Según informaron oficialmente, la ofensiva consistió en “una amplia oleada de ataques contra infraestructura del régimen iraní”, con foco en instalaciones consideradas estratégicas para las capacidades militares del país.
Entre los blancos alcanzados se incluyeron sedes de organizaciones de seguridad, centros de fabricación de armas y espacios vinculados a la investigación y producción de tecnología militar, como electrónica, misiles balísticos y ojivas.
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De acuerdo con el comunicado israelí, el cuartel atacado era utilizado para coordinar operaciones, evaluar situaciones militares y dirigir a la fuerza paramilitar Basij, una organización clave dentro del esquema de seguridad iraní.
Daños y posible impacto en civiles
Por su parte, la agencia semioficial Fars reportó múltiples explosiones en distintos puntos de Teherán durante los ataques. En ese contexto, la Media Luna Roja iraní indicó que equipos de rescate trabajaban entre los escombros de un edificio residencial en busca de un niño, lo que sugiere posibles víctimas o personas atrapadas.
Las autoridades israelíes aseguraron que la operación forma parte de una estrategia para debilitar los sistemas centrales del régimen iraní y reducir sus capacidades de seguridad.
Además, afirmaron que se implementaron medidas para minimizar el impacto sobre la población civil, mediante el uso de municiones de precisión, vigilancia aérea e inteligencia adicional.