viernes 25 de septiembre de 2020
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Qué otros animales silvestres quedan atrapados en el dilema del carpincho Pancho

El cardenal amarillo, los monos carayá y los loros -entre muchas otras especies- han sido atrapados para ser vendidos como mascotas y todavía se dan casos aislados. Los historias de cómo los capturan y cuáles son los más amenazados.

La historia del carpincho Pancho, que contaron Luis Mino e Ignacio Laurenti en Aire de Santa Fe, se replicó, “refritó” y copió en casi todos los medios importantes de la Argentina y hasta la tradujeron al inglés en Australia. Millones de personas se conmovieron con el profundo lazo que construyó una niña de ocho años y su familia con el roedor más grande del mundo.

Por eso es probable que sientan la misma empatía al conocer las historias de los animales silvestres que durante décadas fueron arrancados de sus ambientes naturales para convertirse en mascotas. Los monos carayá, el cardenal amarillo, distintas especies de loros y hasta los flamencos son ejemplos de fauna silvestre que quedó atrapada en el mismo dilema que el carpincho Pancho.

Carpincho Pancho
El carpincho Pancho hace cinco años que vive con una familia de barrio San Martín.

El carpincho Pancho hace cinco años que vive con una familia de barrio San Martín.

En una entrevista con Aire Digital, Bernardo Lartigau, integrante de la Fundación Vida Silvestre (participa en los programa Paisajes Terrestres y Áreas Naturales Protegidas), advirtió sobre la crítica situación del cardenal amarillo, un pájaro típico de la región del espinal y de otras zonas de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil que está en peligro de extinción según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

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Al macho del cardenal amarillo le juega en contra su pinta y su canto melodioso, que lo ha convertido en una especie de ave preciada como mascota. También que es pájaro muy territorial. “Lo cazan fácil porque no tolera la presencia de otro macho en su zona. Entonces, los captores llevan otro pájaro y cuando lo escucha enseguida viene a pelearlo y lo atrapan con redes y trampas con pegamento”, contó Lartigau.

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El cardenal amarillo está “en peligro de extinción”, según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

El cardenal amarillo está “en peligro de extinción”, según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

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Lo que viene después es todavía más triste. El especialista de la Fundación Vida Silvestre asegura que cada diez pájaros que capturan se mueren nueve. “Los hacinan en cajas de maderas y jaulas. Con el estrés se golpean, se pelean y se lastiman. Recuerdo el caso de un cargamento ilegal de 300 cardenales copete rojo que venía de Santa Fe. Lo secuestró la policía en la provincia de Buenos Aires y los llevaron a un jaula grande de un centro de recuperación, con árboles y todo. A pesar de que los cuidaron, apenas sobrevivieron 30 que finalmente pudieron ser liberados”, recordó.

¿Quiénes los cazan? Hay estructuras de tráfico ilegal de fauna más sofisticadas pero en muchos casos son pobladores locales -en una situación económica vulnerable- que los apresan por paquetes de yerba, fideos o por muy poco dinero. “Eso tampoco ayuda porque tienen que capturar muchos para que les rinda”, insistió Lartigau.

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El mono carayá -“aulladores”- es otro animal silvestre que ha tenido destino de mascota (en una época los vendían en las banquinas de las rutas). En el noreste de Santa Fe todavía quedan algunas poblaciones en las islas del humedal Jaaukanigás. “Hay tres amenazas para la especie: la deforestación, que elimina su hábitat, las epidemias de fiebre amarilla que arrasan sus poblaciones y también el mascotismo, que hay que desanimar”, coincide el biólogo Gustavo Rotta, que hizo su tesis de doctorado en Ciencias Naturales sobre monos carayá.

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Las historias de cómo los capturan también son crueles. A veces es necesario derribar un árbol para poder atraparlos y enfrentar a palazos -en una lucha desigual- al macho dominante que tiende a defender al grupo. Los especialistas en fauna aseguran que hace unos años era mucho más frecuente la captura de monos -que es ilegal, como el resto de la fauna silvestre- y que ahora hay más conciencia entre la gente en que no son mascotas, pero todavía siguen detectando casos.

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Hay poblaciones de monos carayá en el humedal Jaaukanigás, en el noreste de la provincia de Santa Fe.

Hay poblaciones de monos carayá en el humedal Jaaukanigás, en el noreste de la provincia de Santa Fe.

Hay otra elegante ave que también ha sufrido por las capturas ilegales: los flamencos rosados que se pueden ver muy cerca de Santa Fe (en la laguna Añapiré). Rodrigo Lorenzón, doctor en Ciencias Biológicas, y Adolfo Beltzer, investigador del Conicet y jefe de Ecología de Aves Acuáticas (Laboratorio de Biodiversidad UNL), le explicaron a Aire Digital que son codiciadas como aves ornamentales para parques y residencias. Los biólogos cuentan que a los flamencos los cazan y los transportan en jaulas, en las que los obligan a doblar sus largas patas hasta que quedan casi arrodillados.

“Esto suele provocarles parálisis, de acuerdo al tiempo de traslado, y muchas veces no vuelven a caminar. En estos casos, los traficantes los abandonan y los condenan a una agonía que termina en muerte por inanición”, aseguran Lorenzón y Beltzer.

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La comunidad de flamencos que se puede observar en la laguna Añapiré, cerca de Campo Andino.

La comunidad de flamencos que se puede observar en la laguna Añapiré, cerca de Campo Andino.

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Hace unos días, cuando explotó la historia del carpincho Pancho en barrio San Martín, Alejandro Larriera, profesor de manejo de Fauna y Flora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y miembro de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), recordó que la captura, la tenencia y la comercialización de animales silvestres es ilegal y contraria a la ley de fauna de la provincia de Santa Fe (4.830), la ley nacional de fauna (22.421) y la ley de medio ambiente (11.717).

Es que el “mascotismo” y el tráfico furtivo ha sido y todavía es una amenaza para los animales silvestres en la Argentina y una causa importante de la pérdida de poblaciones.

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