El alimento, desde la panza de mama, lo asociamos a un lugar de seguridad, apego y amor, por esta razón a medida que vamos creciendo y no tenemos a disposición herramientas adecuadas para canalizar nuestras emociones, el alimento se vuelve un recurso ideal para hacerlo, debido a que es de fácil acceso, conocido, placentero y de seguridad.
Todos, absolutamente todos, tenemos una misión y un propósito en este mundo, algunos debido a que de manera innata conectan desde pequeños con su sentido de ser, a otros les lleva más tiempo y experiencias lograrlo, cuando hay muchas personas que tal vez nunca lo consigan. Es en estos casos, donde la persona se encuentra desconectada de sí misma, de sus pasiones, sus talentos, sus fortalezas, sus placeres, cuando se produce una perdida de identidad, existiendo de manera automática, complaciendo al sistema y al entorno con la manera de ser que “debería ser”.
De esta manera, la alimentación pasa a cumplir un rol de “vía de escape” canalizando en ella todo el estrés y la angustia de tener que sostener una vida sin pasiones y placeres, o de “llenar vacíos” esos famosos vacíos existenciales que se presentan en este tipo de personas que no conectan o encuentran el sentido a su vida
El problema no se encuentra en la alimentación, sino que es necesario realizar un análisis de la vida de la persona, intentando detectar los factores que influyeron e influyen en esta incoherencia entre su verdadera esencia y la “mascara” que pone ante el mundo. Cuando se logra derribar ese muro, y puede comenzar a conectar con sus verdaderas necesidades y con su manera de ser, el apego a los alimentos va disminuyendo hasta desaparecer; y es allí cuando se logra comenzar a formar una relación más amorosa y sana con la alimentación.
Lic. Sofia Karlé
Alimentación y Nutrición Holística e Integral
MP1698
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