Si bien la tasa de homicidios dolosos en Rosario muestra una curva descendente en los últimos años, el recorte de un dato en particular deja la sangre helada. El año que acaba de terminar cerró con 158 muertes por causas violentas, entre los cuales figuran 11 niños menores de 18 años, muchos de ellos víctimas involuntarias expuestas a las encarnizadas disputas personales o entre bandas que derrama terror y miedo en zonas conflictivas de la ciudad. En uno de los casos, uno nene de 4 años fue blanco de un despiadado ataque con un piedra en medio de un intento de robo a sus padres.
Despiadados
Para poner nombre e historia a las víctimas, porque eso son, víctimas, el 2019 se abrió esa esa triste lista con la muerte de Emilse Sosa, una joven de 16 años acribillada bajo una balacera infernal el 1º de marzo a las 20.30 en Manantiales al 3700, una territorio áspero entre la vía Honda y barrio Alvear. En el sangriento episodio también murió Miguel Ángel Quintana, de 50 años y hubo otros nueve heridos, entre los cuales se encontraba una nena de apenas 5 años que sufrió un disparo en la cabeza. Hubo dos detenidos que fueron llevados a una audiencia imputativa. Las hipótesis que barajan los investigadores apuntaba a una mujer de 29 años, que supo ser pareja de Ariel Máximo “El Viejo Cantero, como la posible ideóloga del ataque que terminó la vida de Emi Sosa, que nada tenía que ver con un supuesto trasfondo por la venta de estupefacientes.
*Siete días más tarde, el 8 de marzo, murió Carolina Visca, de apenas 10 años. La pauperización de los niveles de vida de su familia y los estragos en el consumo de droga de su padre y madrastra habría desencadenado el horror dentro de una vivienda ubicada en los confines de barrio Las Flores. La nena murió quemada viva dentro de la casa en un incendio provocado intencionalmente.
Dos días después la fiscal Georgina Pairola imputó a Esteban V., 31 años y padre de la niña por el delito de abandono de persona seguido de muerte, mientras que su pareja Mónica M., de 38, recibió el delito de homicidio simple. Ambos esperan la audiencia preliminar al juicio en prisión preventiva efectiva. Los vecinos deslizaron que la pareja estaba perdida por el consumo de drogas.
Por una gorra
*El 30 de marzo, Julián Agustín Zambrana, de 17 años, fue ejecutado en Aborígenes Argentinos y Rouillón, en una zona que se conoce como el barrio del asentamiento Toba, en el extremo sur de la ciudad. El chico trabajaba con su padre en el reparto de carbón y transitaba su último año de la escuela secundaria. El día que decidieron terminar con su vida charlaba tranquilamente con un par de amigos en una esquina, a la vuelta de su casa.
Un muchacho identificado como conflictivo, tal vez de la misma edad que la víctima, abordó a Julian y le exigió que le entregara la gorra. Pero el chico se negó y como respuesta inmediata recibió dos disparos de arma de fuego: uno en el pecho y otro en el estómago. Murió “por una gorra”, dijeron sus familiares, desconsolados y sin tener herramientas para comprender que la puja por ese simbólico elemento entre los jóvenes pudiera desatar un crimen. El drama se instaló en la familia Zambrana.
Bandas sin ley
*El 4 de abril de abril una lluvia de balas se llevó la vida de Soledad Gómez, de apenas 13 años. Ocurrió en 27 de Febrero y Lima, el postergado barrio Villa Banana, en el distrito oeste de la ciudad. La nena estaba en la calle, conversando con amigos cuando irrumpieron forajidos y, sin mediar palabras, abrieron fuego contra el grupo. A las pocas horas el padre la nena expresó con dolor inagotable que “la policía libera la zona y te matan como a un perro”. Con hartazgo, los vecinos del lugar al reclamaron justicia por el hecho y dijeron que detrás de los tiros estaba “una banda de traficantes, que habían comprado una pistola y salieron a los pasillos a probarla”.
Diez días después fue detenido un joven de 19 años que quedó en prisión preventiva por el plazo de ley imputado por el delito de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego. El diputado Carlos Del Frade, que acompañó esas y otros reclamos vinculados a muertes violentas e injustificadas, denunció que en el barrio “existe un arsenal de armas que nutre el mercado negro”.
*Maximiliano Sosa, de 17 años murió en Tablada el 12 de abril. Lo ejecutaron desde una moto en Esmeralda al 3900 cuando estaba en la puerta de su casa. Los investigadores no descartaron un ajuste de cuentas por su precoz participación en conflictos con otras bandas de esa zona caliente del sur rosarino. La policía levantó ocho vainas servidas calibre 22 que quedaron esparcidas en el pavimento. Cuando la vida del Sosa debía transitar por otros carriles, tras su muerte se deslizó que estaba involucrado en algunos hechos delictivos, incluso como gatillero de la banda de Los Funes. Ese hecho por ahora no tiene personas imputadas o sospechadas.
*Sin respiro. Al otro día un nuevo hecho de sangre consumió la vida de un chico menor de edad. El 13 de abril asesinaron a Matías Silvestre, de 17 años, en Travesía y pasaje 705. Lo dieron un certero puntazo en el cuello que le atravesó una arteria y prácticamente murió desangrado en el hospital.
En este caso no quedó claro si la víctima mantuvo un altercado con un desconocido o fue víctima de un robo. Un menor de edad quedó a disposición de la Justicia como principal sospechoso de haberlo matado. Matías no tenía antecedentes y estudiaba séptimo grado en la escuela Nicasio Oroño.
*Juan David Godoy, de 13 años, fue asesinado en Ottone y Olivé, en el barrio Empalme Graneros, donde residía. La noche del 29 de junio merodeaba por una vivienda donde se desarrolla una festejo al que no había sido invitado. En ese contexto tuvo un entredicho con otro adolescente. Un adulto lo corrió a la calle y lo ejecutó de un disparo en el cráneo. Quedó tendido en el piso. Y aunque fue trasladado por familiares al Hospital de Niños zona norte, nada se pudo hacer para salvarle la vida.
Cuando los médicos lo atendían le encontraron en el bolsillo de un pantalón cuatro vainas servidas calibre 22, que fueron incautadas por los investigadores. Como principal sospechosa de haber matado a Godoy fue detenida una joven de 20 años, oriunda del barrio Schneider de Santa Fe. Le imputaron el homicidio agravado y se ordenó que quede en prisión preventiva por el plazo de ley.
Cuando los médicos lo atendían le encontraron en el bolsillo de un pantalón cuatro vainas servidas calibre 22, que fueron incautadas por los investigadores
*El 5 de agosto se apagó la vida de Mauricio Alexandro Gorosito, de 16 años. Murió en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez donde lo trasladó un amigo luego de que lo atacaran a balazos en la vía pública, a la altura de Curupaytí al 5400, en los límites de los barrios Triángulo y Moderno. Las balas los atravesaron en el brazo izquierdo y en el pecho. Las motivaciones fueron un misterio, porque Mauricio vivía a 25 cuadras de donde lo atacaron. Un moto Scooter y un camperón de la víctima fueron las evidencias que colectaron los investigadores en la escena del crimen.
*El 10 de noviembre pasado Matías Cabrera, de 16 años, fue asesinado en Cerrito y Colombia. Como en otros incidentes similares, también lo sorprendió una ráfaga infernal de proyectiles de arma de fuego cuando estaba con un grupo de amigos en la vía pública. Todo ocurrió mientras se desarrollaba un fiesta en una casa repleta de jóvenes que entraban y salía a la calle.
En ese contexto, sobre las 3.30 de la madrugada llegaron dos personas a bordo de una moto Honda Titán CG, uno de ellos se bajó, tomó posición y disparó directamente hacia el sector donde estaba Matías. Otra chica de 15 años resultó con heridas leves que no pusieron en riesgo su vida. El barrio quedó consternado por las estampidas y el repiqueto de las balas que le pusieron fin a la vida del adolescente. Tal vez la víctima no estaba al tanto, pero la casa a la que concurrió estaba en la mira de los pesquisas por sospechas de negocios oscuros ligados al narcomenudeo.
Una piedra
*La muerte de Liam Flores, de apenas 4 años, se dio en un claro contexto de inseguridad ciudadana. El 10 de noviembre el niño circulaba en moto junto a sus padre por la oscura y postergada franja de San Martín y Platón, en el extremo sur de la ciudad. Eran no más de las 21 cuando le salieron al cruce dos delincuentes, uno de los cuales les arrojó una piedra o adoquín que impactó de lleno al chiquito en el cráneo mientras iba cantando en brazos de su madre. Cuando la moto se detuvo, los padres advirtieron que el nene estaba bañado en sangre. Aunque lo trasladaron al hospital de Niños Víctor J. Vilela, Liam falleció a las pocas horas por un gravísimo traumatismo de cráneo. Sus padres desconsolados no hace más que pedir justicia, que encuentren a los agresores y les apliquen el peso de la ley.
*El último hecho grave del año tuvo como víctima a Milton Uriel Imperiale, de 16 años, en Villa Gobernador Gálvez. Fue atacado a las 22 del 2 de noviembre en una casa de Piazza a 256 de la vecina localidad. Todo se habría originado por un conflicto menor que escaló a límites insospechados. Una chica le dijo a Milton que sus hermanos le habían robado una garrafa. Ante eso, el chico fue con un primo a pedir explicaciones y a defender a su amiga del robo. Dentro de la vivienda discutió con los hermanos de la joven y se precipitó una áspera pelea. Según testigos, los hermanos de la chica los atacaron a golpes a Milton y uno de ellos le aplicó una cuchillazo. en el tórax que le provocó la muerte.
Los agresores fueron identificados como Leandro “Carabina “G., de 24 años, y Maximiliano G., de 27. Del lugar del hecho se secuestraron una gorra con sangre y un cuchillo. Leandro G. fue imputado por el delito de homicidio simple en carácter de autor, y le dictaron la prisión preventiva por 90 días. Milton concurría al comedor “Los bajitos”, en el barrio Molino Blanco. “Era un chico muy bueno, venía a buscar comida para los hermanitos y otras familias de La Ribera”, describió una de las personas que coordina el lugar.
Es insoslayable que en muchos de los casos descriptos surgieron a partir de conflictos derivados del flagelo del consumo y distribución de droga, y de la alarmante circulación de armas
La motivaciones de cada uno de los hechos tiene sus particularidades, incluso pueden convivir causas múltiples. Pero es insoslayable que en muchos de los casos descriptos surgieron a partir de conflictos derivados del flagelo del consumo y distribución de droga, y de la alarmante circulación de armas. Sus devastadores efectos sobre los jóvenes repercute directamente en familias enteras que quedan atravesadas por el drama. Al mismo tiempo esa violencia urbana siembra terror entre ciudadanos y familias, que se ven obligados a modificar conductas cotidianas para sobrevivir a las recurrentes balaceras o ataques armados.
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