de lucro que agrupa actores vinculados a los caminos rurales como gobiernos y ciudades, así como productores y universidades.

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En la Argentina, los caminos rurales constituyen una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros.

En la Argentina, los caminos rurales constituyen una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros.

Su objetivo común es “promover un nuevo paradigma en la conservación y mantenimiento de caminos con calzada natural” y, por el momento, alrededor de una veintena de localidades santafesinas han avanzado, en diferente grado, con esta propuesta.

Cambiar la mirada

La provincia de Santa Fe tiene unos 60 mil kilómetros de caminos rurales que, tras 60 años de manejo convencional, perdieron en promedio un metro de perfil. Para mejorar eso, lo primero es cambiar la mirada y replantear el uso de las técnicas que se han usado hasta ahora, que no han resultado convenientes ni desde lo ambiental ni desde lo económico.

“El sistema convencional de manejo de los caminos rurales está basado en la remoción frecuente y masiva de tierra y en la ausencia de cobertura vegetal. Esto provoca una erosión constante e interminable que deprime cada vez más los caminos y genera un gasto infinito, ya que los trabajos de mantenimiento se vuelven cada vez más frecuentes”, señalaron los expertos de la Asociación durante una jornada realizada en la facultad de Ciencias Agrarias de la UNR.

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En la Argentina, los caminos rurales constituyen una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros.

En la Argentina, los caminos rurales constituyen una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros.

Según los integrantes de la AACRUS, en las últimas décadas el método para “mantener” los caminos rurales en buen estado fue siempre el mismo: remoción de suelos y borrado de huellas. “Si bien cuando se trazaron los caminos las calzadas estaban al mismo nivel que los campos, hoy están deprimidos, en algunos casos hasta uno o dos metros. Sobre ese panorama de suelos desnudos y removidos actúan la erosión hídrica y la eólica, que literalmente se comen la tierra”.

La propuesta

Desde la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables proponen otra forma de manejo que deja de lado la remoción frecuente de tierra para “emparejar”, que es lo que se hizo hasta ahora, para entrar a un nuevo paradigma de conservación y mantenimiento en el que prevalece el pasto en banquinas y cunetas, la compactación de la calzada y la generación de corredores verdes aledaños que sirven como refugio de biodiversidad y espacios de retención de agua.

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En la Argentina, los caminos rurales constituyen una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros.

En la Argentina, los caminos rurales constituyen una vastísima red vial con una extensión total de medio millón de kilómetros.

Según los profesionales de esa asociación, el manejo sustentable de caminos rurales se apoya mucho más en una forma de ver las cosas que en grandes y complejos desarrollos teóricos. “Esta forma de gestión se basa, de hecho, en pocos principios simples y económicos: el empastado de banquinas y cunetas, la creación de biorrefugios, la no remoción del suelo en la zona central del camino y la incorporación de la cortadora de pasto como herramienta clave en los corralones de mantenimiento vial de pueblos y comunas”, enumeraron.

Cuidar la biodiversidad

En un escenario global donde la crisis ecológica es cada vez más evidente, repensar el manejo de los caminos rurales es otra forma de cuidar el ambiente y de resguardar la biodiversidad de las regiones agropecuarias argentinas.

Es que con esta forma de manejo de la calzada natural, las veredas –que es como se denomina al espacio que se despliega entre la cuneta y el alambrado– se convierten en corredores de biodiversidad, ya que ahí crece de forma espontánea una vegetación que, idealmente, no debe fumigarse con agroquímicos para limpiar el terreno.

“Las veredas naturales son biorrefugios que consumen agua y fijan el suelo. No deben ser fumigadas de manera masiva e indiscriminada por los productores frentistas ni su suelo removido por los organismos encargados de los caminos” argumentaron desde la AACRUS. Además, que las cunetas tengan pasto ayuda a que se modere la velocidad con la que corre el agua: “La presencia de pasto o vegetación natural disminuye la erosión hídrica y genera una mejor capacidad de infiltración y retención de agua”.