La muerte de Juan Carlos Velázquez, recordado por su personaje de “El Mini” en Duro de Domar, generó una profunda conmoción en el ambiente televisivo. El actor tenía 64 años y falleció tras sufrir un infarto, luego de complicaciones derivadas de una neumonía.
En medio de los homenajes, salió a la luz un dato poco conocido sobre su vida personal, revelado por colegas que compartieron años de trabajo con él.
Juan Carlos Velázquez y su faceta fuera de la televisión
Uno de los primeros en recordarlo fue Gustavo Noriega, quien contó una anécdota que sorprendió incluso a muchos seguidores del programa.
Según relató el crítico de cine, Velázquez era evangelista y solía hablar de espiritualidad con sus compañeros en los tiempos libres entre grabaciones. La particularidad era que lo hacía sin dejar su caracterización como “El Mini”, incluso cuando estaba disfrazado de distintos personajes.
El recuerdo fue compartido en redes sociales y rápidamente se volvió viral, mostrando una faceta desconocida del humorista, muy distinta a la que exponía frente a cámara.
juan carlos velzquez
Gustavo Noriega recordó a Juan Carlos Velázquez, el "Mini" de "Duro de domar".
Otro de los mensajes más emotivos fue el de Roberto Pettinato, conductor histórico de Duro de Domar, quien despidió a Velázquez con palabras de afecto y gratitud.
Pettinato destacó el vínculo personal que tenían y recordó las largas charlas que compartían, además del aporte humorístico que “El Mini” le dio al programa durante años.
De qué murió Juan Carlos Velázquez, “El Mini” de Duro de Domar
Según se informó, el actor había atravesado problemas de salud previos. En 2024 había sido internado de urgencia tras una descompensación provocada por una infección respiratoria.
Esa situación se agravó con el tiempo y derivó en una neumonía, que finalmente desencadenó el infarto que provocó su fallecimiento.
El paso de Juan Carlos Velázquez por la televisión argentina dejó una marca imborrable. A través del “Mini”, se convirtió en uno de los personajes más recordados del humor político y mediático, con su clásico latiguillo y sus irrupciones inesperadas en el piso del programa.
Hoy, además de su legado artístico, sus colegas rescatan su costado humano, espiritual y solidario, una dimensión que hasta ahora pocos conocían.