Apenas pasaron pocas horas de la confirmación de que el próximo presidente de la Argentina será el libertario Javier Milei. En estos días de definiciones y letra fina, parece un hecho lo que fue una de las propuestas de campaña de ese político: la eliminación del ministerio de Ambiente.
Aún no se sabe si pasará quizá al rango de secretaría bajo la órbita de alguno de los ocho ministerios que quedarán en pie o serán creados por el nuevo gobierno o directamente dejará de existir bajo la forma que sea.
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Esta última opción parece la más probable, ya que dentro de las áreas que englobará el súper nuevo ministerio llamado “Capital humano” (que agrupará a Salud, Trabajo, Desarrollo Social y Educación) no aparece Ambiente.
Todo esto es consistente con lo que Milei dijo reiteradas veces antes de ser electo con el 56% de los votos el pasado domingo 19 de noviembre: que el calentamiento global no existe, que no hay influencia humana en el deterioro del planeta y que la naturaleza existe para ser mercantilizada, como cuando mencionó que no veía problemas a que un río fuera contaminado.
“El calentamiento del planeta es un cuento del marxismo cultural”, repitió varias veces el mandatario electo.
Otro interrogante es cómo afrontará el nuevo gobierno los compromisos asumidos por Argentina dentro de lo que se llama la Agenda 2030, un programa de Naciones Unidas que apunta a poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo a través de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Durante el debate de candidatos a vice presidentes, Victoria Villarruel dijo que desde La Libertad Avanza “no estaban con la Agenda 2030 porque privilegian la soberanía del Estado argentino por sobre la imposición de otros países".
Un planeta en llamas
Todo lo que pasa puertas adentro de la Argentina parece alejarse cada día más de los datos científicos y las evidencias empíricas sobre la crisis ecológica que atraviesa el planeta como consecuencia de la acción humana (sobre todo por la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas), que no solo no da tregua, sino que parece acelerarse.
Según anunció a principios de esta semana el programa de observación de la Tierra de la Comisión Europea (conocido como Copernicus), por primera vez la temperatura del planeta superó los dos grados centígrados por encima del promedio de la era preindustrial, cuando comenzaron las emisiones de gases que generan el efecto invernadero.
Los datos provisionales difundidos por ese organismo muestran que el 17 de noviembre pasado la temperatura global estuvo 2.07 grados por encima del promedio que hubo entre 1859 y 1900, mientras que un día después (el 18 de noviembre) fue de 2.06.
Organizaciones como la NASA han analizado los impactos de un aumento de 2 grados en las temperaturas globales, un umbral considerado como crítico a partir del cual pueden producirse efectos imprevisibles y en cascada.
En base a modelos de predicción climática que toman en cuenta la temperatura del aire, las lluvias, la humedad relativa, la radiación solar y la velocidad del viento con dos grados más aparecen al menos dos indicadores preocupantes: el estrés por calor sobre el cuerpo humano, y la multiplicación del riesgo de incendios forestales.
Una doctrina negacionista
En el camino marcado por otros expresidentes como Donald Trump y Jair Bolsonaro, Milei es un negacionista del cambio climático: no cree que esté ocurriendo, y si pasa algo se debe al ciclo natural del planeta, y no a las emisiones que desde hace un siglo y medio el ser humano emite alterando la composición de la atmósfera.
El presidente electo ya había dicho esto y lo ratificó durante uno de los debates presidenciales cuando mencionó que el desarrollo humano estaba relacionado con la educación, la longevidad y los ingresos, y que eso a su vez estaba atado a la libertad económica.
Cuando la entonces candidata de la izquierda Myriam Bregman le dijo si negaba el cambio climático, el libertario aseguró que no lo negaba, pero que "no existía responsabilidad humana”, a pesar de que la ciencia ya ha demostrado que el calentamiento del planeta se origina en la quema de combustibles fósiles, sobre todo.
En su plataforma electoral -según un relevamiento hecho por Chequeado- había una breve alusión a la promoción de nuevas fuentes de energías renovables y limpias (solar, eólica, hidrógeno verde), así como al fomento de centros de reciclaje de residuos y al cuidado del patrimonio marítimo.
Contra la agenda 2030
A los dichos negacionistas de Milei se sumó, durante el debate de candidatos a vicepresidente, la argumentación de Victoria Villarruel respecto a los compromisos asumidos por Argentina a nivel internacional para respetar la Agenda 2030, un compendio de objetivos de desarrollo sustentable que incluyen la lucha contra la pobreza y el calentamiento del planeta.
"No estamos con la Agenda 2030 porque privilegiamos la soberanía del Estado argentino por sobre la imposición de otros países", dijo Villarruel en relación a esa iniciativa suscripta por 193 Estados pensada como una herramienta central para el desarrollo sostenible en base a tres pilares: lo económico, lo social y lo ambiental.
La agenda 2030 no es vinculante, esto quiere decir que no implica obligaciones de ningún tipo, sino que funciona como un ámbito de las Naciones Unidas para que los países del mundo puedan estar alineados en temas como la agenda ambiental.
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