Hace pocos días, la noticia sobre el hallazgo de microplásticos en pulmones de seres humanos impactó, pero no sorprendió, a la comunidad científica internacional. Ya se conocían otros estudios sobre la presencia de estas diminutas partículas en el tracto digestivo y en el torrente sanguíneo humano, y son abundantes las referencias sobre ingesta de este material por parte de numerosas especies animales, más que nada peces, tanto en los océanos como en los principales cursos de agua del mundo, incluido el río Paraná.
¿Qué es el microplástico? Son pequeños fragmentos de plásticos menores a cinco milímetros que “o bien se fabricaron con ese tamaño para ser empleados en productos de limpieza e higiene, o bien se fragmentaron de un plástico mayor como botellas, bolsas o envases”, según la definición de Fundeu. Al ser un material artificial no desaparece ni se biodegrada. Se rompe en pedazos cada vez más pequeños, hasta colonizarlo todo.
Cuántas toneladas de plástico se vierten en los océanos
Se estima que cada año se vierten unas 8 millones de toneladas de plástico en los océanos y, si esta tendencia no cambia, para 2050 habrá más plástico que peces en el océano. Estudios científicos de diferentes universidades encontraron que el 99% de las aves marinas han ingerido plásticos bajo alguna de sus formas.
En Argentina, según un informe reciente de la Cámara Argentina de la Industria Plástica (CAIP), el consumo per cápita de plástico en el país es de alrededor de 41,9 kilos por año. Este consumo se explica sobre todo por los envases y embalajes, que representan el 45,5% del total. Los otros rubros con más participación son: la construcción con el 13%, la industria eléctrica y electrónica con el 10%, la industria automotriz con el 8%, el agro con el 4%, muebles y decoración con el 3,5%.
Un problema creciente tiene que ver con el uso y abuso de lo que se llama “plástico de un solo uso”: aquellos envases, botellas, envoltorios, accesorios (cubiertos, sorbetes, bandejitas, etc) que se usan una sola vez y luego se tiran, en el mejor de los casos como residuos en un lugar asignado para tal fin.
La ecuación energética entre lo que costó fabricar ese elemento de plástico y su utilidad es tan negativa que no siquiera entra en discusión. La gran mayoría de las veces, además, se trata de elementos fácilmente reemplazables por otros que se pueden volver a usar previo lavado. Se estima que la mitad de los residuos plásticos del mundo son “de un solo uso”.
Microplásticos en el agua, en la tierra y en el aire
Si bien, hasta ahora, la lupa estaba puesta sobre todo en los océanos, los suelos de uso agropecuario también están contaminados con esas micropartículas, lo que pone en riesgo tanto la seguridad de los alimentos como a la propia naturaleza. Así se desprende del informe “Evaluación de los plásticos agrícolas y su sostenibilidad: un llamado a la acción”, difundido a principios de este año por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Sin embargo, fue una información conocida en las últimas semanas la que más impacto generó a nivel global: un estudio de la Universidad de Hull (Reino Unido) encontró 39 tipos de microplásticos en muestras de tejido pulmonar de humanos, lo que sugiere que los microplásticos no sólo se pueden ingerir, sino también inhalar.
Si bien aún no hay evidencias claras sobre los impactos en la salud de la inhalación de microplásticos, si se sabe que las partículas de contaminación del aire causan muchos y graves problemas de salud.
Los peces del Paraná ya están contaminados con microplásticos
La crisis socioambiental que significa la presencia de microplásticos en la naturaleza tiene su capítulo local. Según estudios llevados adelante durante los últimos años por científicos del Instituto Nacional de Limnología (Conicet/UNL), liderados por Martín Blettler (del laboratorio de Hidro-ecología del Inali), se encontraron restos de microplásticos en ejemplares de sábalos, rayas y armados que fueron estudiados en la zona cercana a las ciudades de Santa Fe y de Paraná.
Los científicos encontraron restos de este material en los aparatos digestivos de esas especies, que pueden haber sido ingeridos a través del agua, del sedimento o de otros peces usados como alimentos. El tipo de material más frecuente que apareció fueron fibras provenientes fundamentalmente, suponen los investigadores, de prendas de vestir que pasaron por el lavarropas y dejaron su rastro de microplásticos en el agua que se va con el lavado.





