Mientras dormimos, el cuerpo elimina sudor, células muertas y restos de cremas o productos que usamos en la piel y el pelo. Todo eso queda en las sábanas y, con el tiempo, puede atraer ácaros y bacterias.
Sin embargo, los expertos explican que estos microorganismos no se multiplican de manera significativa en solo una semana, así que cambiar la ropa de cama tan seguido puede ser excesivo en la mayoría de los casos.
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¿Cuál es la frecuencia recomendada?
En condiciones normales, lo ideal es cambiar las sábanas cada dos semanas. Ese plazo es suficiente para mantener la higiene y garantizar un descanso saludable. Solo en situaciones especiales —como si alguien tiene alergias, suda mucho o está enfermo— conviene reducir ese período a una semana.
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Los especialistas recomiendan hacer un cambio regular de las sábanas para evitar ácaros.
Factores que influyen en la frecuencia
No todos los hogares ni todas las personas son iguales. La época del año, los hábitos personales y el entorno también juegan su papel.
- En verano, cuando el calor y la transpiración aumentan, puede ser conveniente renovarlas más seguido.
- En invierno, cuando el contacto con el sudor es menor, se puede estirar un poco más el cambio.
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Consejos para mantener las sábanas limpias por más tiempo
- Ventilar la habitación todos los días.
- No acostarse con ropa de calle.
- Darse una ducha antes de dormir en días de mucho calor.
- Sacudir la cama por la mañana para eliminar el polvo.
La clave está en adaptar la rutina a las necesidades de cada uno y no obsesionarse con reglas fijas. Así, se puede disfrutar de una cama limpia y cómoda sin caer en excesos.