Ni correr rápido ni caminar: la técnica japonesa que ayuda a mejorar la resistencia y reducir el estrés

Esta técnica japonesa propone trotar a un ritmo cómodo y sostenible para trabajar la resistencia física sin convertir el ejercicio en una actividad agotadora.

El método japonés de ejercicio suave que ayuda a mejorar la resistencia y reducir el estrés.

El método japonés de ejercicio suave que ayuda a mejorar la resistencia y reducir el estrés.

El ejercicio no solo tiene efectos sobre el cuerpo. La actividad física también puede contribuir al bienestar psicológico, mejorar el estado de ánimo y ayudar a reducir el estrés. Dentro de esta perspectiva aparece una técnica japonesa que propone bajar la intensidad y prestar más atención a las sensaciones durante el movimiento.

Se trata del slow jogging, una modalidad de trote suave desarrollada y difundida por el profesor Hiroaki Tanaka, de la Universidad de Fukuoka. La propuesta parte de una idea sencilla: no hace falta correr a máxima velocidad para obtener los beneficios de la actividad aeróbica.

La técnica busca mantener un ritmo cómodo, en el que resulte posible sostener una conversación sin quedar completamente agitado. De esta manera, el ejercicio puede integrarse con mayor facilidad a la rutina y convertirse en una actividad sostenida en el tiempo.

El slow jogging combina trote suave y atención al movimiento

A diferencia del running convencional, el slow jogging no apunta a alcanzar una determinada velocidad ni a terminar la sesión exhausto. La intensidad debe permitir mantener un esfuerzo moderado y controlado.

La técnica también presta atención a la forma de desplazarse. El apoyo del pie se realiza aproximadamente en la zona media, mientras el cuerpo mantiene una postura relajada y un paso ligero.

Tanaka popularizó además una referencia de alrededor de 180 pasos por minuto, aunque esa cifra no debe interpretarse como una obligación universal. El ritmo adecuado depende de la condición física de cada persona y del objetivo de la sesión.

Uno de los aspectos centrales consiste en evitar que la intensidad impida disfrutar de la actividad. La posibilidad de mantener una conversación funciona como una referencia práctica para reconocer un ritmo cómodo.

Los beneficios del ejercicio aeróbico a intensidad moderada

Como otras actividades aeróbicas, el slow jogging puede contribuir a mejorar la resistencia cardiovascular cuando se practica de manera regular. El corazón y los pulmones trabajan durante el desplazamiento y, con el tiempo, el organismo puede adaptarse a ese esfuerzo.

El ejercicio también implica el trabajo de diferentes grupos musculares, principalmente de las piernas y la zona del tronco, además de exigir coordinación y control corporal.

Otra ventaja está relacionada con la posibilidad de sostener la actividad durante períodos prolongados. Al tratarse de un ejercicio menos exigente que las modalidades de running de alta intensidad, puede resultar una alternativa para quienes buscan incorporar más movimiento sin comenzar directamente con entrenamientos demandantes.

De todos modos, el gasto energético depende de variables como la velocidad, el tiempo de ejercicio, el peso corporal y la condición física. Por eso, no existe una cantidad de calorías que pueda atribuirse de manera general a todas las personas.

El slow jogging también puede realizarse con una atención especial a la respiración y a las sensaciones corporales. Mantener un ritmo estable permite concentrarse en el movimiento, la respiración y el entorno, en lugar de convertir la sesión únicamente en una búsqueda de velocidad.

Esta característica hace que algunas personas lo describan como una especie de “meditación en movimiento”, aunque se trata de una comparación y no de una definición médica de la técnica.

La actividad física regular, en términos generales, se relaciona con beneficios sobre el estado de ánimo y el manejo del estrés. En ese sentido, una práctica de intensidad moderada puede convertirse en una herramienta más dentro de una rutina orientada al bienestar integral.

El slow jogging propone trotar a un ritmo cómodo que permita sostener el ejercicio sin llegar al agotamiento.

El slow jogging propone trotar a un ritmo cómodo que permita sostener el ejercicio sin llegar al agotamiento.

Cómo incorporar el slow jogging a una rutina

El tiempo de práctica puede adaptarse al nivel de cada persona. Para quienes tienen poca experiencia con el ejercicio, comenzar con períodos cortos y alternarlos con caminatas puede facilitar la adaptación.

Una vez que el cuerpo se acostumbra al movimiento, la duración puede aumentar de manera progresiva. No resulta necesario completar una sesión extensa desde el comienzo: dividir la actividad en varios períodos durante el día también puede facilitar su incorporación a la rutina.

La clave está en conservar un ritmo que permita mantener el control de la respiración y evitar el agotamiento excesivo. Ante dolor, mareos o cualquier síntoma inusual, conviene detener la actividad y consultar con un profesional de la salud.

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