Quién era Romina Rivera Cruz, la niña violinista que tocó ante el papa León XIV y murió a los 9 años

La pequeña venezolana comenzó a estudiar violín a los cuatro años y, gracias a su talento y dedicación, llegó a integrar la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela. En octubre de 2025 viajó a Roma y protagonizó un solo frente al papa León XIV.

Romina Rivera Cruz se destacó desde pequeña por su talento y disciplina y llegó a ocupar un lugar entre los primeros violines de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela.

Romina Rivera Cruz se destacó desde pequeña por su talento y disciplina y llegó a ocupar un lugar entre los primeros violines de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela.

Romina Rivera Cruz tenía 9 años y una historia atravesada por la música. La niña, oriunda de Venezuela, comenzó a estudiar violín cuando tenía apenas cuatro años y, con el paso del tiempo, su talento y disciplina la llevaron a formar parte de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela.

Murió el pasado 16 de agosto, después de permanecer diez días internada en un hospital de Acarigua-Araure. Romina padecía fibrosis quística, una enfermedad genética y crónica que afecta principalmente los pulmones y el sistema digestivo.

El violín, una pasión desde los cuatro años

Romina inició su formación musical en el núcleo Acarigua-Araure de El Sistema, el reconocido programa venezolano de orquestas infantiles y juveniles. Desde muy pequeña se destacó por su compromiso con el instrumento y logró superar distintas instancias de selección hasta conseguir un lugar entre los primeros violines de la Sinfónica Nacional Infantil.

Con apenas 8 años, la niña interpretó un solo de Danzón N.º 2 durante el concierto “Santos y Música para Todos”, en el Vaticano.

Con apenas 8 años, la niña interpretó un solo de Danzón N.º 2 durante el concierto “Santos y Música para Todos”, en el Vaticano.

Quienes compartieron con ella su formación artística la recuerdan como una niña disciplinada, estudiosa, talentosa y feliz. A pesar de convivir con una enfermedad crónica, continuó con sus estudios musicales y desarrolló una carrera que, para su corta edad, ya había alcanzado escenarios de enorme relevancia.

El viaje a Roma que marcó su corta carrera

Uno de los momentos más importantes de la vida de Romina ocurrió en octubre de 2025, cuando viajó a Roma junto a una delegación de unos 160 niños venezolanos para participar de las actividades vinculadas con la canonización de Carmen Rendiles y José Gregorio Hernández.

Durante el concierto Santos y Música para Todos, la pequeña fue elegida para interpretar un solo de violín en Danzón N.º 2, una de las obras más reconocidas del compositor mexicano Arturo Márquez.

Con apenas 8 años, Romina llevó su música hasta el Vaticano y se presentó ante el papa León XIV. Aquel momento se convirtió en uno de los recuerdos más destacados de su trayectoria y fue también una muestra del talento que había desarrollado desde que comenzó a estudiar el instrumento.

Su vida en Venezuela más allá de la música

Además de su actividad artística, Romina cursaba quinto grado en el colegio Nuestra Señora del Pilar. La institución también expresó su pesar por la muerte de la niña y la recordó por la huella que dejó entre sus compañeros y docentes.

Tras su muerte, su madre cuestionó la atención médica que recibió durante los diez días que permaneció internada en un hospital de Acarigua-Araure, en Venezuela. 

Tras su muerte, su madre cuestionó la atención médica que recibió durante los diez días que permaneció internada en un hospital de Acarigua-Araure, en Venezuela.

Tras su fallecimiento, el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela despidió a una de sus integrantes y destacó su sonrisa, su amor por el arte y su talento.

La muerte de Romina también generó un reclamo de su familia. Su madre, Claribeth Cruz, cuestionó la atención que recibió durante los diez días que permaneció internada y aseguró que los profesionales que la atendieron no estaban familiarizados con la fibrosis quística. También afirmó que no se permitió la participación de su neumóloga habitual en las decisiones sobre el tratamiento.

Mientras su familia reclama respuestas sobre sus últimos días, el recuerdo de Romina permanece ligado a la música: una niña que comenzó a tocar el violín a los cuatro años y que, con apenas ocho, llegó a presentarse ante el papa en el Vaticano.

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