Este lunes 13 de febrero, finalmente y después de una semana de postergaciones, dará comienzo a la segunda etapa del juicio contra el terrorista uzbeko, Seyfullo Seipov, condenado de forma unánime a fines de enero por 28 cargos relacionados con el asesinato de 8 personas, las lesiones provocadas a los heridos (tentativa de homicidio incluida), dar soporte o recursos materiales a una organización terrorista internacional designada como tal por el Gobierno (en este caso EI, ex ISIS), entre otros, en la ciudad de Nueva York.
En esta etapa, el jurado deberá decidir qué pena corresponde al condenado por las muertes ocurridas el 31 de octubre de 2017, en la ciclovía ubicada en el sur de Manhattan y en el que fueron asesinados Hernán Mendoza, Diego Angelini, Alejandro Pagnucco, Ariel Erlij y Hernán Ferruchi, todos excompañeros del Colegio Politécnico de Rosario que fueron a celebrar los 30 años de egresados con su grupo de amigos.
Además, en el hecho también fallecieron dos ciudadanos norteamericanos y una turista belga, y más de 20 personas resultaron heridas. El debate está entre la cadena perpetua o la pena de muerte, decisión que debe ser tomada de forma unánime por el jurado.
Durante toda la semana y el comienzo de la próxima se escucharán los testimonios que aportará la fiscalía. Vale recordar que según la acusación, Saipov pretendió con sus acciones poder ingresar a la organización terrorista EI (ISIS en 2014 cambia sus nombre a Islamic State), inspirándose en matanzas cometidas en otros lugares, situación vinculada con la enorme cantidad de videos e imágenes que fueron encontradas en su celular.
Sobre la base de pruebas y testimonios, el día no fue elegido al azar: fue en Halloween, donde aprovecharía la gran presencia de gente en la calle para hacer más mortífero su cometido. Alquiló un camión que había probado anteriormente, y salió a matar deliberadamente. Si no hubiera chocado contra un bus escolar con niños, hubiera seguido adelante incrementando aún más el número de víctimas fatales.
Todos los elementos que se conocen hoy relacionados con atentados terroristas en el mundo se hicieron presentes: se lo escuchó decir “Allahu Akbar”/“Dios es grande”, nota escrita en árabe, pedido para colocar una bandera de EI en la habitación así como la modalidad de muerte utilizada en Niza, Berlín, Londres, Estocolmo y Barcelona (todos entre 2016 y 2018, luego que Al Qaeda saliera a pedir a sus fieles utilizar vehículos como “cortadoras de césped” para terminar con los enemigos de Alá). Un horror que se cruzó con este grupo de amigos que llegaron a Nueva York para celebrar y terminaron asesinados por una realidad que parecía absolutamente lejana para cualquier santafesino.
¿Discriminación por el pedido de pena de muerte?
La decisión sobre la aplicación de la pena de muerte en este caso, debe ser unánime en el jurado compuesto por ciudadanos norteamericanos, en lo que podría ser la primera de la gestión del presidente Joe Biden, quien se manifestó repetida y abiertamente en contra de esta práctica durante su campaña electoral para llegar a la Casa Blanca.
Cuatro días antes del inicio de la segunda etapa del juicio, la defensa de Saipov, a cargo de David Patton, planteó que la intención del gobierno de pedir la pena de muerte podría caer en una cuestión vinculada a una posible discriminación racial o religiosa.
La defensa siempre reconoció la autoría material del atentado por parte de Saipov, pero negó que lo haya hecho con el objetivo de ingresar al EI, estrategia fundamental de cara a evitar la aplicación de la pena de muerte como condena. Patton planteó que estaban dispuestos a reconocer la culpabilidad, renunciar a cualquier apelación futura y aceptar la cadena perpetua bajo estrictas condiciones que limiten incluso sus comunicaciones con terceros en el futuro.
La moción de la defensa cuestiona por qué el gobierno insiste con la pena de muerte para Saipov, pedida por el expresidente Donald Trump, pero ratificada por la actual gestión, cuando la administración de Biden ha habilitado moratorias en ejecuciones federales en otros casos, dejando de lado esta pena en “ataques más mortíferos” como el cometido en El Paso, Texas, donde fueron asesinadas 23 personas de origen latino por un crimen de odio (el autor del tiroteo dijo que fue en “respuesta a la invasión hispana”) en un Walmart en 2019. Desde la defensa se plantea por qué en ese caso sí se deja de lado, y en el de Saipov no, planteando que el origen y la religión de este último pudieron incidir en la decisión.
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