martes 14 de julio de 2020
Gritos de la Tierra | Agroquímicos | Salud | Argentina

El debate sobre el glifosato abre la puerta a la discusión sobre el modelo agroindustrial argentino

La compañía Bayer anunció un multimillonario acuerdo para cerrar en Estados Unidos los juicios por el uso del herbicida.

La decisión del gigante de la química Bayer de desembolsar 10.900 millones de dólares para ponerle fin a miles de demandas judiciales en Estados Unidos por el efecto supuestamente cancerígeno del glifosato estalló como una bomba legal con impredecibles consecuencias sobre el modelo agroindustrial argentino, muy atado al uso de agroquímicos.

La polémica global por el uso y los efectos sobre la salud del glifosato, el herbicida más utilizado a nivel global, tuvo un giro drástico en el año 2015, cuando la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) que depende de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que se trataba de un producto “probablemente cancerígeno”. En Argentina, su uso está muy extendido aunque no existen estadísticas oficiales sobre la cantidad que se comercializa y aplica.

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Símbolo de lucha de las organizaciones ambientalistas que suelen ubicarlo como emblema de una forma de producir que -como suele repetir la multisectorial Paren de fumigarnos- “enferma y envenena”, el polémico herbicida puede servir como disparador para un debate más profundo: la sustentabilidad del modelo agroindustrial argentino.

Cronología

El glifosato es el componente principal del RoundUp, el herbicida originalmente desarrollado por Monsanto que más se utiliza en la agroindustria argentina. Su desembarco en el país fue a mediados de la década de los ’90 cuando Felipe Solá, entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, autorizó el uso de semillas modificadas genéticamente.

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Los herbicidas en base a glifosato son los más utilizados para controlar las malezas que compiten con la soja.

Los herbicidas en base a glifosato son los más utilizados para controlar las malezas que compiten con la soja.

El paquete tecnológico, que incluye la siembra directa como método de labranza, fue incorporado en masa por los productores agropecuarios locales durante el cambio de siglo y en la primera década de los 2000, cuando el precio de la soja trepó a la estratósfera (600 dólares la tonelada contra 225 en la actualidad) y el monocultivo de esa oleaginosa modificó el paisaje productivo de la zona núcleo agropecuaria, cuyo corazón comercial y operativo es Rosario y las decenas de puertos exportadores desplegados sobre la orilla del río Paraná.

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Desde ese momento hasta ahora, una multiplicidad de trabajos académicos han advertido sobre los efectos negativos de ese producto sobre la biodiversidad y la salud humana. "Entre 1980 y 2019 se publicaron en todo el mundo más de 1.200 trabajos que demuestran, de distintas formas y con distintos organismos, la toxicidad del glifosato", explicó Rafael Lajmanovich, profesor de ecotoxicología en la facultad de Bioquímica de la Universidad Nacional del Litoral e investigador del Conicet.

Según el especialista, el multimillonario acuerdo anunciado por la multinacional de origen alemán “supone un reconocimiento tácito a lo que la ciencia independiente de gran parte del mundo lleva diciendo desde hace muchos años: el potencial carcinogénico que tienen los formulados comerciales del glifosato".

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Durante los últimos años, en Santa Fe y otras provincias agrícolas se multiplicaron los reclamos contra el uso de herbicidas y plaguicidas.

Durante los últimos años, en Santa Fe y otras provincias agrícolas se multiplicaron los reclamos contra el uso de herbicidas y plaguicidas.

Modelo para armar

Luis Carrancio es el director de la estación experimental que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) tiene en Oliveros, en el sur de Santa Fe. “Quedarse en ‘glifosato si o glifosato no’ es una simplificación demasiado extrema de lo que hay que discutir, que es todo el modelo agrario”, explicó, para agregar que las discusiones en torno al uso de agroquímicos “han sido inconducentes ya que hay dos posturas extremas: para muchos ambientalistas los productores son asesinos, y para muchos productores los ambientalistas son unos locos irracionales”.

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Para el experto el arreglo anunciado por Bayer es algo “comercial” que busca reparar un daño hecho por “publicidad maliciosa” pero no cambia la peligrosidad del producto. “Nuestro sistema productivo requiere una revisión más allá del glifosato, o Monsanto o cualquier juicio. Otros aspectos como el monocultivo, la degradación de los suelos, la pérdida de materia orgánica y de nutrientes, la falta de creación de mano de obra rural, la falta de valor agregado, todos esos son problemas sistémicos que arrastramos desde hace años y que van más allá del uso de agroquímicos”, explicó Carrancio.

Una enorme batalla legal

Con el anuncio de este acuerdo, Bayer busca ponerle fin a decenas de miles de demandas que se multiplicaron en los últimos años en los tribunales estadounidenses. La compañía de origen alemán estima que la oferta cubre al 75% de los actuales demandantes (alrededor de 125 mil) y al 95% de los que todavía no llegaron a la instancia de un juicio.

La polémica por el uso de ese herbicida también está fuertemente instalada en Europa, donde países como Austria han prohibido su uso mientras que otros como Francia y Bélgica avanzan en restricciones.

¿Puede el anuncio de este acuerdo tener influencia en los juicios que existen sobre esta problemática en Argentina? Para Lajmanovich, este arreglo “podrá ser usado como argumento en la decena de causas judiciales abiertas en Argentina por el impacto de los agroquímicos en las poblaciones, en especial el glifosato”, aunque no cree que eso signifique que se cuestione el actual modelo de producción “en donde el glifosato juega un papel principal”. “Lamentablemente, no en Argentina a corto plazo, pero el acuerdo puede dar mucha fuerza a las organizaciones sociales, a los movimientos de vecinos y a los abogados inmersos en demandas por el uso de este pesticida”, dijo Lejmanovich a la agencia DW.

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