El caso que horrorizó a Inglaterra: dos nenes de 10 años secuestraron, torturaron y asesinaron a James Bulger, un bebé de 2
Dos niños de 10 años secuestraron y asesinaron a un pequeño de dos en Liverpool en 1993. Un crimen que estremeció al Reino Unido y generó un debate profundo.
James Bulger , de dos años, desapareció el 12 de febrero de 1993 en un centro comercial de la localidad de Bootle, en Inglaterra. Dos días después, su cuerpo, seccionado en dos partes , fue encontrado en una línea férrea.
Hace tres décadas, un crimen sacudió al Reino Unido y dejó una marca indeleble en la memoria colectiva: dos niños de 10 años, Jon Venables y Robert Thompson, secuestraron y asesinaron a James Bulger, un niño de apenas dos años, en Liverpool. Este crimen conmocionó a la sociedad no solo por la brutalidad del acto, sino también por la corta edad de los responsables.
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Todo ocurrió el 12 de febrero de 1993, cuando James Bulger fue raptado de un centro comercial en Liverpool. Venables y Thompson, dos menores con antecedentes de problemas de conducta, lo alejaron de su madre mientras ella realizaba compras. Aquel secuestro fue registrado en cámaras de seguridad, y las imágenes mostraban a los dos chicos llevándose al pequeño de la mano, una escena que luego se volvería emblemática del caso.
Cómo fue el crímen de James Bulger
Aquella tarde, James se alejó de su madre y comenzó a seguir a dos chicos. Entretenido, caminó tras ellos hasta salir del centro comercial. Al principio, lo llevaban de la mano, pero pronto comenzaron las agresiones. Durante cuatro kilómetros de terror a través de Liverpool, James lloró, pidió a su madre, recibió golpes y patadas; agotado, los niños lo arrastraban a la fuerza.
Al pasar por el canal Leeds and Liverpool, a unas cuadras del centro comercial, lo empujaron con fuerza, y cayó de cabeza sobre el pavimento. Se lastimó el rostro y un hematoma apareció en su frente. Con dificultad, continuó caminando. Venables y Thompson le pusieron la capucha del anorak para ocultar sus heridas.
Se burlaban de él mientras los 38 testigos que vieron pasar la escena asumieron, sin sospechas, que se trataba de hermanos discutiendo.
Días después, muchos de esos testigos se sintieron cómplices involuntarios de una tragedia que quizá, con la intervención de un adulto, podría haberse evitado. A medida que avanzaban las investigaciones, surgieron los relatos de arrepentimiento.
Un hombre confesó haber visto cómo Thompson golpeaba en las costillas al pequeño; al preguntarle qué sucedía, los chicos respondieron que eran hermanos. Una mujer mayor, al verlo llorar, también los interpeló. Ellos respondieron que lo habían encontrado perdido. Ella les ofreció llevarlo a la estación de policía, pero al solicitar a otra mujer que cuidara de su hija mientras tanto, la respuesta de la mujer —que se negó debido a que tenía un perro peligroso— condenó la posibilidad de rescate de James. Así, una cadena de eventos desafortunados frustró cualquier intento de ayuda.
Venables y Thompson continuaron con James y entraron a algunos negocios. Robaron pintura azul para maquetas, un muñeco Troll y algunas baterías. En una tienda de mascotas, el dueño, quien ya conocía a los niños por sus travesuras previas, los echó. Venables se justificó diciendo que James era el hermano menor de Thompson. Las mentiras continuaron, prolongando el tormento del niño.
Finalmente, en el terraplén de una estación de tren abandonada, la violencia llegó al extremo. Lo golpearon con ladrillos y piedras, le lanzaron la pintura azul en los ojos, le patearon el rostro (la huella del zapato de Thompson quedó marcada en su mejilla). Luego, saltaron sobre él, fracturándole manos y costillas. Le introdujeron pilas en la boca y, con una barra de hierro de diez kilos, le provocaron múltiples fracturas adicionales. Para terminar, colocaron el cuerpo de James sobre las vías y cubrieron su rostro con escombros.
Minutos después, un tren pasó y dividió su cuerpo en dos.
El patólogo forense Alan Williams informó que el cuerpo de James presentaba 42 heridas distintas. Eran tantas que no pudo determinar cuál fue la que causó su muerte. Además, señaló que había indicios de connotaciones sexuales en el caso, ya que el niño fue hallado sin pantalones, ropa interior, medias ni zapatos, y sugirió que había signos de manipulación en el área genital.
Un juicio que conmovió a todo el país
James Bulger había sido secuestrado, torturado y asesinado por dos niños de apenas 10 años. Gran Bretaña no habló de otra cosa durante meses, mientras el juicio dejó una marca profunda en la sociedad y abrió un complejo debate sobre la justicia juvenil.
La investigación policial no tardó en identificar a los responsables. Ambos fueron detenidos y juzgados, lo que generó un gran debate en torno al sistema judicial y las penas adecuadas para menores de edad en casos de crímenes graves. Finalmente, Venables y Thompson fueron sentenciados a una pena en instituciones para menores hasta cumplir la mayoría de edad.
El caso Bulger no solo sacudió al Reino Unido, sino que también abrió un intenso debate sobre la violencia en la infancia y las influencias sociales en el comportamiento de los menores. En 2001, ambos fueron liberados bajo nuevas identidades, una decisión que generó gran controversia y un sentimiento de inseguridad en la población.
Desde entonces, el caso de James Bulger sigue siendo recordado como uno de los crímenes más estremecedores y ha sido objeto de estudios y documentales que intentan comprender cómo dos niños pudieron ser capaces de cometer un acto tan atroz.









