Murió Romina Rivera Cruz, la niña violinista venezolana que tocó frente al papa León XIV
La pequeña tenía nueve años, padecía fibrosis quística e integraba la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela. En octubre de 2025 había viajado a Roma y protagonizado un emotivo solo de violín ante el papa.
Romina Rivera Cruz tenía 9 años y había comenzado a estudiar violín cuando tenía apenas cuatro.
Romina Rivera Cruz, una violinista de Venezuela de nueve años que formaba parte de la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela, murió el pasado domingo luego de permanecer internada durante diez días en un hospital de Acarigua. La niña padecía fibrosis quística, una enfermedad genética y crónica que afecta principalmente los pulmones y el sistema digestivo.
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La noticia fue confirmada por el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, conocido como El Sistema, institución de la que Romina formaba parte. “Recordaremos siempre tu sonrisa, tu amor por el arte y tu brillante talento. Es muy duro perder a uno de los nuestros”, expresó la organización.
El recuerdo de su presentación frente al papa León XIV
La trayectoria musical de Romina la llevó, en octubre de 2025, a viajar a Roma junto a una delegación de unos 160 niños venezolanos, en el marco de las actividades por la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles.
Uno de los momentos más importantes de aquel viaje ocurrió durante el concierto Santos y Música para Todos. Allí, la pequeña violinista tuvo a su cargo un solo en Danzón N.º 2, del compositor mexicano Arturo Márquez, frente al papa León XIV.
Raquel Castillo, directora regional de El Sistema en Portuguesa, recordó a Romina después de conocerse su muerte y la describió como una estudiante “muy disciplinada, estudiosa, talentosa y feliz”. También el colegio Nuestra Señora del Pilar, donde cursaba quinto grado, despidió a la niña y destacó la huella que dejó entre sus compañeros y docentes.
La denuncia de la madre de la niña venezolana por la atención médica
Tras el fallecimiento, Claribeth Cruz, madre de Romina, cuestionó públicamente la atención que recibió su hija durante los diez días de internación. Según su relato, la niña fue atendida por distintos médicos que no estaban familiarizados con la fibrosis quística y que no permitieron que su neumonólogo habitual participara en las decisiones sobre el tratamiento.
Cruz también sostuvo que el hospital no contaba con las condiciones necesarias para atender a una paciente con la complejidad médica de su hija y cuestionó la cantidad de estudios que le realizaron durante la internación.
“Sé que con esto no voy a recuperar a mi hija”, expresó la mujer, quien explicó que decidió contar públicamente su experiencia para advertir sobre situaciones que podrían atravesar otros niños con enfermedades complejas.
A pesar de convivir desde pequeña con la fibrosis quística, Romina mantuvo su pasión por la música y llegó a formar parte de una de las principales agrupaciones infantiles de Venezuela.
Juan Beneditto, quien fue su profesor de Lenguaje Musical, recordó que la niña era consciente de su enfermedad desde muy pequeña. Según relató, cuando tenía seis años mantuvo con él una conversación en la que habló sobre la posibilidad de morir y sobre la importancia de aprovechar el presente.
Su talento musical, su paso por Roma y aquella presentación frente al papa quedaron como parte de la breve pero destacada historia de una niña que encontró en el violín una forma de expresarse y de cumplir sueños a una edad muy temprana.






