El potus es esa planta infaltable en los hogares argentinos: fácil de cuidar, resistente y siempre verde. Pero aunque parezca indestructible, también puede sufrir si se queda sin espacio en la maceta.
Cuando las raíces ya no entran, la planta empieza a dar señales claras de que necesita un cambio urgente. Si no la trasplantás a tiempo, puede dejar de crecer o, en el peor de los casos, marchitarse.
El potus es la planta más común en las casas de la Argentina.
Las señales de alerta: cómo saber si tu potus pide auxilio
Raíces que salen por los agujeros de la maceta: Si ves raíces asomando por abajo, es una señal clarísima de que ya no tiene espacio.
El agua pasa de largo: Si regás y el agua sale enseguida sin mojar bien la tierra, es porque casi todo es raíz y no hay sustrato suficiente.
Dejó de crecer: Si tu potus no saca hojas nuevas hace meses, probablemente esté “apretado” y sin nutrientes.
Hojas amarillas o caídas: No siempre es falta de riego; muchas veces es estrés por falta de espacio.
La tierra se seca demasiado rápido: Cuantas más raíces hay, menos tierra queda para retener humedad.
La maceta se deforma: En macetas plásticas, es común que las raíces empujen y la maceta se vea “hinchada”.
¿Cada cuánto hay que trasplantar el potus?
En general, el potus necesita trasplante cada 1 o 2 años, dependiendo de qué tan rápido crezca. En la Argentina, lo ideal es hacerlo en otoño o primavera, cuando la planta no está bajo el estrés del calor o el frío extremo.
Paso a paso: cómo trasplantar tu potus y no fallar en el intento
Elegí una maceta apenas más grande: Solo 3 a 5 cm más que la anterior.
Asegurate de que tenga agujeros de drenaje.
Usá un sustrato liviano: Mezcla de tierra con perlita o arena.
Sacá el potus con cuidado y aflojá un poco las raíces.