En diálogo con Luis Mino en el programa Ahora Vengo, Liliana relató desde el corazón mismo de la plaza donde miles esperaban el regreso de los suyos: “Feliz, feliz, feliz. No hay otra palabra”.
Tras más de dos años de secuestro en manos de Hamás, entre los liberados estaban tres argentinos: David y Ariel Cuño, hermanos, y Eitan Orn. Pero la emoción de Liliana no se detenía en esos 20 nombres. “Todavía quedan 28. Y mientras haya uno, uno solo, vamos a seguir yendo a la plaza, todos los días si es necesario”, afirmó con una firmeza que no admite rendiciones.
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Una mañana que no se olvida
A las 4:40 de la madrugada, el despertador sonó en casa de Liliana. A las 5 ya estaba en un taxi rumbo a Tel Aviv. A las 6, era una de las primeras en llegar a la Plaza de los Rehenes. Allí comenzó una vigilia que creció hora tras hora, hasta reunir a más de 100 mil personas. “Había religiosos, laicos, ortodoxos, nacionalistas. El pueblo estaba entero. Era un país en oración colectiva”, describió.
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En la entrevista, confesó algo que muchos pensaban pero no se atrevían a decir: que sin la intervención del presidente estadounidense Donald Trump, tal vez nada habría cambiado. “Moler agua, eso hicimos durante dos años. Nada salía de ahí. Murieron soldados, no regresaban los rehenes, y todo seguía igual… Hasta que apareció él. Perdón si a alguien le molesta, pero si no fuera por Trump, no pasaba nada”, lanzó sin rodeos.
Liliana no es una espectadora lejana. Ha sido voluntaria en los kibutz que bordean la Franja de Gaza, hoy zonas devastadas por la guerra. Sus hijos han servido en el ejército israelí: uno en activo, otro en la reserva desde hace más de 450 días. Su historia está entrelazada con la tragedia y la lucha cotidiana del pueblo israelí.
Liberación Israel
Mientras el mundo observa con atención, Israel vive un día en el que la palabra “paz” vuelve a pronunciarse.
En la entrevista, confesó algo que muchos pensaban pero no se atrevían a decir: que sin la intervención del presidente estadounidense Donald Trump, tal vez nada habría cambiado. “Moler agua, eso hicimos durante dos años. Nada salía de ahí. Murieron soldados, no regresaban los rehenes, y todo seguía igual… Hasta que apareció él. Perdón si a alguien le molesta, pero si no fuera por Trump, no pasaba nada”, lanzó sin rodeos.
Una ovación en el Parlamento y un pueblo que no olvida
La llegada de Trump a Israel fue recibida con honores. Ovación de pie en el Parlamento, incluso antes de hablar. Netanyahu, el presidente Herzog, las familias de los rehenes: todos estaban allí. El acuerdo que destrabó la liberación fue parte de un movimiento mayor para consolidar un alto el fuego y sentar las bases de un nuevo proceso de paz en la región.
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Liliana no ocultó su escepticismo político, pero sí dejó claro algo: “Yo no sé nada de política, pero sé que hay 20 personas que volvieron. Y eso es lo único que me importa hoy”.
“Cada persona es un mundo”
En el cierre de la entrevista, su voz se quebró solo por un momento. Recordó una enseñanza del Talmud: "Cada persona que muere es un mundo que desaparece. Una historia que no fue contada, una descendencia que no existirá". Y volvió a repetir, como un mantra colectivo, como un juramento de miles: “Hasta que el último de los secuestrados no esté en Israel, no vamos a dejar la plaza”.
Liliana no es una analista, no es una funcionaria, no tiene investidura. Pero hoy su testimonio —crudo, sincero, profundamente humano— representa como pocos el alma de un pueblo que resiste, que espera, que no olvida.