Beber agua es una de las acciones más simples y necesarias para mantener el cuerpo sano. Sin embargo, la famosa recomendación de “tomar ocho vasos por día” no siempre se ajusta a las verdaderas necesidades del organismo. Según la Mayo Clinic, la cantidad ideal varía en cada persona, dependiendo de factores como el clima, la salud y el nivel de actividad física.
El agua representa entre el 50% y el 70% del peso corporal y participa en casi todas las funciones vitales: ayuda a eliminar desechos, regula la temperatura, lubrica las articulaciones y protege órganos sensibles. Una leve deshidratación puede provocar cansancio, dificultad para concentrarse y hasta cambios de humor.
Cuánta agua hay que tomar al día
De acuerdo con las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, la cantidad de líquidos que se recomienda por día es:
Hombres: 3,7 litros (15,5 tazas)
Mujeres: 2,7 litros (11,5 tazas)
Estas cifras no incluyen solo agua pura: también cuentan otras bebidas y los alimentos con alto contenido de agua, como frutas y verduras, que aportan alrededor del 20% del total diario.
No beber suficiente agua al día podría afectar a tu concentración
El exceso de agua también puede ser perjudicial: el equilibrio es la clave para una buena salud.
Por qué el mito de los ocho vasos no siempre funciona
La regla de los ocho vasos se popularizó por su simplicidad, pero no se adapta a todos los cuerpos ni a todas las rutinas. Una persona que trabaja en oficina, por ejemplo, no necesita lo mismo que un atleta o alguien que vive en una zona de calor extremo.
Factores que pueden aumentar la necesidad de agua:
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Una deshidratación leve puede causar fatiga, dolor de cabeza y falta de concentración.
Cómo saber si estás bien hidratado
Hay dos señales simples que indican una buena hidratación:
Sentir sed muy pocas veces al día.
La orina es clara o de color amarillo pálido.
Por otro lado, el exceso también puede ser un problema. Beber demasiada agua puede provocar hiponatremia, una disminución peligrosa del sodio en sangre. Este cuadro suele afectar a deportistas que consumen grandes volúmenes de agua durante entrenamientos prolongados sin reponer electrolitos.