El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se encontraba viajando de regreso a Washington, tras finalizar su viaje por Asia, cuando su secretaria de Prensa, Karine Jean-Pierre, confirmó en su cuenta de Twitter que el mandatario había sido informado sobre la masacre en una escuela de Texas, en donde murieron 21 personas este martes.
“El presidente Biden ha sido informado sobre las terribles noticias del tiroteo en la escuela primaria de Texas y seguirá recibiendo información regularmente a medida que la información esté disponible”, dijo la vocera. Aseguró también que “sus oraciones están con las familias afectadas por este terrible evento”.
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Más tarde, el mandatario ofreció un mensaje nacional ante la prensa y se comunicó con el gobernador de Texas.
"Este tipo de tiroteos masivos rara vez ocurren en otras partes del mundo. ¿Por qué estamos dispuestos a vivir con esta carnicería? ¿Por qué seguimos dejando que esto suceda? ¿Dónde, en el nombre de Dios, está nuestra columna vertebral para tener el coraje de enfrentarlo? Es hora de convertir este dolor en acción", dijo Biden.
"Esta noche, hay padres que nunca volverán a ver a su hijo. Padres que nunca serán los mismos. Perder un hijo es que te arranquen un trozo del alma para siempre. Le pido a la nación que ore por ellos, para darles fuerza en la oscuridad", agregó.
El Papa Francisco, con el "corazón roto"
A las palabras de Biden se sumaron las del jefe máximo de la Iglesia Católica, el Papa Francisco, que condenó el comercio "incontrolado" de armas. Francisco dijo que tenía "el corazón roto".
"Tengo el corazón roto por esta matanza cometida en una escuela primaria de Texas. Rezo por los niños y por los adultos muertos y por sus familias", dijo tras la audiencia general del Vaticano. "Es hora de decir 'basta' al tráfico incontrolado de armas", agregó.
Un adolescente de 18 años mató el martes a 19 niños y dos maestros en una escuela primaria de Uvalde, una pequeña localidad de Texas, situada cerca de la frontera con México.
En la escuela estudian una mayoría de niños hispanos, de entre 7 y 10 años, muchos de ellos de familias modestas.
El gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, dijo que el sospechoso, a quien identificó como Salvador Ramos, era un residente local y ciudadano estadounidense y también falleció, muy probablemente abatido por las fuerzas de seguridad.
El tiroteo fue el más mortífero desde el de Sandy Hook en Connecticut en 2012, en el que murieron 20 niños y seis adultos.
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