Por Rodrigo Álvarez (*)
Videojuegos, teléfonos celulares y crianza digital: lo que toda familia necesita saber
Los videojuegos, en computadoras, consolas de juego o teléfonos celulares dan lugar a una experiencia valiosa, pero con riesgos.
Los videojuegos, en computadoras, consolas de juego o teléfonos celulares dan lugar a una experiencia valiosa, pero con riesgos.
Por Rodrigo Álvarez (*)
Soy de los que creen que los videojuegos pueden ser una experiencia valiosa: desarrollan coordinación, creatividad, resolución de problemas, idiomas, incluso trabajo en equipo. También sé, por mi trabajo, que si no hay acompañamiento adulto y buena configuración, las mismas puertas que abren juego y aprendizaje pueden abrir riesgos: grooming, chantaje sexual, acoso, captación para comunidades tóxicas o extremistas.
La clave no es el pánico moral; es alfabetización digital, reglas claras y controles bien puestos.
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El juego online favorece habilidades socio-cognitivas, pensamiento estratégico y colaboración. El “pero” no está en el juego en sí, sino en tres vacíos que son justo los que aprovechan los acosadores:
Con ingeniería social. Buscan espacios donde hay chicos, se camuflan como pares, ganan confianza, trasladan la conversación a mensajerías externas, piden contenido íntimo, luego extorsionan.
La investigación internacional viene documentando estos patrones y alertando que los entornos de juego online son “semilleros” si no se gestionan los riesgos. UNICEF lo sintetiza: el gaming ofrece oportunidades, pero también riesgos en torno a grooming y explotación sexual, que requieren acciones concretas de diseño seguro y mediación adulta.
Roblox es masivo entre chicos. La empresa incorporó más herramientas para familias (controles parentales, límites de tiempo y gasto, restricciones de contenido, verificación de edad y 2FA), pero los incidentes y la presión regulatoria siguen: investigaciones, demandas y episodios de contenido dañino mantienen el debate sobre la eficacia de la moderación y la necesidad de que los controles vengan activos por defecto.
Mi posición es clara: Roblox no es “el problema” por definición. Es una plataforma con enormes posibilidades, si y solo si las cuentas están bien configuradas, los adultos acompañan y los chicos saben pedir ayuda.
(Los menús pueden actualizarse; estos son los pasos actuales de su ayuda oficial)
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Otros juegos también ofrecen controles: Fortnite/Epic, Minecraft, PlayStation, Xbox y Nintendo permiten configurar perfiles infantiles, límites de tiempo, filtros de chat y gasto.
Cuando damos un primer teléfono o consola, no entregamos “un juguete”, entregamos un espacio público con reglas. En el mundo físico enseñamos a cruzar la calle y a respetar señales; en lo digital, enseñamos a no compartir datos, no enviar imágenes íntimas, bloquear y denunciar, y a avisar a un adulto si algo incomoda. Ese acompañamiento no se terceriza: es nuestro rol.
No existe una “edad mágica”. La Academia Americana de Pediatría propone decidir por madurez y contexto; suele ubicarse entre 12 y 13 años para un smartphone personal, con plan familiar y normas claras.
La OMS es más estricta: nada de pantallas en menores de 2 años y menos de una hora al día en niños de hasta 5. Además, en 2024 alertó sobre el uso problemático de redes en adolescentes, que ya alcanza al 11%.
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Un estudio global de 2025 asoció tener un smartphone antes de los 13 con peores indicadores de salud mental en la adultez temprana. No prueba causalidad, pero sí marca una alerta: la exposición temprana y sin control aumenta los riesgos.
“Videojuegos, celulares y crianza digital: lo que todo padre necesita saber” no es solo un título, es una guía práctica. Los videojuegos no son el enemigo. El verdadero problema es la desinformación y la ausencia de adultos presentes.
Con alfabetización digital, controles bien configurados y diálogo constante, los chicos pueden disfrutar de los videojuegos como lo que son: un espacio de juego, aprendizaje y creatividad, sin quedar expuestos a quienes buscan lastimarlos. Las leyes y las plataformas deben mejorar, sí. Pero la primera línea de defensa empieza en casa.
(*) Especialista en Ciberseguridad
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